El Valencia ha hecho historia. Y por partida doble: el club taronja accede a la primera Final Four de su historia y, además, se convierte en el segundo equipo de la historia en remontar un 0-2 para superar el playoff de cuartos de final de la Euroliga. Y lo hace por todo lo alto, en un Roig Arena que fue un hervidero y que celebró un éxito sin precedentes, batiendo además al todopoderoso Panathinaikos, la entidad con mayor presupuesto de la máxima competición continental y ganando por el camino dos partidos consecutivos en el OAKA antes de poner rumbo a España a cerrar la serie. La pista griega será también la sede de las eliminatorias por el título, por lo que la plantilla dirigida por Ergin Ataman se queda fuera de su propia casa. Un éxito sin prededentes.
El otro equipo que había sido capaz de remontar un 0-2 fue el Real Madrid en 2023. Entonces, el Partizán del legendario Zeljko Obradovic (que dejó el club a mitad de la presente temporada) se adelantó con dos victorias en la capital y perdió luego tres partidos consecutivos, dos en Belgrado y otro más de vuelta al antiguo Palacio, un WiZink Center hoy rebautizado como el Movistar Arena. Nunca antes se había logrado algo así y dicha gesta la ha repetido el Valencia, que no especuló al final de la fase regular, venció al Dubái Basketball en la última jornada y se hizo con el segundo puesto de la Euroliga: 25-13 de balance, a una victoria del Olympiacos. Esperaba rival, que saldría del play in, y llegó el PAO. Muchos pronosticaron una derrota en una serie imposible y así lo parecía… Nada más lejos de la realidad.
Y nada de esto hubiera sido posible sin la actuación estelar de Brancou Badio. El senegalés, que nació el 17 de febrero de 1999, tiene 27 años y ha sido el pilar fundamental del Valencia, tanto en esta serie como en el quinto y definitivo partido. Todo un hombre que a los 15 años fue visto durante un campus en su pueblo, cerca de Dakar, llamando la atención de los ojeadores de la Canarias Basketball Academy y que desde entonces ha estado ligado al baloncesto español si obviamos su breve paso en Frankfurt en la temporada 2021-22. Allí estuvo a las órdenes de Diego Ocampo, que lo dirigió en el Barça B, un trampolín que utilizó para debutar con el primer equipo en la Liga Endesa y disputar 7 partidos con el club azulgrana en la 2020-21. Pero no se quedó ahí. Estuvo en Alemania y dos años en el Manresa. Y ahora, por fin, ha encontrado su sitio en un Valencia que se lo ha dado todo y al que se lo ha dado todo.
Un líder incuestionable
Badio ha promediado 11,3 puntos en Euroliga esta temporada y en la serie contra el Panathinaikos se ha consolidado como uno de los líderes del equipo. Con 7 puntos en el duelo inicial, donde estuvo algo errático, espabiló hasta llegar a los 15 en el segundo, pero no pudo evitar la derrota del Valencia y ese 0-2 que parecía definitivo pero que al final no lo fue. Tras ello, empezó lo bueno: primera victoria en el OAKA con 16 puntos del base, cada vez más suelto, haciendo sufrir a Kendrick Nunn y a TJ Shorts con su driblings, sus crossovers, su capacidad para el bote, su paso atrás y su juego de pies, sin dejar a un lado su espectacular visión de juego. El cuarto asalto fue el peor para él: 6 puntos, con 1 de 9 en tiros de campo y 1 de 6 en triples, aunque 7 rebotes y 3 asistencias. Dio igual: el Valencia fue un bloque y consiguió emerger. Y el momento del jugador estaba todavía por llegar.
Y lo hizo: fue ahí, en ese lugar en el que todo el mundo sueña con triunfar, con llevarse los aplausos del respetable. Con una exhibición extraordinaria, sin arredrarse por la experiencia del rival, curtido en mil batallas y también, claro, capaz de poner excusas a diestro y siniestro. Ni las quejas arbitrales ni las provocaciones de Ergin Ataman impidieron a Badio hacer su trabajo: 20 puntos, 5 rebotes, 2 asistencias, 2 robos y 1 tapón para ser el mejor jugador de su equipo y aportar de forma decisiva en ambos lados de la pista. Provocó que el entrenador turco tuviera que sacar de la pista a Shorts al no tener forma de atacar ni de defender al polivalente base, mientras que la acumulación de faltas de Nunn, incapaz de contener a su homólogo, perjudicó demasiado a los griegos, que encontraron cada vez menos argumentos para enfrentarse al tremebundo jugador.
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“Hay que destacar a Badio y el trabajazo de Neal Sako. En general, ha sido un día que recordaremos toda la vida”, dijo Pedro Martínez en la rueda de prensa posterior al duelo. El entrenador, también con una experiencia considerable y que lleva toda la vida ligado al baloncesto, no quiso personalizar en demasía y, fiel a su estilo, alabó el trabajo grupal de su equipo. Pero la mención está clara y quedó ahí. Dicho esto, ahora llega el próximo examen para el Valencia y para Brancou: el Real Madrid. Ahí, contra Facundo Campazzo, Sergio Llull o Andrés Feliz, el base debería hacer gala de su consabido talento para imponerse a un rival que sabe muy bien lo que es competir a ese nivel. Y lo hará en el OAKA y sin el Panathinaikos, que no estará en la Final Four tras caer ante el Valencia y no podrá luchar por el título para el que era favorito a inicios de temporada. Y no lo hará por obra y gracia de Brancou Badio.
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