Cannes
La frase de esculpir el tiempo, con la que Tarkovski defendía un cine espiritual y ético, cobra todo el sentido en Soudain, el nuevo filme del director japonés Ryusuke Hamaguchi, que ha dejado atrás los silencios habituales de su filmografía para centrarse en la conversación, en la palabra, en el diálogo. Con estos elementos firma una monumental película sobre la vida y la muerte, a través de las reflexiones de dos mujeres que se conocen de repente, cuya amistad pone en duda todo un sistema político y social, el capitalismo.
Soudan es la tercera de sus películas que compite en Cannes, después de Asako y de Drive my car, con la que ganó el premio a mejor guion en 2021. El diálogo es, como decimos, la base de una película en la que adapta Soudain, je me sens mal (Kyū ni guai ga waruku naru), un ensayo coescrito por Maoko Miyano, filósofa que luchó contra un cáncer terminal, y la antropóloga Maho Isono. Para ello, el director recurre a un encuentro entre dos culturas, la japonesa y la francesa, y decide ubicar la conversación en torno a una residencia de ancianos en París.
Esa diferencia cultural que emerge en la película sin desatar conflicto tiene que ver con algo que explicó en Elogio de la sombra el escritor japonés Junichiro Tanizaki, donde hablaba de cómo Occidente había minado la oscuridad centrándose solo en la luz. Mientras que la cultura oriental había devenido en una defensa de la sombra como belleza. Ese abrazo a la oscuridad, entendida aquí como la muerte y representada con dos escenas donde las protagonistas atraviesan un túnel, es el centro del viaje de estos personajes que ha transportado de la realidad a la ficción el director.
La actriz belga Virginie Effira es la directora de una residencia de ancianos en París que se encuentra en pleno proceso de cambio hacía un modelo más inclusivo, más moderno y abierto. En medio de quejas de enfermeras y trabajadores, con un ritmo de trabajo agotador, esta mujer trata de sobrevivir a una rutina cada vez más agobiante. Como en muchas de sus películas, por ejemplo en ‘La ruleta de la fortuna y la fantasía’, los encuentros fortuitos cambian la dirección vital de sus personajes. Aquí, esta mujer al borde de un burn out se encuentra, de repente, con un niño con autismo, al que socorre, y conoce a su abuelo, el actor japonés Kyozo Nagatsuka, y a la directora de la obra de teatro que representa, Tao Okamoto, quien la invita a ver esa representación. Es ahí, mediante la ficción, cómo se revela su propia vida, al tiempo que empieza una amistad con la autora, una mujer que está muriéndose de cáncer. El teatro, de nuevo, como elemento clave en la narración. Igual que con Chéjov en Drive my car, aquí el teatro dentro del cine funciona como espejo: los personajes se confrontan a sí mismos.
Tres horas de película en las que el director, igual que en Happy Hour, donde nos sumergía en una clase de yoga, se toma su tiempo para retratar lo cotidiano. Con serenidad y delicadeza, el japonés levanta una historia de amistad, de reflexión filosófica sobre la vida que llevamos y la que queremos llevar en el futuro. Lo hace desde lo más pequeño, pero lo que está diciendo es que hay una posibilidad de salvarnos, de cambiar el modelo, no solo de nuestra vida individual; sino de cómo nos organizamos socialmente.
De ahí que esta residencia de ancianos, que se rige por la Humanitud, un método que cambió la manera de enfrentar los cuidados en el ámbito médico, centrándose en el paciente, una especie de utopía realizable. El director, que rueda por primera vez en Francia, combinando su idioma natal con el francés, rodó en una residencia real, con pacientes reales. Como ocurre en la historia que vemos en la gran pantalla, el rodaje les cambió su forma de vivir y sentir en esa última etapa de sus vidas.
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Fotograma de Hamaguchi / cEDIDA
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Fotograma de Hamaguchi / cEDIDA
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Hamaguchi vuelve a hacer que la cámara pase desapercibida, con su ritmo pausado y dejando que las escenas se tomen su tiempo, es así como emergen progresivamente las emociones. Todo ello, haciendo que las interpretaciones rocen lo natural y se acerca de manera elegante y delicada a mostrar el cuidado de los ancianos, las duchas, las comidas, los ejercicios… Sabe sacar hasta momentos de humor para retratar precisamente ese «de repente» al que hace alusión el título. Ese instante impredecible en el que la vida cambia.
Las reflexiones de las dos mujeres, que empiezan una amistad serena y admirable, no versan sobre el pasado, no hay lamentos por una vida no cumplida, ni tampoco ese espíritu desenfrenado que suele acompañar los relatos cinematográficos sobre los últimos días de una vida. Esta es una película sobre el presente, sobre cómo cambiarlo para que haya otro futuro. Soudain es una nueva utopía, que reflexiona sobre Marx y sobre los límites del capitalismo. Lo hace, sobre todo, en esa estupenda escena en la que ambas, la filósofa y la antropóloga, indagan en cómo superar el capitalismo con una pizarra.
Historias paralelas, Farhadi juguetea con el cine de espías y la autoficción
Si Hamaguchi rueda por primera vez en francés, en esta coproducción, el iraní Asghar Farhadi hace lo propio en Historias paralelas, película que ha rodado en París, donde vive exiliado desde 2023. Una revisión del capítulo seis de El decálogo de Krzysztof Kieślowski, cuya banda sonora ha mantenido. Del resto, ha cambiado bastante de esa historia sobre una obsesión. Aquí también hay obsesiones, pero la reflexión va por otro lado.
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CANNES (France), 14/05/2026.- (L-R) India Hair, Isabelle Huppert, Asghar Farhadi, Catherine Deneuve arrive for the premiere of ‘Parallel Tales’ (Histoires Parallele) during the 79th annual Cannes Film Festival, in Cannes, France, 14 May 2026. The film festival runs from 12 to 23 May 2026. (Cine, Francia) EFE/EPA/SEBASTIEN NOGIER
/ SEBASTIEN NOGIER
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CANNES (France), 14/05/2026.- (L-R) India Hair, Isabelle Huppert, Asghar Farhadi, Catherine Deneuve arrive for the premiere of ‘Parallel Tales’ (Histoires Parallele) during the 79th annual Cannes Film Festival, in Cannes, France, 14 May 2026. The film festival runs from 12 to 23 May 2026. (Cine, Francia) EFE/EPA/SEBASTIEN NOGIER
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Es inteligente que aquí quien observa sea una mujer, una escritora en bata y algo excéntrica, que interpreta Isabelle Huppert. Una autora que espía a los vecinos de enfrente para inspirarse para su nueva novela y de los que inventa una historia de cuernos y amoríos. Son Virginia Effira, Vincent Cassel y Pierre Niney. Todo se enreda más, cuando aparece un refugiado, al que da trabajo como asistente la escritora y que suma al espionaje y a la obsesión. Con todo este enredo, el director busca trazar un relato sobre el poder que la ficción puede causar en nosotros, sobre quién puede escribir y quién ser escrito, pero también sobre la obsesión y sus límites.

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Farhadi contrapone tres planos de una misma realidad, lo que ocurre, lo que se escribe y lo que se imagina y lo hace demostrando que es uno de los grandes narradores. Sin embargo, se embarra a lo largo de la narración que se vuelve algo culebronesca y caricaturizada y yerra en el tono, que no acaba de ser ni thriller juguetón, ni drama moral. Quizá el momento más inteligente es la escena en que Huppert discute con su editora, Catherine Deneuve. En ella, le dice que esa historia que ha escrito es cursi, algo que choca con el propio espectador que está asistiendo a esa intriga.
No es la primera vez que el director rueda en Europa, pero sí la primera que lo hace forzado por su condición de exiliado. En 2013 rodó en Francia El pasado, sobre una pareja de exiliados iraníes. En 2018 rodó en España Todos lo saben, con Penélope Cruz y Javier Bardem. Sin duda, esta Historias paralelas está más cerca de estos títulos que de la maestría de sus grandes obras, como Nader y Simín o Un héroe.