Belén Hernández

14/05/2026 a las 21:08h.

El cineasta salmantino Suso de la Nava ha centrado su intervención en el componente humano del cine y en el poder emocional del documental. «No soy un teórico del cine, soy más de acción», ha señalado antes de relatar algunas de sus experiencias en proyectos de marcado carácter social en la mesa «El cine como reflejo de la sociedad salmantina» incluida dentro de la IV edición de «El Alma de nuestra tierra», organizado por LA GACETA de Salamanca.

Entre ellas ha destacado un trabajo desarrollado en el Hospital de Salamanca con «Burujú, el último unicornio», donde utilizó el cine como herramienta terapéutica con niños ingresados de larga duración. Según ha explicado, participar en rodajes y salir del entorno hospitalario ayudó tanto a los menores como a sus familias a romper el aislamiento y afrontar la enfermedad desde otra perspectiva. «El cine puede ser un bálsamo para muchos sufrimientos», ha resumido.

De la Nava también ha profundizado en su forma de trabajar el documental de archivo. Ha explicado que el proceso parte siempre de la observación y de las conversaciones con personas que conservan recuerdos, materiales o testimonios desconocidos. «Escuchar abre puertas a otros datos y otras historias», ha afirmado. En ese sentido, ha confesado que una de las partes más difíciles del montaje es descartar escenas y entrevistas tras meses de investigación.

El director ha hablado igualmente de la importancia de la música en sus producciones y de cómo las propias imágenes «van guiando los sonidos». Actualmente trabaja en un documental sobre Venancio Gombau utilizando el archivo municipal y materiales impulsado por la Junta de Castilla y León.

En la parte final del coloquio ha reivindicado el valor de la tradición como fuente de originalidad artística. «Todo lo que no es tradición es plagio», ha recordado, citando una frase de Eugenio Doors, que utilizó para elogiar el cine de Gabriel Velázquez, al que definió como «emocional y atrapante».