La mirada inicial de los visitantes a MÄA queda atrapada por la obra ‘Anónimos en el café Byron’. El lienzo de Eduardo Arroyo seducirá a … quienes acudan a este nuevo espacio expositivo, ubicado en el arranque del Paseo de Uribitarte. «Me sentí identificado con su planteamiento», confiesa Francisco Santa Cruz, su director. «Yo también soy un anónimo en el arte, aunque siempre me he sentido muy atraído por él y creo que, cuando conocí la obra, el artista me dio una palmadita en el hombro y me animó a entrar en este mundo».
La inauguración de una galería en Bilbao es un hecho excepcional tras una prolongada sucesión de cierres. «Creo que se han juntado dos realidades», indica para explicar esta situación. «Por un lado, el clima convulso que complica la supervivencia de todo aquello que no responda a necesidades básicas y, por otro, la necesidad de un relevo generacional». A su juicio, nunca te quieres jubilar de este oficio «porque te mueves tanto por dentro que no quieres abandonarlo, pero mantener una empresa de tales características requiere mucha energía».
Este leonés llegó a Bilbao para estudiar cinematografía y decidió quedarse en la Villa, donde ha sido encargado de tienda de una importante firma ubicada en la Gran Vía. El verano anterior realizó un giro existencial de calado. «Quise recuperar mi relación con el arte y dejé mi trabajo más estable», explica. Volví a su ciudad para trabajar con la galería Ármaga, una firma con más de tres décadas de existencia y con la que había llevado a cabo iniciativas como fotógrafo y videoartista. «Estando allí les revelé que quería volver al País Vasco y montar un proyecto propio», señala. «Lo sentía como una necesidad muy grande».
Al principio, nadie entendía que un joven de veinticuatro años que no procede de este ámbito se embarcara en una aventura empresarial tan arriesgada, pero, tras conseguir el crédito necesario, ha logrado situarse en uno de los nuevos ejes urbanos. La obra de Eduardo Arroyo, matriz del empeño, ha venido acompañada de otras piezas del gran artista pop y de figuras como Alberto García Alix, Teresa Gancedo o Félix de la Concha. «Mi cultura visual está fomentada por el Museo Guggenheim y el Bellas Artes, y tengo muy claro a la hora de elegir, aunque intento no ponerme un filtro», indica.
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La muestra colectiva inicial, abierta hasta el próximo 7 de julio, supone toda una declaración de intenciones ya que reúne pintura, fotografía o escultura, creadores de diversa procedencia, tanto consagrados como valores emergentes, como M. Benito Piriz, aka Panda, con una notable trayectoria, Judit Voet o Carmen Valero. «Me interesan los diálogos entre propuestas que, a priori, no tendrían nada que ver como el pop, formas experimentales académicas y , por ejemplo, el hiperrealismo».
Llegar al coleccionista se antoja la clave para salir adelante. ¿Cómo conseguirlo? «No tengo la respuesta aún», reconoce. «Sé que me costará acceder al tradicional porque no soy bilbaíno de toda la vida y en todo el norte se tiende a una red de contactos muy cerrada. Hay mucho mercado que se establece en torno a una cena y una exposición privada para un reducido grupo de clientes. Creo que ese es el buen galerista y yo lo haría».
El turismo cultural se ha convertido en una apuesta fundamental en la ciudad, aunque, posiblemente, el forastero ignore que hay una oferta comercial de calidad en su entorno. «Hay visitantes interesados en el arte de gran poder adquisitivo y existen recursos para acercarse a ellos, aunque resulta complicado». admite. En cualquier caso, La capacidad de seducción de las grandes galerías extranjeras es otro problema para los emprendedores locales, pero Santa Cruz no lo considera el mayor obstáculo. «La competencia desleal viene del IVA, que nos impide competir», denuncia y, asimismo, desvela su interés por realizar intercambios con colegas para establecer sinergias.
El término MÄA alude a un concepto hindú cercano a la madre naturaleza. Eduardo Arroyo, el padre putativo de este nuevo proyecto, será el protagonista de una exposición a finales de año, tras otras individuales de Panda, Reme Remedios o la Chunga. «Me gustaría generar recursos para apostar por jóvenes como los procedentes de la cercana BilbaoArte», alega, esperando que aquel flechazo al abrigo del café Byron se convierta en una relación romántica permanente.