“Es que estoy muy enfadado, no sé si debería hablar”, dice Rafael Benavent. Él es delegado de CSIF y profesor en el IES Consuelo Aranda de Alberic. Habla con una compañera, sin soltar la pancarta, de cómo han perdido ya 1.200 euros en lo que llevamos de semana tras cinco días de huelga indefinida que hoy han llegado a su cenit tras la falta de acuerdo ayer con la Conselleria de Educación. “Estamos hasta las narices, la propuesta que nos hizo ayer no es de recibo”, dice.

Su voz se nota cansada, pero no físicamente. Su torrente de voz se eleva entre los pitos, batucadas y gritos de todo tipo, muchos de ellos contra la consellera de Educación, Carmen Ortí: “Ortí, escucha, esto es una revuelta” o “consellera, dimisión” copan los cánticos. También hay pancartas para llamar a la generación Z como “Six-seven alumnos menos por aula”, en referencia al viral dicho de las redes sociales y cánticos versionando a cantantes como Bad Bunny: “Por la mañana, papeleo, por la tarde reunión, estoy hasta el moño de esta Educación”.

Mientras, la ministra de Universidades y secretaria general del PSPV, Diana Morant, se acerca con una sonrisa de oreja a oreja a saludar a los representantes sindicales que encabezan la marcha, pero pronto se desvanece en la multitud. Al poco, aparece la portavoz de Compromís en el Ayuntamiento, Papi Robles, quien también se aparta tras saludar a Ana García, secretaria general de CCOO PV, y Tino Calero, secretario general de UGT PV. También se dejaran ver por la manifestación Mónica Oltra y Joan Baldoví, pero no juntos, cada uno por su lado.

Era imposible calcular a simple vista los 35.000 profesores congregados, según datos de Delegación de Gobierno, que forman una columna humana que que les ha congregado antes de dar comienzo a la marcha a las doce del mediodía desde la plaza San Agustín hasta el inicio de la calle Colón. A las 12:00, la multitud hace que a la cabeza de la manifestación le cueste arrancar, atrapada en medio del gentío. “Segundo intento, avanzamos”, grita Marc Almela, portavoz de Acción Sindical de STEPV, el sindicato mayoritario, en lo que parece un símil con las negociaciones con Educación. Esta vez comienzan a caminar, aunque más lento que una procesión. La banda de música que encabeza la manifestación acompaña con un ritmo de cortejo fúnebre, precedidos por un centenar de profesores de negro con un féretro.

A las 13:15, el féretro que encabeza la manifestación llega a la plaza del Ayuntamiento y da caza a la cola de la manifestación, todavía sin dar un paso, ante unos exasperados profesores que llevaban dos horas sin avanzar. Muchos se plantean si no sería mejor recortar por el paseo de Ruzafa para ir a una plaza del Ayuntamiento que se abarrota cuando empiezan a caer las primeras gotas del cielo encapotado de Valencia: «No nos parará la lluvia», grita una portavoz, amplificada por siete grandes altavoces que resuenan entre la multitud.

Sin datos oficiales de participación en la manifestación de Valencia, Educación ha anunciado un 35,64% de seguimiento de la huelga indefinida en toda la Comunitat Valenciana a las 13:00 horas, un 15% más que ayer. Un dato que sube al 39,64% en Valencia, 36,53% en Castellón y 30,64% en Alicante.

El enfado es palpable entre los miles de profesores, que esperaban ayer jueves un gesto de la Conselleria y no un documento sin propuesta salarial más allá de los 1.025 euros brutos al año repartidos entre los tres próximos años ofrecida la semana pasada.

En las pancartas se ven de todos los municipios: Banyeres de Mariola, Pedreguer, Torrent, Algimia d’Alfara, Sagunto, Benicarló e incluso Morella del IES Els Ports, el último pueblo al norte de la Comunitat Valenciana. De allí han venido una decena de profesores y les ha costado “unas tres horas llegar”.

Una profesora que prefiere no revelar su nombre lleva allí desde 1991 y es la primera vez que vienen a una manifestación educativa a Valencia y llevan casi dos horas parados frente a la plaza de Toros. “Las relaciones con los alumnos son muy personales, algunos padres nos han dado ánimos”, relata.