Entre las distintas líneas de investigación de Rosana Antolí (Alcoi, 1981) destaca su interés por aquello que percibimos antes de poder nombrarlo: gestos mínimos, huellas apenas visibles y presencias en proceso de aparición.
En las obras que presenta en la galería The Ryder, … esa búsqueda se concreta en una poética que desplaza el foco de lo humano hacia un espacio social donde toman el protagonismo animales, plantas y organismos en transformación.
La exposición prolonga el trabajo que Antolí ha desarrollado en ‘An Aria for the Mallard’, su actual proyecto en el Centro de Arte Moderno Gulbenkian, concebido como una propuesta híbrida entre lo escultórico, lo sonoro y lo performativo, pensada para dialogar con el ánade real que habita sus jardines.
Si allí la artista explora la escucha ambiental y la relación con un ecosistema vivo, en la galería esa investigación se desplaza a la pintura y a los objetos, al tiempo que abre una vía alternativa vinculada con la reinterpretación del imaginario surrealista, con Leonora Carrington como referencia clave.
Una espléndida pintora
La cita revela que Antolí es, ante todo, una espléndida pintora, con un lenguaje propio que desborda las tradicionales categorías de lo figurativo y lo abstracto. Consciente de que incluso en las formas más extremas del plasticismo no referencial persiste algún grado de resonancia simbólica, su pintura no renuncia del todo a la realidad, sino que la convoca de manera oblicua, como indicio o forma en gestación.
Sus imágenes pueden entenderse como estudios de lo latente: composiciones donde el color y el trazo aparecen con intensidad, pero cuya lectura mantiene siempre un margen de indeterminación. Más que narraciones, funcionan como partituras articuladas a través de ritmos, intensidades, pausas y repeticiones.
Algunas de las obras de la propuesta de Rosana Antolí en The Ryder.
(ABC)
También el montaje expositivo participa de esa lógica: las obras se organizan como instrumentos de una misma orquestación, en la que cada variación plástica o material contribuye a crear una experiencia que envuelve física y emocionalmente al espectador. Esa modulación se aprecia en el salto de la densidad visual de sus lienzos a una serie de pequeño formato sobre papel realizada a partir de una reducción de adormidera, una variedad de amapola.
Emergen así formas sutiles, tenues y grises, que evocan tanto las técnicas de azar controlado del Surrealismo como esa condición de lo infraleve a la que Duchamp prestó atención: variaciones mínimas de la vida cotidiana convertidas en materia artística. En estas piezas, la imagen no se impone, sino que aparece como huella, semejante a la marca que deja la cabeza al levantarse de la almohada.
En las propuestas objetuales y escultóricas, esa atención a la materia se traslada a un conjunto de elementos con fuerte carga simbólica: libros, fósiles, cables, micrófonos, cobre y, de manera cada vez más significativa en su poética, el vidrio soplado. Destaca una pieza exquisita, ‘The Hypnagogic Oscillator’, donde la transparencia, la suspensión y la delicadeza del material conviven con la aparición de un azul intensamente saturado.
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Rosana Antolí

‘The Word that Is Heard in Silence’
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Lugar:
Galería The Ryder (Madrid) -
Dirección:
Travesía de San Mateo, 4 -
Comisarios:
Lael Hines y Roberto Majano -
Clausura:
Hasta el 3 de junio de 2026 -
Valoración:
****
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Aunque la práctica de Antolí se despliega en un territorio marcadamente transdisciplinar, lo pictórico funciona como eje y punto de retorno: el lugar desde el que la artista organiza la experiencia sensible y desde el que los demás lenguajes adquieren intensidad.
