Sevilla tiene un color especial. Y para la banda de Berlín aún más. Si de algo puede presumir ‘Berlín y la dama del armiño’, la nueva entrega de este exitoso ‘spin-off’ de ‘La Casa de Papel’, es de ser una carta de amor a la ciudad hispalense, respetando los colores (y, admitámoslo, incluyendo también algún cliché) de la capital andaluza. Esos que han enamorado a numerosas personalidades, desde el Prosper Mérimée de ‘Carmen’ al Blasco Ibáñez de ‘Sangre y Arena’.

El diseño de producción es tan espectacular (marca Netflix) como rápida y veloz es la trama, que esta vez tiene que ver con una misión que parece pan comido para el personaje al que da vida Pedro Alonso. Se trata del robo de una obra de arte (de Leonardo Da Vinci, nada menos) encomendado por el duque de Málaga, un potentado sevillano, con alma de ladrón y una mujer de belleza pluscuamperfecta (Marta Nieto en un registro bastante insólito en su carrera). Por supuesto, habrá traiciones, dobles intenciones y mucha acción.

Esta vez, además, también se explora el drama e incluso se ahonda en la relación entre Berlín y su hermano, el Damián encarnado por Tristán Ulloa.

La banda, lista para un nuevo golpe. (Netflix)

Como ocurría en ‘Berlín y las joyas de París’, los recursos narrativos están milimétricamente diseñados para que el espectador no se aburra en ningún momento: la voz en off que explica de dónde vienen algunos personajes y ciertas acciones mientras estas tienen lugar (sobre todo en las secuencias de carretera); el uso de canciones o música acompañando el ir y venir de los personajes y el montaje rítmico que toma inspiración de ‘Ocean’s Eleven’ o de la propia ‘Casa de Papel’.

Pedro Alonso vuelve a su personaje más conocido. (Netflix)

Frente a los giros de guion, a menudo excesivos y algo locos, o de la aparición de dramas forzados entre las píldoras de comedia ‘de guante blanco’, es innegable que este ‘Berlín’ provoca un disfrute visual al que no es ajeno el talento de un reparto ya experto en estas lides y estos robos.

Vuelven Michelle Jenner (atentos al flashback que explica, en el primer capítulo, sus vaivenes amorosos), Joel Sánchez, Julio Peña o Begoña Vargas. Y todos ellos parecen estar pasándoselo muy bien, con una energía que acaba contagiándose al espectador.

Inma Cuesta, andaluza y guerrera en ‘Berlín y la dama del armiño’. (Netflix)

Pero si hay una nueva presencia especialmente agradecida es la de Inma Cuesta. La actriz muestra sus mejores armas para encarnar a Candela, una carterista arrolladora y con un carácter de mil demonios. Además, su química con Pedro Alonso es explosiva, de las que hacen de la guerra de sexos un deleite para el fan de este universo.

Los escenarios sevillanos, parte del atractivo de esta temporada. (Netflix)

Desde el momento en el que aparece tirando la ropa de alguien (no haremos demasiado SPOILER) por la ventana a ese otro en el que entona una canción de María Jiménez, lo suyo es puro carisma.

Docta en el drama o en la comedia, en muchos momentos de la serie basta con mirarla para que nos compense cualquier irregularidad de una ficción que tiene entretener como prioridad absoluta.

Berlín y el duque de Málaga, para el que tiene que trabajar. (Netflix)

Si a ese cóctel le añadimos la picaresca del propio Pedro Alonso, tenemos como resultado una postal turística de Sevilla (por no hablar de Donosti o de Peñíscola, que también aparecen en todo su esplendor) y una de esas series cuyos ocho capítulos se devoran del primero al último. Si la vara de medir es el enganche y la fluidez narrativa, ‘Berlín’ es un verdadero éxito.

Sevilla tiene un color especial. Y para la banda de Berlín aún más. Si de algo puede presumir ‘Berlín y la dama del armiño’, la nueva entrega de este exitoso ‘spin-off’ de ‘La Casa de Papel’, es de ser una carta de amor a la ciudad hispalense, respetando los colores (y, admitámoslo, incluyendo también algún cliché) de la capital andaluza. Esos que han enamorado a numerosas personalidades, desde el Prosper Mérimée de ‘Carmen’ al Blasco Ibáñez de ‘Sangre y Arena’.