Un rayo láser lanzado desde tierra ha permitido detectar señales químicas de lo que los investigadores, en un artículo publicado en Advances in Space Research, definen como “un cementerio sobre nuestras cabezas”. Un problema que ha crecido exponencialmente en los últimos años y que podría ser aún peor en el futuro próximo.
La técnica utilizada se basa en el LiDAR, un sistema de teledetección que emplea haces láser para medir distancias, movimientos y partículas en tiempo real. Su aplicación a la reentrada de satélites y cohetes abre una nueva vía para estudiar cómo los restos espaciales se desintegran al rozar las capas altas de la atmósfera terrestre.
El caso que ha encendido las alarmas se registró entre el 19 y el 20 de febrero de 2025, cuando los científicos detectaron una nube de litio en la atmósfera superior con una concentración 10 veces mayor a lo habitual. El análisis posterior relacionó esa masa de aire con la reentrada de una etapa superior de un Falcon 9 de SpaceX, situada al oeste de Irlanda.
Basura espacial en la atmósfera
El hallazgo no describe un fenómeno aislado, sino una señal de cómo la actividad humana en órbita empieza a modificar zonas poco visibles del planeta. Según explicó Michael Gerding, científico del Instituto Leibniz de Física Atmosférica, «el litio es una especie crucial para investigar los impactos antropogénicos en la atmósfera media por su amplio uso en la industria espacial».
La preocupación científica se centra en la ablación, el proceso por el que los materiales de satélites, cohetes y otros restos espaciales se vaporizan durante la reentrada. Ese material no desaparece sin más: parte de sus componentes queda incorporado a la mesosfera y a la termosfera inferior, dos regiones clave para comprender la química de la atmósfera alta.
Los investigadores del instituto alemán ya trabajan con un nuevo sistema LiDAR multicanal capaz de buscar diferentes sustancias asociadas a la basura espacial. Entre los materiales señalados figuran cobre, óxido de aluminio y fluoruro de hidrógeno, elementos que en esas altitudes suelen aparecer solo en cantidades muy reducidas.
Un riesgo que puede crecer
Robin Wing, también investigador del instituto, explicó que el nuevo equipo está todavía en fase de mejora: «Hemos realizado mediciones de prueba y actualmente estamos mejorando algunos subsistemas». Uno de los primeros objetivos será rastrear el cobre mediante un canal diseñado para buscar de forma sistemática restos de componentes espaciales.
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R. Badillo
El aumento de lanzamientos y de megaconstelaciones de satélites convierte este fenómeno en una cuestión cada vez más relevante. El estudio liderado por Leonard Schulz, de la Universidad Técnica de Braunschweig, advierte de que los residuos espaciales introducen una cantidad significativa de materia en la atmósfera y pueden generar efectos todavía inciertos sobre la capa de ozono y el hábitat humano.