«No me puedo clonar». El lamento del candidato refleja en buena medida no sólo la actividad frenética que que desarrolló durante toda la campaña, … sino el acelerón que pegó en su recta final, donde el Partido Popular tiene la sensación de jugarse el ser o no ser de estas elecciones. El objetivo no es ganar, algo se da por hecho, sino de hacerlo con la holgura suficiente como para poder gobernar con la tranquilidad de saber que en la oposición no hay suma posible de votos, por excéntrica que sea, que impida sacar adelante la investidura presidencia, leyes, decretos o presupuestos.
Juanma Moreno se dolió de no poder multiplicarse, pero en el último día de campaña alguien podría pensar que sí lo hizo. En un mismo día tuvo una comparecencia pública en Sevilla , se desplazó hasta Granada para ofrecer un mitin y cerró la carrera en Málaga para completar un rally de 5.000 kilómetros en 15 días. El PP difundió este viernes un vídeo en el que el candidato almorzaba a bordo del vehículo en el que viajaba de Sevilla a Granada.
La última jornada de la campaña llevó al candidato a tres provincias, donde pidió la confianza de quienes aún no se han decidido
La elección de las diferentes etapas de esta carrera electoral no ha sido caprichosa. En el cuartel general de la campaña popular estudian día a dia las proyecciones de voto y hasta ahora ningún sondeo ha conseguido desvelar la incógnita. A dos días de la cita con las urnas la mayoría está en el aire. Las horquillas, el intervalo entre el peor resultado posible y el mejor, se sigue moviendo en cifras que se sitúan por arriba y por debajo del número de parlamentarios que quita el sueño: 55.
El rastro de la caravana
Para saber en qué provincias se va a jugar el futuro político de la comunidad autónoma basta con seguir el rastro de la caravana popular. El itinerario del última día de campaña revela que en Sevilla, en Granada y en Málaga hay escaños en juego, aunque no son las únicas.
En cada una de estas circunscripciones, Moreno combinó los mensajes locales con las líneas generales de su campaña, que en esta recta final ha estado dirigida a convocar a quienes aún dudan frente a las urnas.
Bajo los focos de la plaza malagueña que honra a AntonioGarrido Moraga, dirigió su mensaje a ese «voto prestado», ciudadanos que no pertenecen a la parroquia tradicional del centroderecha pero que ven en la moderación un refugio contra la estridencia. La estrategia es clara: inocular el miedo a la parálisis. El aviso fue el de una noche electoral agónica, donde el escrutinio exigirá paciencia hasta superar el 90% de las papeletas.
Entre referencias a infraestructuras pendientes como el tren litoral o la vivienda, el candidato deslizó una defensa de la gestión técnica frente a la ideológica. Reivindicó la «política aburrida» como un valor supremo, un oasis de previsibilidad en un contexto donde el ruido suele sepultar los datos. Al señalar a sus adversarios como promotores de lo imposible o lo ilegal, Moreno intentó polarizar no contra personas, sino contra la incertidumbre.