Con 10 ediciones a sus espaldas. ‘La isla de las tentaciones’ no deja de sorprender y en cada temporada sucede algo que nunca antes se había visto, como en la entrega de este miércoles en la que todas las chicas huyeron de su hoguera para asaltar la villa de sus parejas.

Alba, recién incorporada a la experiencia de Telecinco en sustitución de Álex y Ainhoa, fue la cabecilla: al encenderse la pantalla, la joven descubrió la vertiginosa integración de su novio, David, en el día a día de Villa Montaña, donde no solo participaba activamente en los bailes más sensuales con las solteras, sino que lideraba los juegos nocturnos. La indignación fue en aumento al escuchar a su pareja pronunciar frases como «soy un guarrito rico», «yo con Alba me aburro» o asegurar que, tras un año y cuatro meses de relación, descartaba tener hijos con ella.

Rota por el dolor, Alba echó a correr por la playa. Lejos de frenarla, el resto de las chicas decidieron sumarse a la carrera colectiva. «Me la suda todo», justificaba Leila, mientras Yuli y Mar secundaban la marcha.

La aventura concluyó a medio camino en la orilla del mar, donde una estupefacta Sandra Barneda mostraba su enfado: «Habéis aprovechado que se iba Alba y os habéis ido todas. Tenéis que respetar las hogueras». La tensión de la noche solo se vio aliviada previamente por un falso momento de pánico generalizado, cuando un supuesto roedor que asustó a las concursantes del reality de Mediaset y a la propia presentadora resultó ser, en realidad, una simple hoja arrastrada por el vieprnto.

Traiciones consumadas y rupturas definitivas

Más allá del insólito motín, la entrega de este miércoles estuvo marcada por el visionado de unas imágenes que dejan varias relaciones heridas de muerte. El golpe más severo se lo llevó Atamán. El canario, que ya intuía que Leila se había olvidado de su compromiso, tuvo que presenciar el catálogo de besos entre su novia y el soltero David, quien llegó a declarar que ya eran pareja formal, para terminar asistiendo a las escenas de sexo explícito entre ambos. Hundido, Atamán fue categórico: «No sería capaz de perdonar esto en la vida».

Por su parte, Leila experimentó en su propia hoguera la réplica de Atamán, que se ha refugiado en los brazos de la tentadora VIP, Claudia. Tras presenciar un apasionado beso entre ambos, Leila quedó completamente bloqueada, incapaz de asumir que el hombre con el que llevaba once años de relación y junto al que planeaba formar una familia estuviera actuando de esa manera bajo lo que ella tildó de «puro guarreo».

El desengaño también fue absoluto para Lucas. Aunque intentó mantener la frialdad y una actitud caballerosa, el concursante vio cómo Yuli cruzaba la línea roja definitiva al besarse en el jacuzzi con Óscar Ruiz, un soltero en quien la argentina confesó confiar más que en su propio novio. Pese a confesar tener el corazón roto, Lucas tiró de orgullo propio con un vaticinio: «No sabe el hombre que se perdió; es más, volverá».

En la hoguera de las chicas, Yuli también se enfrentó a sus propios fantasmas. Sintiéndose culpable por sus actos de la noche anterior, la desconfianza hacia Lucas aumentó al escuchar una grabación donde este insinuaba haber metido a alguien en su cama durante una noche de fiesta, lo que hizo aflorar antiguos reproches sobre incidentes pasados en Chile y estancias en alojamientos turísticos.

Para cerrar la velada, el programa introdujo nuevos elementos estratégicos. Ambos bandos conocieron la existencia de la «sombra de la tentación» a través de una silueta oculta bajo una capa roja en la pantalla. Además, se activó el collar del veto por partida doble: los chicos eligieron apartar de la convivencia durante 24 horas a Cristian, el soltero afín a Alba, mientras que las chicas optaron por aislar temporalmente a Claudia para frenar su avance con Atamán.