Lleva tres semanas rodando una serie en Bilbao de la que no puede soltar prenda. Unax Ugalde (Vitoria, 47 años) suma a su ajetreo como … actor los cinco locales de copas madrileños que, alaba, le han proporcionado estabilidad económica y emocional. En ‘La ventana abierta’, thriller de Ana Graciani, a concurso en FANT, encarna a un hombre que viaja a un pueblo de la costa gaditana para encontrarse con la mujer de la que se ha enamorado en internet.

–¿Es usted tan racional y metódico como su personaje? ¿También duerme con pijama como él?

–Por suerte o por desgracia soy más loco. Con la paternidad intento disfrutar del poco tiempo libre que tengo. Los niños no te permiten ser metódico, es el día a día. Y jamás me he comprado un pijama ni un peine.

–¿Cree que funciona eso de los amores on-line?

–La gran suerte que tuvo mi generación es que no existían las redes sociales. Pudimos disfrutar del contacto real, de la verdad, crecer libres. La comunicación a través de las pantallas es algo negativo para una sociedad.

–Nosotros ya hemos despertado del sueño de internet, pero tememos por nuestros hijos.

–Yo les tengo muy limitadas las pantallas. Mi hijo mayor tiene ocho años y ya hay compañeros suyos con móvil. Los padres creen que así les van a dar más seguridad, que van a tener controlado al niño. Yo pienso que la tecnología plantea más inquietud que tranquilidad.

Unax Ugalde y Adriana Camarena en 'La ventana abierta'.

Unax Ugalde y Adriana Camarena en ‘La ventana abierta’.

–¿Se acuerda la primera vez que se puso delante de una cámara?

–’Báilame el agua’, año 2000. Recuerdo agarrar las manos de Pilar López de Ayala y cómo nos temblaban. «Vamos a hacer nuestra primera película y estamos de protagonistas», me dijo. Nos echamos a llorar de la emoción.

–¿Pensaba entonces que el cine iba a ser su vida?

–No. Cuatro años antes había empezado a estudiar Interpretación en la Escuela de Basauri. Se cumplen 30 años. Mis padres me dejaban probar pero al año siguiente iba a estudiar Ciencias del Mar en Las Palmas. Entonces me declaré insumiso y empecé en ‘A las once en casa’. Gracias a la matrícula del Antzoki me libré de la cárcel.

–¿Y se acuerda de la primera vez que salió al extranjero a currar?

–’Rosario Tijeras’ (2005). Cuatro meses en Medellín. Era jovencito y me parecía una aventura maravillosa. Marcó un antes y un después en mi carrera y en mi vida, me cambiaron muchos conceptos en la cabeza.

–Fue pionero en irse fuera.

–Yo tenía muchas ofertas de series en España. Mira, ahora anhelo hacer segundas temporadas, algo que no he conseguido en treinta años. Persigo la estabilidad, algo facilito; para mí, Bilbao ya está muy lejos de Madrid. Pero entonces quería crecer, conocer otras maneras de rodar. Me llegaban muchas ofertas porque hice tres pelis seguidas en Colombia y se pensaban que era colombiano. Después me tocó currar en Inglaterra, Italia… Viajar es muy enriquecedor, porque te acomodas si trabajas siempre con la misma gente.

–Le recuerdo cinco actores con los que ha trabajado: Javier Bardem en ‘Los fantasmas de Goya’ y ‘El amor en los tiempos del cólera’.

–Un referente absoluto a nivel artístico y éticamente en la vida. Un grandísimo compañero con el que compartí personaje en ‘El amor…’, con profesores de movimiento, de acento… Un regalo que te da la vida.

–Viggo Mortensen.

–Mi padrino en ‘Alatriste’. Sé que vive por Madrid pero le he perdido la pista. Recorrimos España durante cuatro meses y se volcó en mí.

–Rutger Hauer en el ‘Drácula 3D’ de Dario Argento.

–Desayunábamos en un castillo del Piamonte antes de rodar en otro castillo, el de Montalto Dora. Era muy hablador y me contó muchas anécdotas de rodajes. Una bonita amistad.

–Benicio del Toro (‘Che, el argentino’).

–Coincidimos en Puerto Rico y México. Yo era Vaquerito, el guerrillero favorito del Che. Cuando vuelve por Madrid de vez en cuando nos vemos.

–Acaba de trabajar con Tom Hiddleston en la serie ‘El infiltrado’.

–Un actorazo y un gran compañero, un ‘gentleman’. En la serie juego al tenis con él y yo nunca había agarrado una raqueta. Mis hijos son seguidores de Loki y alucinaron.

Unax Ugalde y Pilar López de Ayala presentan en la Seminci de 2000 su primera película, ‘Báilame el agua’; con Unax Ugalde en ‘Alatriste’ y en la serie ‘Entre tierras’..

–¿Es un actor diferente desde que es aita?

–Soy una persona diferente. Hace un año que he dejado de beber alcohol. Me he centrado y he descubierto una nueva vida. Estoy volcado en mi familia, ellos son el centro de todo. Cierro un ciclo y abro uno nuevo. Mis hijos empiezan a ver mis películas y me hacen preguntas.

–¿Cómo lleva lo de no ser ya el jovencito de los rodajes?

–Muy bien. Para bien o para mal, la experiencia que tenemos detrás nos avala. Sé cómo administrar la energía para hacer un personaje como el de ‘La ventana abierta’. Siento gratitud ante todo lo que he vivido.

–¿Cómo le van los negocios extracinematográficos?

–Mi mujer es periodista y ha sufrido el maltrato absoluto hacia el periodismo. Ella iba pasando de contrato en contrato y llegó un momento de crisis en el cual queríamos estabilizarnos y formar una familia. Rodé ‘La valla’, cogimos todo el dinero que teníamos en el banco, ella dejó una cadena de radio que la maltrató muchísimo e invertimos todo en el Club Malasaña. Al mes vino la pandemia. Poco a poco fue funcionando y abrimos una coctelería, La Estrella. Ahora tenemos además El Candela, El Amante, que es otro bar mítico, y Core, una discoteca de tecno. Ofrecemos un ocio nocturno seguro y de calidad. Nos ocupa 24/7, pero nos ha dado la estabilidad emocional y económica para afrontar esta nueva transición. Ya no vivo con ansiedad, tenemos unos ingresos fijos y mi mujer está haciendo un trabajo estupendo junto con otros socios.

–Usted que es un loco del mar, dígame un fondo marino para perderme.

–Yo me saqué el carné de buceo en Zierbena. Si quieres algo más relajadito, el Hierro. Es mágico.

–¿Qué haría distinto si pudiese rebobinar su vida?

–A toro pasado es fácil decir las cosas. A veces aciertas en ciertas decisiones artísticas y otras veces no. Sin duda, la mejor decisión que he tomado fue aparcar mi carrera internacional para formar una familia. Un artista, sobre todo las mujeres, se entregan a su profesión y la vida va pasando. Yo le dije a mi representante que no iba a viajar para concentrarme tres años en la crianza de mi hijo. Y lo mismo con el segundo. No quería perderme ese momento. Hice series diarias, me levantaba a las siete de la mañana, volvía a casa a las cuatro de la tarde y estudiaba 30 páginas para el día siguiente. Otros no lo han hecho y hoy ya es tarde para equilibrar la vida personal y profesional.