Joaquín Sorolla es el pintor valenciano más reconocido en la actualidad. Una prueba de ello la deja la importancia de la cesión de piezas del artista que la Hispanic Society hará a València o el viaje -de Asia a París- que algunas de sus obras realizarán también en los próximos meses. No obstante, antes de que el ‘pintor de la luz’ alcanzara ese lugar de privilegio en el imaginario colectivo, otra figura -tres siglos y medio anterior- como Joan de Joanes gozó de ese máximo reconocimiento dentro del arte valenciano. Porque existen «ciertas afinidades» entre ambos que dan lugar a ese «popularidad y arraigo común» que los hace colocarse en un lugar preferente. O así lo defiende el director del Museo Nacional del Prado, el valenciano Miguel Falomir, en el prólogo de ‘Joan de Joanes, mite del Renaixement’ escrito por Albert Ferrer, Estefanía Ferrer y Concepción Ferragut y publicado este año por Editorial Afers.
En las primeras páginas de este título, el máximo dirigente de la pinacoteca nacional destaca los vínculos compartidos entre los dos artistas. El primero, un «irresistible éxito en vida consolidado en una innata capacidad para conectar con la sensibilidad de sus contemporáneos». Junto a ello, Falomir destaca también la «sorprendente facilidad por la pintura» de ambos o su «abrumadora influencia posterior que ha sumido generaciones de artistas valencianos en una especie de angustia de las influencias». Unas «similitudes», eso sí, que no han evitado otra circunstancia. Y es que la eclosión de Sorolla como ‘tótem’ del arte valenciano «en las primeras décadas del siglo XX coincidió con el inicio de la decadencia de Joanes en términos de fama y prestigio», remarca el director del Prado.
Un análisis «inteligente»
Esa equivalencia como máximos exponentes del arte valenciano que hace Falomir la comparte también Albert Ferrer, quien en declaraciones a este diario lo ve como un análisis «muy inteligente» añadiendo sobre estas similitudes que igual que «Sorolla dejó un reguero de seguidores, Joanes [apelativo que data del siglo XIX, ya que en el momento de su popularización se le conoció con su nombre en latín, Ioannes] también lo hizo». Sin embargo, «como estos no alcanzaron nunca la calidad ni de Sorolla ni de Joanes, aunque han contribuido a popularizar sus obras, a la vez, y eso le ha pasado con el paso de los siglos a Joanes, también han desvirtuado su legado», recalca al respecto.
Pese a estas conexiones, el director del Prado deja en el prólogo su preferencia por Joan de Joanes por, entre otras razones, «su condición de primer artista en la historia del arte valenciano. No digo que sea el mejor, ni que antes de él no hubiera habido pintores, escultores o arquitectos de enorme valor y talento, lo que afirmo es que fue el primer artista percibido como tal por sus contemporáneos, que lo elevaron pocas décadas después de su muerte al panteón de hombres ilustres valencianos y fue el primero también que quisieron asimilar y emular colectas posteriores como Francesc Ribalta en el siglo XVII o Marià Salvador Maella en el XVIII». «Joanes es nuestro primer ‘clásico'», afirma Falomir en la ‘presentación’ de un libro en el que se destacan algunas claves para interpretar la obra de Joanes en las que «hasta ahora apenas se había puesto el acento».

El libro ‘Joan de Joanes, mite del Renaixement’. / Levante-EMV
Sobre las mismas, Ferrer resalta como este libro supone una «profundización» de un trabajo previo que él y Estefania Ferrer realizaron en 2019 y con el que intentaron -después de diversas contribuciones previas de otros autores o de exposiciones artísticas- «contextualizar realmente a Joan de Joanes, analizando el periodo anterior a su eclosión, el periodo que lidera su padre y como va creciendo hasta hacerse el más gran maestro del renacimiento valenciano con una personalidad que durará hasta el siglo XIX al menos».
El origen de la nomenclatura
Eso sí, este libro -que se ha colocado como uno de los atractivos de la actual Fira del Llibre- analiza aspectos menos tratados como el hecho de que el Renacimiento cuajara antes que el humanismo en el Regne de València, lo que condición la práctica artística al seguir el orden inverso al de otros territorios como Italia; el lugar de nacimiento o el origen de la nomenclatura de Joanes -Ferrer asegura que sale mencionada hasta de 70 maneras diferentes depende de la fuente consultada, influyendo posteriormente en que a sus descendientes ya no se les conocería como los Macip, que era su apellido original, sino como Joanes- o el análisis del episcopologio – es decir, la lista cronológica de obispos- «de la catedral de València, verdadero agujero negro del legado de Joanes«, incide al respecto Falomir, quien concluye como el pintor del renacimietnto valenciano «ejemplifica como pocos esa sinergia entre artista y comunidad».
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