Desde que los humanos desarrollamos la capacidad de estudiar el ADN extraído de fósiles, descubrimos un misterio que hasta ahora no tenía respuesta. En el ADN de algunas especies humanas, incluida la nuestra, el Homo sapiens, había marcas “superarcaicas”, vestigios de especies más antiguas y desconocidas con las que habíamos tenido sexo e hijos. Ante la incapacidad de determinar quiénes eran aquellos intrusos genómicos, algunos científicos las llamaron poblaciones fantasma.

Este miércoles se publica la primera prueba molecular de aquellos cruces entre especies humanas —un concepto que hace tan solo unas décadas sería impensable— que evidencia que el árbol evolutivo de la humanidad es poroso. Esto implica que, aunque cada especie humana conocida es una adaptación única a su entorno, aun así no habíamos perdido la capacidad de procrear y cruzarnos entre nosotros, quién sabe si para producir otro grupo o especie incluso mejor integrado en su ambiente.

Científicos de China han analizado las proteínas del esmalte dental de seis fósiles de hace unos 400.000 años —cinco hombres y una mujer— encontrados en varios yacimientos que abarcan buena parte del país de norte a sur. Han podido rescatar dos, y una de ellas, la variante M273V de la proteína dental ameoblastina, es la clave. Los resultados muestran que esta proteína está presente en todos los fósiles analizados, que pertenecieron a nuestro ancestro, el Homo erectus. También se había encontrado previamente ese compuesto en los dientes de otros humanos, los denisovanos, parientes cercanos de los neandertales, quienes a su vez eran la especie humana más cercana a la nuestra.

El hallazgo supone que en algún momento de hace unos 400.000 años los erectus, cuyo origen está en África, y los denisovanos, una adaptación humana típica de Eurasia, se encontraron, mantuvieron sexo y tuvieron hijos fértiles. Es el episodio de mestizaje humano más antiguo conocido, y el primero que tiene como protagonista al Homo erectus, una especie humana injustamente ignorada hasta hace muy poco tiempo. Los resultados se publican este miércoles en Nature.

El Homo erectus fue el primer humano en caminar erguido y de una forma muy similar a la nuestra. Surge en África hace unos dos millones de años, pero su cerebro ya de tamaño considerable, su capacidad de fabricar herramientas y esas dos piernas ágiles le permitieron convertirse en el primer humano que abandonó su cuna africana. Los erectus llegaron hasta Asia y Oceanía, y allí, en algunos lugares, sobrevivieron hasta hace apenas 100.000 años, lo que les convierte en la especie humana más longeva —los sapiens en comparación llevamos existiendo solo unos 200.000 años— .

Aunque sabíamos que los humanos actuales descendemos de los erectus, y que esta especie era la principal candidata a ser la responsable de esas “introgresiones superarcaicas” en el genoma, esta es la primera prueba concluyente de ello. La nueva evidencia se suma a las ya sabidas: que los Homo sapiens nos cruzamos con los neandertales, que nos dejaron hasta un 4% de su genoma; y que ellos se cruzaron con los denisovanos. Lo mismo hicimos los sapiens, lo que ha dejado ADN denisovano en algunas poblaciones humanas actuales, con regalos impagables, como los genes que permiten vivir en algunos de los territorios más altos del planeta, como la cordillera del Himalaya. A su vez, los neandertales nos pasaron variantes que nos ayudaron a resistir el frío, a mejorar nuestro sistema inmune, y nos dieron propensión a sufrir algunas enfermedades mentales, incluida la depresión. El árbol de la evolución humana no cambia de forma, pero a veces las ramas se tocan, e incluso se funden.

Homo erectusUna de las muelas de ‘Homo erectus’ analizadas.Qiaomei Fu

El nuevo trabajo también muestra una segunda proteína dental que parece única de los erectus, una nueva marca genética con la que identificar a esta especie. Tras el éxito indiscutible de los neandertales como epicentro de la investigación en evolución humana en los últimos años, los erectus podrían convertirse en el nuevo protagonista en la búsqueda de nuestros orígenes.

Así lo ve el paleoantropólogo Antonio Rosas, que no ha participado en el trabajo, y que destaca su valía. “Este estudio viene a confirmar lo que ya sospechábamos, pero por primera vez con datos moleculares”. “El trabajo nos muestra dos proteínas del esmalte; una exclusiva del erectus, y otra compartida con los denisovanos, sobre todos los más tardíos [los más recientes]; una prueba de hibridación. Después, los denisovanos se cruzaron con los sapiens, y por eso algunos humanos actuales, los filipinos, tienen ADN de Homo erectus. También en África suponemos que hay personas que llevan ADN superarcaico que debería ser de Homo erectus y que, muy probablemente, aparecerá”, resalta el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Rosas destaca la importancia de esta especie en la evolución humana. “Es la especie con más historia, la más longeva, y nos quedan muchas cosas por conocer de ella. Es muy importante obtener más datos. Probablemente cobre ahora más importancia que los neandertales y los denisovanos gracias a los nuevos datos moleculares”, concluye.

El genetista Carles Lalueza-Fox, coincide en el diagnóstico: “Se repite el patrón de entrecruzamientos, aunque este es el primero que se describe desde la paleoproteómica [estudio de proteínas antiguas conservadas en restos fósiles]”, escribe en un intercambio de mensajes.