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En la esquina donde hoy se cruzan Padre Isla y Ramón y Cajal hubo durante décadas un ir y venir de viajeros, botijos y carros llegados de los pueblos. Antes de convertirse en uno de los edificios más reconocibles de León, la Casa de Goyo fue el Mesón del Pico, una parada habitual en aquella ciudad que empezaba a crecer más allá de las murallas y que todavía conservaba alma de camino y posada.
Durante una intervención en el programa ‘Mediodía COPE León’, el arquitecto Pepe Álvarez Guerra reconstruyó la historia de este emblemático inmueble levantado en los años 20 y diseñado por el arquitecto Cárdenas. Un edificio que terminó simbolizando la llegada de la modernidad a León mucho antes de que la ciudad supiera que estaba cambiando para siempre.
La Casa de Goyo de León nació sobre el antiguo Mesón del Pico
La historia comienza cuando León empezaba a expandirse fuera del casco antiguo. Según explicó Pepe Álvarez Guerra en COPE León, los mesones se multiplicaban alrededor de la ciudad para recibir a quienes llegaban desde los pueblos «con sus botijos, sus panes y sus cosas».
Uno de aquellos lugares era el Mesón del Pico, también conocido como Mesón del Vizcaíno porque pertenecía a un hombre apellidado Zueta. Su nombre tenía una explicación puramente urbana. Tal y como relató el arquitecto leonés, el establecimiento «estaba en el pico de dos calles, Padre Isla y Ramón y Cajal».
Aquel cruce terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de la nueva ciudad que nacía fuera del viejo trazado medieval. Y fue entonces cuando apareció Gregorio Fernández Goyo, el empresario que impulsó la construcción del edificio que todavía hoy lleva su nombre.
Imagen antigua de la Casa Goyo.Gracia / Fototeca municipal

«Era una revolución»: la Casa de Goyo cambió para siempre la arquitectura de León
Pepe Álvarez Guerra resumió perfectamente el impacto que provocó el edificio en aquellos años: «Era una revolución, porque es que en aquellos años esta casa tenía ascensor».
Puede sonar normal en 2026, pero en el León de los años 20 aquello resultaba completamente excepcional para la época. La Casa de Goyo incorporó ascensor, doble entrada y entrada de servicio en una época en la que muy pocos edificios podían permitirse semejante despliegue.
El inmueble estaba pensado para una clase social privilegiada. «Era una casa de gente bien, señorial, no para cualquiera», explicó el arquitecto durante su intervención en COPE León.
La obra formaba parte de la transformación de la Plaza de Santo Domingo, un espacio que Álvarez Guerra definió como «un muestrario de edificios todos interesantes». La ciudad comenzaba a crecer hacia el otro gran polo leonés de la época: el ferrocarril.
Uno de los detalles más sorprendentes del edificio estaba en su parte superior. El proyecto original contemplaba una planta baja y cinco alturas, aunque posteriormente se añadió otro piso más. Sobre aquella estructura aparecía un casetón coronado por una cúpula rectangular que todavía sigue existiendo.
Avda. Padre Isla, n.º2. OVIDIO PRIETO, 2022.
Pepe Álvarez Guerra describió aquel espacio como «precioso» y confesó que allí se imaginaba «pintando o teniendo un estudio». La imagen encaja perfectamente con aquella arquitectura elegante y ambiciosa que dominó parte del León de principios del siglo XX.
La construcción también destacó por incorporar una estructura metálica interior rodeada de ladrillo, una técnica innovadora para la época que compartían otros edificios históricos de la ciudad como el Hotel Oliden o la Casa de Roldán.
Con el paso de las décadas, la Casa de Goyo fue fragmentándose. Parte de las viviendas originales terminaron reconvertidas en pisos más pequeños después de que una promotora viguesa comprara numerosos espacios vacíos durante los años noventa. Según explicó el arquitecto leonés, aquello terminó creando «un aglomerado de casas de antes más casas de ahora».
La transformación estética de la fachada sigue generando debate entre quienes conocen la historia arquitectónica del edificio. Y Pepe Álvarez Guerra fue especialmente contundente al hablar de la actual fachada del edificio.
Originalmente, la Casa de Goyo tenía tonos verdosos suaves muy distintos de los azules actuales. Durante su intervención en COPE León, el arquitecto lanzó una frase que resume perfectamente su opinión sobre el cambio estético: «Estoy seguro que si Cárdenas vive le da un patatús».