El director de la CIA, John Ratcliffe, ha pisado Cuba este jueves. En medio de las tensiones entre La Habana y Washington, las constantes amenazas de invasión de la Casa Blanca y el asfixiante bloqueo energético al que ha sometido al país caribeño, que oficialmente se ha quedado sin diésel y sin fueloil, el jefe de la agencia de inteligencia norteamericana se reunió en la isla con representantes del Ministerio del Interior (Minint).
El aterrizaje este jueves de un el Boeing C-40B Clipper en La Habana, procedente de la base aérea de Andrews, en las afueras de Washington y utilizada para los viajes oficiales del presidente y otras autoridades estadounidenses, levantó no pocas sospechas entre los rastreadores de vuelos: el avión llegaba a la isla no solo en medio de la gran crisis que mantiene a los cubanos a oscuras, sino luego de que la Administración de Donald Trump reiterara de manera oficial su ofrecimiento de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria, que Cuba está dispuesta a aceptar.
Horas más tarde del aterrizaje del avión se despejaron las dudas: la aeronave trasladaba a La Habana una delegación estadounidense con Ratcliffe al frente, para una reunión este jueves 14 de mayo “como parte de los esfuerzos por afrontar el escenario actual”, según comunicó el Partido Comunista de Cuba (PCC).
La CIA ha confirmado, a través de un alto cargo, el viaje de Ratcliffe. También ha puntualizado que su director se reunió con Raúl Rodríguez Castro, “Raulito”, el nieto y hombre de confianza de Raúl Castro, así como con el ministro del Interior cubano, Lázaro Álvarez Casas, y el jefe de los servicios de espionaje cubanos. Durante esas conversaciones, el jefe de la Agencia Central de Inteligencia transmitió a los representantes en La Habana un mensaje personal del presidente Donald Trump, según el mencionado alto cargo de los servicios de inteligencia estadounidenses.
El mensaje “indica que Estados Unidos está dispuesto a abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad, pero solo si Cuba acomete cambios fundamentales”, según el alto cargo. Durante la reunión —ha agregado—, Ratcliffe y los representantes del régimen en La Habana abordaron “cuestiones de cooperación de inteligencia, estabilidad económica y de seguridad, todo ello bajo la premisa de que Cuba no puede seguir siendo un refugio para los adversarios de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental”, el nombre con el que Estados Unidos se refiere al continente americano.
El Minint cubano, que encabeza, entre otras cosas, el gran aparato de espionaje y de represión hacia la disidencia dentro de la isla, afirmó que las dos partes se han comprometido a “desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones”.
En la reunión, según afirman, “se pudo constatar la consistencia y congruencia en la histórica posición de nuestro país con la actuación del gobierno cubano y sus autoridades competentes, en el enfrentamiento y la condena de manera inequívoca al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones”.
A pesar de que tanto el presidente Donald Trump, como su Secretario de estado, Marco Rubio, han sostenido todos estos meses que la isla a 90 millas representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, las autoridades cubanas insisten en que en la reunión quedó evidenciado que Cuba “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas; ni existen bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio, y nunca ha apoyado ninguna actividad hostil contra EE.UU. ni permitirá que desde Cuba se actúe contra otra nación”.
Esta visita de personal estadounidense a La Habana es la segunda que se hace desde que ambos gobiernos reconocieran que estaban llevando a cabo negociaciones sobre el futuro de la isla. Durante la anterior, que tuvo lugar el 10 de abril, la delegación de Estados Unidos puso sobre la mesa varios temas como la liberación de los presos políticos, el ofrecimiento de proveer al país con internet mediante la instalación de servicios satelitales Starlink, la posibilidad desmantelar el embargo económico hacia la isla que lleva más de seis décadas, o la necesidad de mayores libertades políticas.
A pesar de que el Gobierno cubano no cumplió el supuesto ultimátum de 14 días que el de Estados Unidos impuso para liberar presos, entre ellos algunos de renombre como los artistas Luis Manuel Otero Alcántara o Maykel Osorbo, las últimas declaraciones desde Washington han sido menos aceleradas que previamente. “Les daremos una oportunidad”, dijo Rubio la pasada noche durante una entrevista con Fox News. Aun así, el cubanoamericano insistió en que su Gobierno no cree que pueda “cambiar la trayectoria de Cuba mientras este régimen siga al mando”.