No todo el mundo aprecia el arte abstracto y no es necesario ser el más cuñado de la cena de Navidad para pensar “eso lo podría hacer mi sobrino” ante ciertas obras. Admito que esa postura puede llegar a ser comprensible, aunque mi tesis es que eso nunca ocurrirá viendo una exposición de Juan Pita, donde el respeto por la profesión, la perfección de acabado, la exquisita composición y el cuidado técnico obligan, cuando menos, a detenerse en las obras poniendo a trabajar a nuestro cerebro reconstructor. La prueba se puede contemplar este mes de mayo de 2026 en Construcciones, la atractiva exposición del artista en la galería Malvin (C/ Almadén, 13) de Madrid.

GALERIA MALVIN EXPO JUAN PITA web¿Saben que nuestros ojos no ven en tres dimensiones? Las imágenes 3D que estamos percibiendo en este momento mirando a nuestro alrededor son una

reconstrucción que se lleva a cabo en el interior del cráneo, en el cerebro, en un sitio donde, por cierto, no llega la luz. Se crean a partir de señales luminosas que codifica nuestra vista. Es decir, vemos con el cerebro, pero él tiene la luz apagada y se tiene que apañar con un puñado de datos que le mandan los ojos.

Para entenderlo, podemos hacer una metáfora pensando en un mapa geográfico de la sierra de Guadarrama: el sentido de la vista, en realidad, le entrega al cerebro imágenes planas, que son el equivalente a ese mapa de la sierra que recoge toda la información que necesita, como, por ejemplo, las curvas del nivel y los colores que reflejan un valle o una cumbre. Nuestra mente, con la información de un mapa que sólo tiene dos dimensiones, crea imágenes 3D que reconstruyen el mundo que nos rodea. Pero ahora nos podemos olvidar de esta divagación, aunque después volveré a ella, porque en este artículo de lo que yo quería hablar es de la pintura de Juan Pita.

 

Juan Pita, arquitecto y licenciado en Bellas Artes, comenzó en el arte abstracto en los 70. Sin embargo, después disfrutó, compaginando su carrera de arquitecto, de un largo, y tan conocido como reconocido, periplo por el arte figurativo: muchas personas adoran sus muros y tapias en pintura o grabado, a los que puntualmente regresa como si necesitase repostar en ellas.  Después, particularmente a partir de los 90, Pita fue deconstruyendo esas piedras hacia sus formas: a veces, las rocas eran todavía reconocibles flotando sobre el color. Todo ello desembocaría en sus líneas más recientes que se caracterizan por el estudio y análisis de formas puras y colores. No es de extrañar que su amigo, el periodista y crítico Miguel Ángel García Juez, lo calificara en esa época de artista poliédrico. De hecho, en sus líneas de expresión actuales, Juan Pita ha introducido y recuperado el uso y la exploración, sobre la propia pintura, de novedosas técnicas: collage, grafismos digitalizados, etcétera.

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Existen muchas razones que pueden conducir a una persona a apreciar el arte abstracto. Sin duda influyen factores de todo tipo, algunos puramente culturales como conocer su historia o haber visto mucho. O bien, tener una determinada sensibilidad a la composición o al color. Sin embargo, el mejor viaje que te puede ofrecer el arte abstracto es puramente neurológico, y la obra de Juan Pita te empuja a ello. A ese viaje está invitado todo el mundo, independientemente de si es fanático de Gombrich, del Real Madrid o un simple curioso. Volviendo a cómo funciona la vista: la reciente exposición de Juan Pita es un regalo para ella, pero no para los ojos, sino para su traducción en el interior de nuestro cráneo. Un viaje que no cualquier exposición es capaz de estimular. De la misma manera que los magos localizan los sesgos de nuestra mente y aprenden, de manera inconsciente, a identificar dónde tropieza nuestra percepción, Construcciones, la exposición de Pita, explora sensaciones desconocidas en nuestra cabeza. Los prestidigitadores detectan esos instantes en que nuestra vista se desvía o nuestra mente parpadea y aprovechan el momento para cambiar de sitio la carta, el pañuelo o la paloma. De forma análoga, el arte abstracto de Juan Pita propone una cita con lo más profundo de nuestro cerebro, esa parte que ama el arte abstracto, aunque su portador (quizá) no lo sepa. Cuando nuestros ojos miran una de las meticulosas obras de Juan Pita envían la imagen 2D al cerebro, que intenta transformar los datos de ese mapa recibido en 3D. Es imposible que lo logren, lo que ven no se parece a nada de lo que sabe traducir nuestra mente, no hay curvas de nivel reales, solo formas que invitan al cerebro a especular dejando un reguero de placer en ese reto. Veremos casas suecas planas con ventanas sugerentes, formas sinuosas, grafismos imposibles que no se sabe si están delante o detrás de un fondo, cuadros que se salen del marco, etcétera. La exposición Construcciones de Juan Pita es un estímulo único para nuestra corteza visual, esa parte de nuestro cerebro que tiene la labor de devolver a las tres dimensiones las dos dimensiones de la vista, y que encuentra en la obra de Pita un parque de atracciones. Algunas obras de la exposición podrán gustar más o menos por diversas razones, cada uno hará su recorrido personal en función de dónde venga, pero todos tenemos cerebro, y a todos, el arte de Juan Pita nos forzará a hacer un ejercicio mental de viaje dimensional tan imposible como placentero. Decía Guillermo Altares, entonces Redactor Jefe de Cultura de El País, en una crítica en que alababa la fuerza honesta de las texturas y formas en la obra de Pita, que él “no quería insinuar que Juan Pita era un artista de la pre-historia, aunque no se le podría ocurrir un mejor elogio”. Yo tampoco, aunque tiene la varita mágica para tocar en la base de nuestra mente, en nuestra parte irracional, primitiva e inconsciente, algo que sólo puede lograr el arte abstracto, pero no cualquier arte abstracto.