Toda estrategia de campaña puede resumirse en una máxima: no cometer errores no forzados. Con una opinión pública que pivota entre lo político y lo judicial y ante la imprevisibilidad de la agenda —que escapa, en ocasiones, del control de los propios candidatos— solo hay … un circuito que mantener ordenado, el propio. María Jesús Montero es una política ‘pata negra’ y con una dilatada experiencia de partido, por lo que su patinazo en el debate de este lunes en Canal Sur, calificando la muerte de dos guardias civiles en un operativo contra el narcotráfico como un «accidente laboral», ha generado cierta estupefacción en el PSOE.
Los socialistas encaran la semana decisiva hasta el 17 de mayo con el ánimo bajo, acusando la incapacidad para movilizar a los suyos —tal como informó ABC—, y preparándose para lo peor. Esto es, el riesgo cierto de precipitarse por debajo del suelo histórico de los 30 diputados que marcó Juan Espadas en 2022. La polémica desatada por su propia candidata es, para las fuentes consultadas, lo que puede acabar por sentenciar la campaña. «Esto nos da la puntilla», se quejan. De hecho, en un intento de contener la presión que iba creciendo a nivel interno, Montero se vio obligada a rectificar: «Por supuesto, estamos hablando de muertes en acto de servicio. Así lo sentimos y así debe reconocerse siempre a quienes arriesgan su vida por la seguridad de todos y todas». Ya era tarde.
Cargos socialistas, en conversación con este diario, aseguran que no fue un desliz. Era un tema preparado —como parte de los contenidos que iban a tener presencia en el debate— y la respuesta no fue improvisada. Estas fuentes consideran que Montero trató de desplegar una estrategia de control de daños, buscando deslindar el desenlace mortal de los dos agentes de la falta de inversión gubernamental en medios materiales y humanos con los que la Guardia Civil encara —en inferioridad de condiciones— su lucha contra el narcotráfico en la costa andaluza. En el seno del Ejecutivo asumen que esta calificación puede contribuir a rebajar la gravedad de lo ocurrido, pero se aferran a la jerga jurídica para defender que —en puridad, a efectos legales y de cara a futuras indemnizaciones— este es el tratamiento que se le tiene que dar. «No sabemos cuál es el problema», aseguran, confirmando hasta qué punto el comentario estaba medido al milímetro.
El problema, sin embargo, tomó cuerpo a los pocos minutos de que la frase se pronunciara en ‘prime time’. Una ola de indignación recorrió desde las asociaciones de guardias civiles hasta el propio partido, que asistía con pánico a cómo la polémica capitalizaba la campaña. Los socialistas llevan desde que Juanma Moreno convocó las elecciones con un lamento unánime, consideran que el candidato del PP rebaja al máximo la tensión electoral para evitar movilizar al electorado de la izquierda. Ahora, ha sido Montero la que ha fundido los plomos. Desde que se produjo la muerte de los agentes el pasado viernes, en el PSOE fueron conscientes de que el siniestro les perjudicaba a efectos políticos, porque la atención se concentraría en la falta de recursos estatales para la lucha contra el narcotráfico.
Desde el Gobierno se optó por un perfil tan bajo que se borraron del funeral de Jerónimo y Germán, dejando sola a la candidata. Esto también ha generado incomprensión para algunas fuentes socialistas. No entienden la «frialdad» y ven «incomprensible» que Marlaska no se trasladara hasta Huelva. En el Ejecutivo, por su parte, se defienden, asegurando que están curados de abucheos y que si el ministro del Interior no acudió fue porque estaba en Tenerife «al frente de la emergencia» sanitaria del hantavirus, coordinando la llegada del MV Hondius, al puerto de Granadilla. Desde Andalucía, sin embargo, todo se ve con el prisma de la inminencia de las urnas y se quejan del impacto demoledor que esta cuestión puede tener para sus expectativas, ya de por sí muy complicadas.
Moncloa evita la desautorización
La rectificación de Montero llegó prácticamente en paralelo a una rueda de prensa en Moncloa en la que el Gobierno volvió a dejar sola a su candidata. El silencio fue atronador. En el Ejecutivo no quisieron entrar en el tema y esto quedó en evidencia, tras varios requerimientos de que se fijara una posición al respecto por parte de los periodistas a la portavoz del Gabinete durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Elma Saiz evitó deliberadamente responder si consideraba lo acontecido en Huelva un «accidente laboral» y se limitó a repetir el compromiso del Gobierno con la Guardia Civil en la batalla contra la «lacra» del narcotráfico.
De este modo, Moncloa esquiva el respaldo, pero también la desautorización, de la candidata socialista y se queda en lamentar las pérdidas humanas y mostrar que su implicación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado «se demuestra con el incremento en dotaciones en la zona de Gibraltar, un 20% de efectivos y 20 nuevas embarcaciones». «Lo que va a hacer este Gobierno es honrar la memoria de los dos guardias civiles y lo que no va a hacer es instrumentalizar el dolor», señaló la portavoz, en claro reproche al PP. Estas distancias no pasan desapercibidas y se antojan una prevención para el día después del 17M, en la medida en la que en Moncloa ya anticipan que un mal resultado en Andalucía no es un plebiscito sobre el Gobierno.
En contraposición, resultó elocuente el apoyo que Montero recibió de quienes fueran sus colegas en la coalición. Desde Sumar sí se respaldó el argot utilizado por Montero y solo desde Más Madrid calificaron como «desafortunado» el comentario. La portavoz de los Comuns en el Congreso, Aina Vidal, señaló que «técnicamente» sí es un accidente laboral y cargó contra quienes «están intentando manipular» las palabras de la candidata socialista para «instrumentalizar esto». Por su parte, desde Compromís, Alberto Ibáñez, quiso poner el acento en que «una muerte en acto de servicio» es un accidente laboral, destacando que, al considerarse de este modo, tiene «un seguro para la familia». El diputado llamó a «no polemizar tanto en esto y sí insistir en la lucha contra las mafias organizadas».
