Damiano Caruso ha llegado al Giro con la serenidad de quien ya ha vivido casi todo sobre una bicicleta. El italiano, uno de esos corredores que han hecho carrera a base de oficio, resistencia y respeto dentro del pelotón, podría estar ante su última participación en la carrera de casa. Y, aun así, habla sin dramatismo. Con la calma de siempre. Con el gesto del veterano que sabe que cada salida, cada puerto y cada día de descanso cuentan más que nunca.

“Estoy bien, me encuentro bien”, explica a MARCA en este inicio del Giro. Caruso llega después de una prueba exigente como el Tour de Romandía, que le dejó buenas sensaciones, pero también desgaste. “He hecho una carrera muy dura y estoy un poco cansado de eso. Estoy disfrutando de estos días de descanso para intentar estar en la mejor condición posible para el Giro. Estoy muy confiado”, apunta.

El sueño, a estas alturas, no necesita demasiada literatura. Caruso no habla de grandes discursos ni de imposibles. Habla de ganar. De levantar los brazos una vez más en una carrera que forma parte de su vida deportiva. “Ganar una etapa, para mí, es lo máximo que puedo pedir. Ganar etapas aquí es muy importante, muy bonito”, reconoce.

A sus 38 años, el italiano sigue siendo una de esas referencias silenciosas del pelotón. Los jóvenes aprietan, el ciclismo corre cada vez más deprisa y cada generación parece llegar con menos miedo. Pero Caruso continúa ahí. Sin secretos, dice él. Sin fórmulas mágicas. “No hay ningún secreto. Solo mucho trabajo, dedicación y confianza”, resume.

Mirando al futuro

También habla con cariño de Pello Bilbao, compañero y amigo, que no está en este Giro y que también encara el tramo final de su trayectoria. “Para mí es uno de los compañeros más importantes de mi carrera. Es una gran pérdida para el ciclismo, pero la amistad que tengo con él estará para siempre”, señala Caruso, dejando una de esas frases que pesan más por cómo se dicen que por lo que aparentan.

Sobre la carrera, el italiano no se esconde. Para él, Jonas Vingegaard parte un escalón por encima del resto. “Es el favorito número uno”, admite. Aunque en el Giro, ya se sabe, nadie gana en la salida. “Vamos a ver. Nunca se sabe. Serán tres semanas”, recuerda.

Caruso empieza su último Giro sin hacer ruido, como tantas veces. Pero con un deseo claro: encontrar un día, una fuga, una llegada, una oportunidad. Y convertirla en despedida.