La actual guerra de Irán ya ha provocado cambios estructurales cuyos efectos serán de largo plazo. Entre ellos, la búsqueda de alternativas al tránsito de productos por el golfo Pérsico y la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP. Aunque no lo parezca, ambos cambios están relacionados.
Sea cual sea el resultado final del conflicto en Irán, ha quedado de manifiesto que depender del tránsito de cualquier mercancía a través del estrecho de Ormuz ha pasado a considerarse un riesgo que hay que evitar o, al menos, mitigar. Por lo tanto, las empresas y los países afectados ya están trabajando en alternativas para evitar en la medida de lo posible el tránsito de mercancías, no solo de petróleo, a través del estrecho de Ormuz, además de buscar proveedores alternativos en otras geografías no afectadas por el bloqueo del estrecho.
Principalmente en Asia, se ha sustituido parte del consumo de petróleo y sus derivados por carbón. Adicionalmente, una parte relevante de las exportaciones de petróleo y gas que procedían del golfo Pérsico se ha sustituido por exportaciones de Estados Unidos, que ha alcanzado un récord de más de 8 millones de barriles diarios de productos petrolíferos, y de otros productores como Kazajistán, que ha incrementado sus exportaciones en medio millón de barriles diarios. China, que recibía del golfo Pérsico más del 50% de sus importaciones de GLP y nafta, ha tenido que acudir a las importaciones de estos productos de Estados Unidos para evitar paralizar la producción de plásticos en sectores muy variados. Todo ello, a costa de un inevitable incremento en los precios.
Si el estrecho de Ormuz se convierte en no fiable, los distintos países buscan corredores alternativos. Algunos de ellos ya están siendo utilizados, como el oleoducto que une el este con el oeste de Arabia Saudí hasta el puerto de Yanbu en el mar Rojo; y otros requieren de inversiones para su puesta en marcha, como el oleoducto que acabaría en Gaza, o para aumentar su capacidad actual, como el oleoducto que llega hasta el puerto de Fujairah en el golfo de Omán.
Ante la insistencia de Irán en considerarse con derecho a controlar el estrecho de Ormuz, los países del golfo Pérsico se ven incentivados a buscar alternativas, como sacar el petróleo desde los puertos israelíes o a través de los puertos de Emiratos Árabes Unidos (EAU) en el golfo de Omán. Aunque ninguna de estas alternativas es inmediata, cuando una u otra estén disponibles, la relevancia del estrecho de Ormuz disminuirá.
En esta situación, la salida de EAU de la OPEP supone un seísmo en el cártel petrolero que ha condicionado los precios del petróleo en las últimas seis décadas. Se produce la paradoja de que los países del golfo Pérsico afectados por el conflicto son todos miembros de la OPEP: Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Irán y EAU hasta hace escasos días.
A diferencia de Arabia Saudita, Irak o Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos tienen la posibilidad de dar salida a sus exportaciones de petróleo a través del puerto de Fujairah, situado en el golfo de Omán, evitando el paso por el estrecho de Ormuz. EAU cuenta con una significativa capacidad para incrementar su producción y posibilidad de realizar inversiones que lo permitan.
EAU, nada más confirmar su salida de la OPEP, ha anunciado inversiones por 55.000 millones de dólares en proyectos petrolíferos para el periodo 2026-2028 y prevé un incremento de las inversiones hasta los 200.000 millones de dólares en los próximos dos años. Pretende invertir en nuevos oleoductos, en la mejora de los puertos y de la logística necesaria para dar salida a un mayor volumen de exportaciones petrolíferas. Su objetivo es satisfacer la creciente demanda energética global, a la vez que refuerza su propia base industrial.
No es casualidad que la decisión de EAU de abandonar la OPEP coincida con las negociaciones que está manteniendo con la Secretaría del Tesoro de EE. UU. para obtener una línea de swaps en dólares. EAU cuenta con reservas de 300.000 millones de dólares en su banco central y con un fondo soberano de 2 billones de dólares. Aun así, negocia una línea de swaps en dólares para solventar la necesidad de liquidez en dólares y evitar tener que vender sus activos en dólares, como los bonos del Tesoro estadounidense.
Cabe recordar que en 2018 Trump manifestó ante la Asamblea de la ONU: «Las naciones de la OPEP y la OPEP están, como de costumbre, estafando al resto del mundo, y no me gusta. A nadie debería gustarle. Queremos que dejen de aumentar los precios, queremos que empiecen a bajar los precios». Es evidente que la salida de EAU de la OPEP es del agrado de EE. UU. y que supondrá una presión a la baja a futuro sobre los precios del petróleo.
De momento, la incertidumbre sobre la situación en el estrecho de Ormuz está perjudicando especialmente a Asia y, en menor medida, a Europa. Las cadenas de suministro tardarán en normalizarse. Aun así, lo mismo que sucedió con los problemas en las cadenas de suministro globales durante los confinamientos del covid o con la pérdida de la mayor parte del suministro de gas desde Rusia tras el inicio de la guerra en Ucrania, el mundo y la economía acaban adaptándose ante la nueva situación.
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