Hace solo un año, la etapa de Nápoles, también la sexta del Giro, desató el caos en el pelotón. Varios de los favoritos cayeron, incapaces de mantener el equilibrio en un asfalto resbaladizo, ingobernable tras las lluvias torrenciales de la noche, y uno de ellos, Jai Hindley, vencedor de la corsa rosa en 2022, tuvo que abandonar a causa de una conmoción cerebral.
Bien diferente pinta todo un año después. Bajo un sol cegador a orillas del Mediterráneo, el grupo rueda plácidamente hasta llegar, ya con cielo grisáceo, a los pies del Vesubio, y allí, en la ciudad que rinde culto a Maradona, Sorrentino y la pizza —el arte del pizzaiuolo napoletano está reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad—, todos tensan los músculos y zarandean el manillar sobre la sal impregnada en los adoquines, el mar como telón de fondo.
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Se van al suelo, de repente, en la última curva, los grandes velocistas del Giro, todos salvo Paul Magnier, que milagrosamente salva el percance. No corre la misma suerte Orluis Aular, venezolano del Movistar, que cae y se queja del codo, magullado, y solo es capaz de alcanzar la meta remolcado minutos después por su compañero Iván García Cortina.
Descartados los hombres más rápidos, aparece Davide Ballerini, zorro viejo. “He visto la caída en el último giro, he salido de allí en buena posición y me he dicho, tira, tira hasta la meta y no mires atrás”, apunta victorioso en meta. “Venía al Giro a ganar una etapa, pensaba cada día en ello, pero sinceramente, la de hoy no estaba en mis planes. He trabajado mucho para conseguir esto, y con lo de hoy, con cómo se ha dado, queda demostrado que el ciclismo te sonríe cuando menos te lo esperas”.
En la piazza del Plesbiscito, nombre con el que se conmemora la anexión de las Dos Sicilias al Reino de Italia en el año 1860, el italiano del equipo Astana, doble vencedor ya en este Giro tras el triunfo y consecuente rosa del uruguayo Thomas Silva, se impone a otro veterano, Jasper Stuyven, segundo, y sonríe, esta vez lejos del puerto, deslucido final de las últimas ediciones, para alzar los brazos en el corazón de Nápoles, flanqueado por el Palazzo Real y la Basilica di San Francesco di Paola, inspirada en el Panteón de Roma.
La volata acerca al pelotón a los Abruzos, donde ya aguarda el Blockhaus, durísimo examen —13,6 kilómetros al 8,4% de pendiente media— que pondrá a cada ciclista en su sitio en la etapa de este sábado, la más larga del Giro de Italia (244 kilómetros).
Etapas
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4 Catanzaro – Cosenza
Jhonatan Narváez Prado
UAD138 Km
Mar 12-Mayo
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5 Praia a Mare – Potenza
Igor Arrieta Lizarraga
UAD203 Km
Mié 13-Mayo
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6 Paestum – Nápoles
Davide Ballerini
XAT141 Km
Jue 14-Mayo
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7 Formia – Blockhaus
244 Km
Vie 15-Mayo
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8 Chieti – Fermo
157 Km
Sáb 16-Mayo