El Festival de Cannes es uno de los lugares de mayor repercusión para un cineasta para mostrar sus películas. Con su primer largometraje como directora, … la actriz española Aina Clotet (Barcelona, 1982), muy conocida en Catalunya y menos en el resto de España (pese a sus apariciones en ‘La que se avecina’ o ‘El Hierro’), ha tenido la suerte de poder hacerlo. Ha presentado este jueves por la mañana ‘Viva’ en la Semana de la Crítica, una de las categorías paralelas del prestigioso certamen cinematográfico. Su estreno en las salas está previsto para el 19 de junio.
Tras lograr un éxito notable con la serie ‘Esto no es Suecia’ (2023) —de la que fue codirectora junto con Mar Coll—, Clotet cuenta ahora la historia de Nora (interpretada por ella misma), una investigadora de 40 años que sufre un cáncer de mama. La enfermedad no solo le arrebata un pecho, sino que también acentúa su miedo a morir. La finitud de la vida obsesiona a esa científica, que trabaja en un laboratorio inmerso en la búsqueda de un remedio para conseguir que las personas vivan hasta los 120 años. Esta pincelada científica, que le da cierta ironía al argumento, se inspira en investigaciones reales del Hospital Can Ruti de Barcelona.
«Aceptar que la vida es finita»
«Queríamos hablar de la soledad, del miedo y del miedo a morir, así como de las dependencias respecto al amor romántico y el hecho de que nos agarramos a determinadas relaciones», explica Clotet en una entrevista para este medio en un hotel en Cannes. La directora-actriz, de 43 años, se ha inspirado de manera evidente en su vida, así como en las preocupaciones de una mujer de esa edad, sin hacer directamente una obra autobiográfica. Ha coescrito el argumento con la guionista venezolana Valentina Viso repitiendo el mismo tándem que en ‘Esto no es Suecia’.
Después de padecer el cáncer, Nora vive atrapada en la crisis de los 40. Su relación desde hace años con un francés (interpretado por el actor indio Naby Dakhli), una especie de neo-hippie ecologista que construye una casa de arcilla en el campo, agoniza fruto de la monotonía y la letargia. Una inercia que empeora con la enfermedad. Entonces, la protagonista empieza un romance con un bailarín 20 años más joven que ella. Ese ‘carpe diem’ no le evita «tener que confrontarse con esa cosa que le da tanto miedo: la impermanencia de la vida. Se ve obligada a aceptar que la vida es finita, pero que mientras estemos en el mundo, tenemos que aprovecharla lo mejor que podamos».
Un aspecto acertado de este filme en catalán consiste en que no narra de manera prototípica ni escolar la crisis de los 40. Prefiere, en realidad, tratar temas con mayor profundidad existencial como la angustia de la muerte, una de las temáticas más recurrentes del maestro sueco Ingmar Bergman y del cine escandinavo en general, por el que Clotet muestra cierta predilección.
«No entiendo la vida sin humor»
La cinta ambienta su historia en una temporalidad que no se corresponde exactamente con el presente, sino en un futuro cercano con tintes distópicos. Hay una sequía extrema e inundaciones repentinas. «No es del todo una distopía, sino que quisimos subirle el volumen a la realidad. Mostrar un presente marcado por las catástrofes climáticas y un problema de salud mental que afecta a todo el mundo», explica.
La directora catalana acierta al retratar estos temas tan sesudos (angustia de la muerte, ‘carpe diem’…) con un drama en que abundan los momentos cómicos. «No entiendo la vida sin el humor y creo que solo desde esa perspectiva podemos tratar las cosas más profundas», asegura la directora. Cita entre sus referentes a cineastas, «como el estadounidense Sean Baker —gran triunfador de Cannes en 2024 con ‘Anora’— o el sueco Ruben Ostlund, que se caracterizan por tratar temas profundos, pero al mismo tiempo con ligereza y mucho sentido del humor».
‘Viva’ también destaca por su mirada femenina, algo más que necesario en un sector todavía dominado por la autoría masculina. Eso no solo se ve reflejado con la complejidad del personaje de la protagonista, sino también con la manera cómo graba las escenas sexuales. Combina momentos de sensualidad y deseo con otros más prosaicos que recuerdan que el sexo no siempre es algo placentero. Sin hacer una película deslumbrante, a la que se puede reprochar que no despunte en ninguno de los aspectos que trata, Clotet firma un debut prometedor.