Entre la épica de las montañas, los sprints y las retransmisiones en directo, el Giro de Italia también tiene una cara menos visible: la logística improvisada, los hoteles de última hora y las noches lejos del confort. Lo cuenta Pablo Ordorica desde dentro de la carrera.
Mi hotel para esta noche es la furgoneta
Ordorica enseña una escena muy habitual en las grandes vueltas: una furgoneta aparcada como solución de emergencia.
“No había habitaciones suficientes en el hotel del equipo, esto es algo bastante frecuente”, explica, dejando claro que en el Giro no siempre hay sitio para todos en los alojamientos oficiales.
El parking estaba disponible, pero la decisión fue clara: quedarse en un punto con algo más de luz y control.
El “Hotel Happy” que no lo es tanto
Cuando finalmente accede al alojamiento, el tono cambia entre la ironía y la sorpresa.
“Hotel Happy, no te digo más”, comenta al entrar en el edificio. Pasillos, habitaciones y un ambiente que describe sin rodeos: “Esto es surrealista”.
En la habitación destaca incluso lo inesperado: “Con escritorio y todo”, dice con humor, como buscando el lado positivo en medio del caos logístico.
El Giro invisible
Más allá de la anécdota, la escena refleja una realidad habitual en grandes vueltas como el Giro de Italia: la presión por encontrar alojamiento, los cambios de última hora y la vida en movimiento constante.
“Cosas que no se ven del Giro”, resume Ordorica, dejando claro que detrás de cada etapa hay un trabajo continuo que no siempre aparece en pantalla.
Porque mientras los ciclistas luchan por la maglia rosa, hay todo un equipo viviendo la carrera entre carreteras, prisas… y hoteles que no siempre hacen honor a su nombre