La arquitectura, cuando se despoja de lo superfluo, recupera su capacidad de emocionar a través de los elementos más esenciales: la geometría, la luz y su sombra y la materia: la tierra, el agua, los árboles. Bajo esta premisa, el arquitecto alicantino Alfredo Payá ha logrado situar su Pabellón de Servicios y Alberca en Tibi como uno de los 25 proyectos finalistas de los prestigiosos Premios Arquitectura 2026 organizados por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE).
En una edición que ha contado con más de 500 proyectos, de los cuales 200 propuestas seleccionadas por comités expertos, esta pieza de apenas 70 metros cuadrados ha destacado por su capacidad para dialogar en igualdad de condiciones con grandes obras, demostrando que no hay intervención menor cuando el rigor y el «cariño» se imponen sobre el espectáculo.
La filosofía que subyace en esta obra es una búsqueda de potencia visual mediante la contención. En un gran bancal de la montaña de Tibi, en la montaña de Alicante, rodeado de pinos, olivos y almendros, el arquitecto ha proyectado una parábola de hormigón que «abraza el recinto de alguna forma y se relaciona con el paisaje».

«En el fondo es como un muro gordo que contiene todas las piezas de servicio, un par de baños, un vestuario, un lavadero. La estrategia es que parezca que prácticamente es como un muro , pero que en su interior contenga todos esos servicios», explica el fundador de Noname29, el reconocido estudio de arquitectura de Payá.
Así pues, esta figura geométrica pura no es un capricho formal, sino una estrategia para integrar las piezas de servicio evitando la presencia de elementos fragmentados que ensucien la lectura del paisaje. «El secreto está en la propia geometría; recurrir a una figura pura como la parábola es lo que le da potencia visual siendo una pieza pequeñísima», añade el arquitecto.
La estructura parabólica va reduciendo su altura conforme se acerca al agua, continuando su descenso en el interior de la propia alberca para generar una armonía total entre la construcción y el elemento líquido.
Uno de los ejes centrales de esta intervención es la simbiosis entre lo construido y lo vivo. Todo el proyecto se organiza en torno a un nogal de 50 años que preside el bancal y que se convierte en el foco geométrico real sobre el que se traza la parábola. Este árbol es el que genera la sombra y el sentido de lugar, vinculando la obra con la tradición de respetar las trazas previas del territorio. ««Ese nogal es el que genera todo, porque está en el eje de la parábola, es el foco sobre el que se traza esa figura geométrica», explica el arquitecto.
Esta sensibilidad material se traslada también a la ejecución. Payá utiliza el hormigón como material único, reaprovechando incluso las tablas de los encofrados para fabricar el mobiliario y las divisiones interiores, en un ejercicio de optimización de recursos y pureza constructiva que busca fundir la arquitectura con la tierra.
Este compromiso con el entorno se vincula directamente con el interés de Payá por la recuperación de la vida rural y el impacto de la arquitectura en zonas poco habitadas. Su trabajo en Tibi no es nuevo. Ya hace años proyectó en la misma zona la conocida como Casa de la montaña, una vivienda de piedra que surge del propio paisaje de bancales aterrazados típicos de Alicante. Al igual que en el pabellón finalista, aquella obra buscaba «habitar un bancal», aprovechando las terrazas de piedra existentes para introducir el espacio habitable y envolverlo de tierra.
«Son operaciones de un profundo respeto por el paisaje; es una casa que quiere no ser casa, que quiere fundirse con el entorno», concluye Payá sobre una trayectoria que entiende la arquitectura no como un objeto impuesto, sino como una extensión natural del territorio.
A lo largo de su trayectoria, Alfredo Payá ha consolidado un prestigio internacional respaldado por galardones de máximo nivel, entre los que destacan el Premio FAD de Arquitectura 2019 por el IES Playa Flamenca y su condición de finalista en el prestigioso Premio Mies van der Rohe por el Museo de la Universidad de Alicante (MUA). Sin embargo, ser finalista de este premio es un reconocimiento que el arquitecto valora de forma especial por el origen de la distinción.
«Me parece bastante bonito un premio que te dan tus propios colegas… son premios a la profesión«. Para el arquitecto, el valor reside en que no son galardones de corte comercial, sino un reconocimiento al trabajo bien hecho, resultando para él «especialmente sugerente o bonito» que una obra de tan pequeña escala haya sido valorada frente a grandes proyectos nacionales.
La gala de entrega, que se celebrará el próximo 9 de junio en Madrid, podría otorgarle uno de los seis galardones basados en valores, como el Premio Nueva Bauhaus, que aúna sostenibilidad e inclusión con valores artísticos, o el Premio Profesión.