Jon Rahm afronta por décima vez el PGA Championship, el grande que peor resultados ha cosechado y el único que se resiste al golf español, lo que no deja de ser el primero de los alicientes para el de Barrika, siempre enfrascado en querer dejar su estigma en cosas únicas. Apareció con la pulsera que uno de sus hijos Kepa, el mayor, le había hecho la víspera y en la que se lee «Aita» (Padre), aunque no sabe si jugará con ella «porque tiene mucho color»

El doble ganador de Majors no ocultó su deseo de completar el Grand Slam español. «Significa mucho. Estadísticamente, por alguna razón, es nuestro peor desempeño en todos los torneos importantes. Incluso Olazábal y Sergio han tenido bastantes oportunidades en el British. Sergio y Seve en el US Open… Pero la PGA me recordó el año pasado que, por alguna razón, no hemos rendido al máximo», apuntó. 

«No sé por qué», dijo «pero es algo que tengo en mente, obviamente, al quedarme con un torneo. Sería maravilloso cerrar el Grand Slam. Si bien cada grande es extremadamente especial en ese sentido, unirlo todo con las grandes figuras del pasado de España sería algo único».

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En vísperas de la cita de Aronimink, en Pensilvania, el español habló de la ambición. «Una de las primeras cosas que le dije a Adam (Hayes, su caddie) antes de empezar a trabajar juntos fue: «Cada decisión que tomemos en el campo de golf debe ser para ganar. Si tenemos la oportunidad de ganar a falta de cuatro hoyos, voy a intentar aprovecharla. Me da igual quedar segundo o décimo. El objetivo es ganar». Y básicamente se lo digo a todos los que forman parte de mi equipo. Mi objetivo es ser un competidor ante todo, y quiero ganar».

Pero al mismo tiempo recordó que practica «un deporte donde el jugador con más victorias de la historia ganó el 30% de las veces. Así que, en teoría, comparado con otros deportes, no es tan frecuente. Creo que hay que ganar cada día en todo lo que se hace. A veces, un quinto puesto puede ser una muy buena semana. Hay que valorar las victorias de otra manera. No todas significan levantar un trofeo. En mi mejor momento alcancé un porcentaje de victorias del 10%, lo cual, por suerte, ha sido suficiente para ganar prácticamente todos los años que he jugado, salvo uno, y debería considerarme muy afortunado de poder lograrlo».

Dijo no arrepentirse de haber fichado por el LIV «porque no hay nada de qué hacerlo. Si los términos cambian después, como sucedió con LIV, donde las cosas cambiaron un poco, es algo secundario, no un problema derivado de la decisión inicial». Y también de las consecuencias que ha supuesto en el ránking mundial. «Los jugadores solemos tener una idea bastante clara de nuestra posición. No necesito necesariamente una clasificación para saber dónde estoy o dónde me siento».

Un periodista le sorprendió y le dijo que gobernaba en las estadísticas de los pares 3 en el PGA en los últimos 10 años. Y le cambió la cara. «No hago nada especial. Es verdad que en algunos hoyos puedes tener la atracción de ir a por la bandera. Pero ahí se acaba. No hay una estrategia especial».

Y después de 38 grandes, se ve como un veterano comparado con los españoles que le rodean David Puig (24 años) y Ángel Ayora (21).  «Con Ángel no sé si he hablado. Y si lo he hecho ha sido muy poco tiempo. Me gustaría jugar con él, pero no tengo su número. David es casi como un hermano pequeño, entrenamos, vamos al gimnasio y viajamos juntos. Es un gran jugador y me alegro de todo lo bueno que le pasa».