Madrid
Ingrid Bergman fue una de las actrices más populares de su generación. A lo largo de su trayectoria, la sueca protagonizó películas que pasaron a la historia como Casablanca, Encadenados y Luz que agoniza y ganó un total de tres premios Óscar, con los que la Academia puso en valor su gran versatilidad. Sin embargo, todo estuvo a punto de irse al traste por culpa de su romance con el director italiano Roberto Rossellini. Un amor prohibido por aquel entonces que acabó convirtiendo a Bergman en una persona non grata en Estados Unidos durante una década, obligándola a dejarlo todo para comenzar una nueva vida en Italia.
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Un tema sobre el que hemos hablado en el último programa del Sucedió una noche, en el que te contamos la intrahistoria de este romance furtivo y las consecuencias que acabaría teniendo para la actriz: «El romance entre Ingrid Bergman y Roberto Rossellini se convirtió en uno de los escándalos amorosos más famosos de la historia de Hollywood. En la América de la caza de brujas, obsesionada por la moral, la noticia de la infidelidad cayó como una bomba. Ingrid recibía cartas todos los días insultándola o mandándola a la hoguera como a su personaje de Juana de Arco».
«Fue crucificada por ser sincera»
Así lo recuerda José Ferrer, quien trabajó con la actriz para la película Juana de Arco: «Cuando Ingrid, con su tremenda honestidad, se enamoró de Rossellini y declaró que ya no podía vivir con su marido porque amaba a otro hombre, fue puesta en la picota. La Virgen María de las películas había traicionado la imagen que se había construido de ella y fue crucificada por ser sincera y honesta como siempre había sido».

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Tras ver la película Roma, ciudad abierta, Bergman le escribió al director Roberto Rossellini expresándole su deseo de trabajar con él. Un año más tarde, durante el rodaje de la película Stromboli, ambos iniciaron un romance a pesar de que estaban casados con otras personas. Una polémica que fue a más cuando se dio a conocer que Bergman se quedó embarazada de Rossellini antes de divorciarse oficialmente del que por aquel entonces era su marido. Y la respuesta no tardó en llegar. La situación llegó a ser tan extrema que incluso un senador americano emitió un comunicado acusando a Rossellini de ser el apóstol de la perdición.

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El perdón de Hollywood
A partir de entonces, Estados Unidos levantó un veto no oficial a las películas de Ingrid Bergman durante cerca de una década. No fue hasta varios años más tarde, concretamente hasta 1956, cuando el director Anatole Litvak le ofreció el papel principal en la película estadounidense Anastasia (1956). Una actuación tan magistral que le permitió volver a Estados Unidos por todo lo alto y ganar su segundo Óscar a la mejor actriz en el año 1957.
Sin embargo, la actriz prefirió no acudir a la gala por miedo al rechazo. En su lugar acudió Cary Grant, quien salió a recoger el premio y a celebrar el gran trabajo de una actriz que, años más tarde, ganaría su tercer Óscar (en esta ocasión como actriz de reparto) tras su buen hacer en Asesinato en el Orient Express.