Cannes

«Vivimos en un tiempo complejo, con el genocidio en Gaza», desde su primera intervención, el guionista de Ken Loach, el británico Paul Laverty, dejó claro que este jurado no iba a mirar para otro lado, como ocurrió el pasado mes de febrero en la Berlinale. Allí, Wim Wenders, al frente de ese jurado, dijo que dejaran de preguntar por política, puesto que el cine, según explicó, no debería serlo. La pregunta, precisamente, fue por la no condena de este genocidio por parte del festival alemán.

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Es cierto que Cannes tampoco ha condenado explícitamente los bombardeos del ejército israelí sobre la población palestina, pero aquí la gente sí ha podido hablar en las entrevistas o en las ruedas de prensa abiertamente e incluso lucir la bandera palestina en las solapas de las chaquetas o los vestidos. Cannes, decía ayer Thierry Frémaux, su director, siempre ha sido político. Hablan las películas seleccionadas y los artistas que las hacen. Y así lo ha asegurado también el jurado de esta edición.

«Cannes tiene un maravilloso póster», decía en referencia a la imagen del festival este año de la película Thelma y Louise. Es sorprendente ver cómo algunos de ellos ,como Susan Sarandon, Javier Bardem o Mark Ruffalo, han sido vetados por sus opiniones en contra del asesinato de mujeres y niños en Gaza y puestos en listas negras. ¡Qué vergüenza que Hollywood haga esto. Desde aquí, expreso mi respeto y total solidaridad. Son lo mejor de nosotros y les deseo lo mejor», añadía Laverty en referencia a esas informaciones que señalaban que Paramount habría elaborado una lista de estrellas con las que no trabajar por su apoyo a la causa palestina.

No solo Paul Laverty, que ha firmado dos películas ganadoras aquí de la Palma de Oro, El viento que agita la cebada y Yo, Daniel Blake, tenía esta opinión. También el resto del jurado, más comedido, ha hablado explícitamente de cómo el cine puede y debe ser político. Lo hacía, a su manera, la actriz Demi Moore, que ha vuelto a Cannes después del éxito hace dos ediciones de La Sustancia. «Una parte importante del arte tiene que ver con la expresión, así que si empezamos a censurarnos a nosotros mismos, entonces cerramos el núcleo mismo de nuestra creatividad, que es donde podemos descubrir la verdad y las respuestas».

En esa misma línea estaba el presidente del jurado, el director coreano Park Chan-Wook, autor de películas como Oldboy o La doncella. «No creo que la política y el arte deban separarse… y solo porque una película no esté haciendo una declaración política no significa que deba ser desestimada… No creo que el arte y la política estén en conflicto entre sí».

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Junto a ellos, en el jurado están también el cineasta chileno, Diego Céspedes, que también ha demostrado su compromiso artístico y político. También la actriz Ruth Negga, la directora belga Laura Wandel, Isaach de Bankolé, la ganadora del Oscar Chloé Zhao y el actor sueco Stellan Skarsgaard. “Etimológicamente, política proviene de Politis, que significa los asuntos del pueblo. Y el cine solo puede hablar de eso, de lo contrario, no sería humano”, concluyó el actor Isaac de Bankolé.

Otro de los temas ha sido la inteligencia artificial y cómo puede afectar al cine. La estrella estadounidense Demi Moore enfatizaba que «No deberíamos tenerle miedo. El arte nace del alma. La IA nunca podrá reproducir eso». También en eso iba un paso más allá Laverty: «¿Quiénes son los dueños de las empresas tecnológicas? Los ricos dueños de la IA toman las decisiones, pensando que el resto del mundo los seguirá».