Acostumbrado a mirar la realidad a través del objetivo de su cámara, Rodrigo Valero asegura que Andalucía cambia mucho dependiendo desde dónde se enfoque. El … reconocido fotógrafo almeriense, cuya trayectoria profesional le ha permitido recorrer innumerables rincones de la comunidad, sostiene que precisamente ahí reside uno de los grandes problemas históricos de Andalucía: «durante demasiado tiempo se ha ofrecido una imagen parcial, repetitiva y limitada de un territorio mucho más diverso, complejo y rico de lo que muchas veces se proyecta hacia dentro y hacia fuera».

Desde esa mirada pausada y observadora que caracteriza su trabajo fotográfico, Valero imagina las líneas maestras de un programa electoral construido desde la sensibilidad cultural, la reflexión social y el profundo vínculo que mantiene con Almería y con Andalucía y en el que no faltan referencias a las infraestructuras, la sanidad, la educación, la vivienda o la inmigración, pero donde también ocupa un lugar central la necesidad de redefinir la identidad andaluza lejos de los tópicos simplificadores.

El fotógrafo parte de una convicción clara de que Andalucía posee un enorme potencial económico, cultural y humano, aunque arrastra todavía importantes desequilibrios territoriales que siguen condicionando el desarrollo de muchas provincias. Dentro de ese análisis, Almería ocupa un lugar protagonista. Valero considera que la provincia ha vivido durante décadas en una posición secundaria respecto a otros grandes polos andaluces como Sevilla, Málaga o Granada. A su juicio, no se trata de una falta de recursos o capacidades, «sino del resultado de años de aislamiento, malas conexiones ferroviarias y aéreas y una inversión pública insuficiente».

Esa sensación de desconexión ha terminado condicionando incluso la imagen exterior de Almería, excesivamente reducida al peso de la agricultura intensiva. Sin negar la importancia estratégica del sector agrícola, lamenta que muchas veces se olviden otras fortalezas fundamentales de la provincia como su patrimonio natural, el potencial de las energías renovables, la tradición cinematográfica o un modelo turístico más vinculado a la calidad y al paisaje que a la masificación.

Una de las grandes líneas de su hipotético proyecto político pasa por diversificar y modernizar la economía almeriense sin renunciar a sus sectores tradicionales. Plantea evolucionar hacia una agricultura más avanzada tecnológicamente y con mayor valor añadido. En paralelo, considera imprescindible acelerar infraestructuras estratégicas como el Corredor Mediterráneo, reforzar la capacidad logística del puerto de Almería y mejorar las conexiones ferroviarias que siguen lastrando la competitividad de la provincia.

El discurso de Valero trasciende claramente lo económico. Como creador visual profundamente ligado al patrimonio y al paisaje, insiste en la necesidad de construir una visión más equilibrada y plural de Andalucía. Cree que la comunidad posee uno de los patrimonios históricos y culturales más ricos de Europa, aunque la atención turística y mediática continúa concentrándose casi siempre en los mismos iconos monumentales por lo que, frente a ello, propone desarrollar una gran red del patrimonio andaluz que permita conectar y visibilizar la diversidad cultural de toda la comunidad. «Andalucía -dice- debe presentarse como un mosaico cultural completo y no únicamente como una suma de estampas repetidas vinculadas al sol, la playa o el folclore más superficial».

En esa defensa del patrimonio, el fotógrafo amplía además el concepto más allá de los monumentos históricos. Habla de proteger el patrimonio inmaterial que componen las tradiciones populares, la artesanía, la gastronomía, las formas de vida y la memoria colectiva de los pueblos andaluces. Considera que Andalucía no puede permitirse perder esa riqueza cultural mientras intenta competir en un mercado turístico globalizado.

La sanidad pública ocupa igualmente un espacio prioritario en sus reflexiones al considerar «preocupante» el aumento de las listas de espera y entiende que el problema responde a múltiples factores acumulados como falta de profesionales, envejecimiento poblacional, saturación de la atención primaria y exceso de burocracia. Por ello defiende reforzar la sanidad desde la base, mejorando la atención primaria e incrementando plantillas médicas, pediátricas y de enfermería.

A ello suma la necesidad de ofrecer mejores condiciones laborales «para evitar la fuga de profesionales sanitarios» y avanzar hacia una digitalización útil y funcional que reduzca trámites innecesarios y permita a los profesionales dedicar más tiempo a la atención clínica. En su opinión, el sistema sanitario necesita «menos confrontación política y una planificación mucho más estable y sostenida a largo plazo».

Los grandes pilares

Otro de los problemas que identifica como prioritarios es el acceso a la vivienda, especialmente para los jóvenes. Valero observa con preocupación cómo la combinación de salarios bajos, precariedad laboral, alquileres elevados y presión turística dificulta enormemente la emancipación juvenil. Ante ello, apuesta por ampliar la vivienda pública y desarrollar políticas que favorezcan un parque de alquiler asequible y estable.

La educación aparece igualmente como uno de los pilares fundamentales de su visión de Andalucía. Considera que la se necesita reformas educativas profundas y sostenidas en el tiempo, especialmente para combatir el abandono escolar ya que «muchas desigualdades comienzan en edades muy tempranas», por lo que defiende reforzar especialmente Primaria y ESO, mejorar la orientación educativa y potenciar programas individualizados de apoyo al alumnado.

Insiste también en la importancia estratégica de la FP, «siempre que esté mejor conectada con las necesidades reales del mercado laboral». Sin embargo, rechaza una visión exclusivamente utilitarista de la enseñanza y reivindica con fuerza el valor de las humanidades. «Historia, filosofía, literatura o arte resultan esenciales para desarrollar pensamiento crítico, comprensión social y capacidad de análisis», porque, a su juicio, «una sociedad necesita tanto formación técnica como formación humana».

En su reflexión sobre Andalucía también aparece la inmigración desde una perspectiva profundamente ligada a la memoria histórica de la comunidad. Hijo, nieto y bisnieto de emigrantes, Valero recuerda que Andalucía fue durante décadas tierra de emigración antes que de inmigración. Por ello defiende abordar este fenómeno «desde la convivencia, la integración y el respeto mutuo», reforzando las inspecciones laborales y evitando situaciones de precariedad, explotación o segregación social.

Y junto a todo ello, el fotógrafo reserva un espacio especialmente emotivo para las personas mayores. Considera imprescindible mejorar las residencias y reforzar el control sobre los servicios asistenciales «para garantizar una vejez digna y respetuosa». Porque, concluye, «una sociedad también se define por cómo cuida a quienes lo dieron todo antes que nosotros».