Reto mayúsculo, de esos que motivan, el que tiene Jon Rahm por delante esta semana. Ni más ni menos que el segundo grande del año, … el PGA Championship, el que tradicionalmente peor se le ha dado de los cuatro. Su mejor resultado es el cuarto puesto de 2018, aunque el octavo del año pasado engaña para bien puesto que hasta los tres últimos hoyos mantuvo un fabuloso mano a mano con el número uno del mundo, Scottie Scheffler.
Posiblemente, y pese a la decepción de no poder levantar el trofeo Wanamaker, aquella fuera la última gran semana en un major para el vizcaíno, que desde entonces no ha encontrado su mejor forma en las citas más señaladas del calendario. Aunque finalizó séptimo en el US Open, fue un resultado maquillado por una buena vuelta el domingo. Después ni siquiera terminó entre los treinta mejores del Abierto Británico y del Masters de Augusta del pasado abril.
A ese colmillo demostrado hace un año en Quail Hollow (Charlotte, Carolina del Norte) se aferra Rahm esta semana en Aronimink (Filadelfia, Pensilvania). Se trata de un campo en el que el de Barrika solo ha jugado una vez. Fue en el BMW Championship de 2018, terminó vigésimocuarto con una tarjeta de -11 y jugó todos los días bajo par: cuatro, uno, cinco y uno. El ganador fue el ya excapitán estadounidense de la Copa Ryder Keegan Bradley (-20) tras superar en el play-off a Justin Rose, quien también sabe lo que es levantar un título en este recinto, al conseguirlo en el desaparecido AT&T National de 2010 con un resultado de -10. Se le da realmente bien este recorrido al inglés, uno de los favoritos a la corona junto a los Scheffler, Rory McIlroy, Cameron Young, Bryson DeChambeau…
Será la décima participación del vizcaíno en el PGA Championship, donde solo ha fallado dos cortes, el último en la edición de 2024 disputada en Valhalla (Louisville, Kentucky). Ha jugado 32 rondas, la mitad bajo par. Suma tres top-10, su ronda mas baja es de 66 golpes (en la tercera vuelta de 2018) y su media de tiros es de 70,63. Nunca un español ha grabado su nombre en el palmarés del PGA, un torneo que parece sobre todo reservado para los golfistas estadounidenses.
Aronimink, que en 2028 celebrará su centenario, acogió un torneo por última vez en 2020, en la edición femenina de un PGA Championship que albergó por primera y última vez en 1962, con triunfo para la leyenda sudafricana Gary Player. Pese a no ser una de las paradas fijas del calendario, tiene el honor de ser el primer recorrido en albergar los PGA masculino y femenino además del PGA Senior para mayores de 50 años. Diseñado por Donald Ross y restaurado por Gil Hanse entre 2016 y 2018, es un par 70 que solo cuenta con dos pares 5, los de los hoyos 5 y 16. La gran novedad reside en la ampliación del hoyo 8, un par 4 monstruoso que se eleva hasta los 500 metros y en el que la pegada será determinante.
Rahm, que viene de firmar el primer albatros de su carrera en el LIV de Virginia, donde fue octavo y ganó el australiano Lucas Herbert, tratará de imponerse en el major con más participantes, todo lo contrario que el Masters. De los 91 de Augusta se pasa a los 154 de Aronimink, entre ellos veinte jugadores amateurs procedentes de la PGA. De nuevo habrá tres españoles en liza. Pero de los veteranos José María Olazabal y Sergio García, leyendas en la catedral del golf, se pasa a los dos grandes exponentes de la nueva gran generación nacional: David Puig y Ángel Ayora. Será el sexto major para el catalán, amigo de Rahm y rival del vizcaíno en LIV Golf, mientras que el malagueño, que cuenta en su equipo con el extenista y formador de Carlos Alcaraz Juan Carlos Ferrero, vivirá su bautismo entre los elegidos. Se ha clasificado por rozar el top-100 mundial.
Ruido de fondo
Habrá que ver si Rahm logra dejar a un lado el ruido extradeportivo. Hace una semana comunicó su acuerdo con el circuito europeo, con el que llevaba enfrentado desde su fichaje por el LIV en diciembre de 2023. El ‘León de Barrika’ pagará sus multas correspondientes, cuatro millones y medio de euros por tres años en las filas del rompedor circuito, y jugará cinco torneos del DP World Tour, uno más de lo que acostumbra. Está en duda su presencia en el Open de España, que volverá a acoger Madrid a mediados de octubre, porque para las mismas fechas está previsto que su mujer Kelly Cahill dé a luz al cuarto hijo de la pareja tras Kepa (abril 2021), Eneko (agosto 2022) y Alaia (septiembre 2024).
Por otro lado, como en cada major el rendimiento de los jugadores del LIV estará bajo lupa, más todavía con el delicado momento que vive la liga que nació en 2022 a golpe de talonario y que busca inyección económica de forma desesperada después de la salida de Arabia Saudí, oficializada hace dos semanas tras la renuncia del empresario Yasir Al-Rumayyan al consejo de administración del conglomerado dirigido por Scott O’Neil. La mejor noticia para sus intereses sería que uno de sus jugadores (participan once en Filadelfia) ganara. ¿Y por qué no Jon Rahm?
El martes le preguntaron sobre el incierto futuro del LIV. «Entre los pocos talentos que tengo, arreglar un negocio no es uno de ellos. Podría ser la peor persona para eso. Así que mi trabajo es jugar al golf, por suerte se me da bien, y en eso es en lo que puedo concentrarme. Es el trabajo de la gente a cargo de LIV arreglarlo», manifestó.

