El primer análisis solo arrojó un leve desarreglo con las plaquetas. Pero el malestar iba a más. Tanto, que aquel viajero joven (28 años) acabó … en la UCI. Era octubre de 2017, acababa de regresar de un viaje de cinco semanas por Nepal y traía una enfermedad hasta entonces desconocida en España: hantavirus. Fernando Salvador, médico adjunto del Servicio de Infecciosos del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona y especialista también en salud internacional, formó parte del equipo médico que trató aquel caso, el primero documentado de hantavirus importado en España «en al menos los últimos veinte años». El doctor recuerda para EL CORREO cómo dieron con una enfermedad que conocían por la literatura científica pero que nunca habían visto en un hospital español. Aquel caso forma parte de la todavía exigua literatura científica sobre los hantavirus.

Según detalla Fernando Salvador, el paciente notó los primeros síntomas en el vuelo de regreso a España: fiebre, dolor articular y abdominal, cefalea, debilidad… Fue al ambulatorio y anotaron la temperatura; 38,2, además de una leve erupción cutánea en el tronco. «Se le hicieron pruebas para descartar diversos patógenos, incluido el hantavirus, ya que el chico contó que durante el viaje se había alojado en albergues básicos donde vio ratas. Todo dio negativo». Así que regresó a casa.

Cuatro días después acudió a Urgencias con una herida en la cabeza tras caída provocada por un fuerte mareo. Y un día después de recibir el alta por el traumatismo, reingresó. «Tenía dificultades para respirar y en doce horas desarrolló insuficiencia respiratoria que requirió su ingreso en la UCI con oxigenoterapia nasal de alto flujo, una especie de gafas que le proporcionan el aporte de oxígeno necesario. Además, una radiografía de tórax reveló un infiltrado en los dos pulmones».

El positivo

Era el día doce tras el inicio de los síntomas y no habían detectado aún el origen. Pero a los médicos no se les quitaba de la cabeza lo que contó de las ratas. «Aunque no habíamos tratado ningún caso antes, sabíamos que los hantavirus se transmiten vía inhalación de excrementos u orines de ratas». Y eso concordaba con el relato del viajero. Así que le repitieron las pruebas del hantavirus. Esta vez dio positivo en virus Puumala, un tipo de hantavirus, y siguió dando cuando se las repitieron diez días después. «La serología detectó en el paciente anticuerpos específicos de este tipo de patógeno, lo que significa que el organismo estaba reaccionando a la enfermedad».

El equipo médico del Vall d’Hebron no solo estaba enfrentándose al primer caso conocido de hantevirus importado en España. Tenían entre manos, además, «un caso muy peculiar». «Las enfermedades causadas por los hantavirus se dividen en dos síndromes clínicos: fiebre hemorrágica con afección renal, propio de los hantavirus de Europa, Asia y África y con una mortalidad en torno al 10% o el 15%; y síndrome pulmonar, causado por la cepa de América, cuya letalidad es del 38%. El chico venía de Asia pero, sin embargo, desarrolló síntomas propios de la variante americana, similares a una gripe de rápida progresión a insuficiencia respiratoria». Son estos los mismos síntomas del ya conocido hantevirus de los Andes que ha causado el brote en el crucero que llegó a Canarias y el fallecimiento de tres personas.

Avanzando en la cronología hospitalaria, el doctor Salvador recuerda que, pese a la gravedad del cuadro, el chico «estuvo en todo momento consciente» y que, después de cinco días de evolución favorable aislado en una habituación individual de UCI, fue trasladado a planta. «No se adoptaron medidas de aislamiento de alto riesgo porque no hacía falta, ya que no hay evidencia de que la cepa de hantavirus europea y asiática se transmita de persona a persona». De hecho, una vez hecho el diagnóstico, el hospital contactó con la persona que había acompañado a este joven en su viaje por Nepal las primeras dos semanas. «Nunca tuvo síntomas y dio negativo en las pruebas», recuerda el médico.

Sin secuelas

Recuerda Salvador que en aquel momento no había evidencia científica de que los hantavirus se contagiaran entre personas. Se supo un año después, cuando estalló un brote en un pueblo del sur de Argentina que mató a 11 personas y enfermó a otras 23. La investigación de aquel caso, reflejada en un artículo científico, demostró que la variante de los Andes sí puede transmitirse de persona a persona, aunque el riesgo es bajo. Es lo que sucedió en Argentina en 2018 –los contagios comenzaron en una fiesta de cumpleaños con un centenar de invitados y se extendieron durante cuatro meses en eventos comunitarios celebrados en el pueblo– y es lo que ha sucedido en el crucero.

Dos días después de salir de la UCI, el viajero que llegó enfermo de Nepal fue dado de alta. «Le hicimos seguimiento durante tres meses. Tardó dos (meses) en poder hacer deporte, pero se recuperó completamente y no le han quedado secuelas».