Sepp Kuss sonríe tranquilo en las primeras etapas del Giro de Italia. Sin hacer ruido, sin levantar demasiado la voz, pero dejando claro que ha llegado con buenas sensaciones y con la ilusión intacta. El estadounidense habla con MARCA en este arranque de la corsa rosa, donde vuelve a ejercer como uno de los hombres de máxima confianza de Jonas Vingegaard y donde ya empieza a mirar de reojo el terreno que siempre le favoreció: la montaña.

“Estamos con ganas en este Giro y con un buen equipo, con un buen líder… no puedo pedir más”, explica Kuss en declaraciones a este medio durante los primeros días de carrera. Y viendo el recorrido, sonríe todavía más. “Los primeros días no son de mucha montaña, pero a partir del viernes ya sí llega ese terreno», avisa.

El Blockhaus de este viernes aparece ya marcado en rojo. Una de esas etapas capaces de empezar a mover la general. Aunque Kuss prefiere rebajar la euforia y recuerda que todavía habrá muchas piernas frescas. “Es una etapa larguísima y difícil de controlar. En el puerto final se puede sacar una ventaja importante, pero depende mucho de los rivales y de cómo llegue cada uno”, analiza. “En principio todo el mundo va a llegar bastante fresco a aquella etapa”.

Kuss también tiene palabras para Vingegaard, al que vuelve a acompañar en una grande tras meses complicados para el danés. Y cuando se le pregunta por su propio nivel y por la posibilidad de volver a ser aquel corredor decisivo que maravilló hace dos temporadas en las montañas del Tour, el estadounidense deja una reflexión interesante sobre la evolución del ciclismo moderno.

Mirando al futuro

“Siempre he tenido ese nivel”, asegura. “Lo que pasa es que el nivel global ha subido muchísimo y ahora es más difícil destacar esas cualidades”. Una frase que resume bastante bien el vértigo actual del pelotón: vatios desorbitados, etapas cada vez más agresivas y menos margen para esconderse.

Aun así, Kuss se siente preparado. “Me encuentro bien y ojalá pueda apoyar a Jonas en los momentos más importantes”. El estadounidense no promete exhibiciones ni ataques lejanos. Tampoco necesita hacerlo. En las grandes vueltas, muchas veces su mejor versión aparece cuando la carretera empieza a vaciar a los demás.