Como el golf son sensaciones, las de Jon Rahm, terminada la segunda jornada en el fabuloso Aronimink, en Filadelfia, dibujaron algo de pesimismo para el fin de semana. El golfista de Barrika, que hasta el hoyo 13 del viernes se había defendido bien, e incluso había alcanzado por momentos la tercera plaza, había fallado cinco calles en los últimos nueve hoyos, incómoda situación en este campo, lo que le condujo a un par de bogeys que lo distanciaron a tres de los estadounidenses Alex Smalley y Maverick McNealy.
Rahm había mostrado hasta ese momento un juego sólido, con más calles que el jueves, había embocado un par de birdies y emitía tranquilidad en un marcador apretadísimo. Sólo ocho golpes entre el primero (-4) y el último (+4) entre los que pasaron el corte. Ahí estaba Jon avanzando con fortaleza. Sin embargo, fue empezar a fallar calles y por ambos lados, peor por la izquierda que le funde los plomos, y saltaron dos bogeys, en el 13 y en el 15. Firmó 70 golpes, el par, que le llevaron a la decimosexta plaza, un golpe por detrás de, entre otros, Jagger, que se marcó 18 pares, Scheffler y David Puig. (Resultados)
Se completó un viernes interesante, que reivindicó a Aronimink y sus banderas esquinaditas. Apenas dos de ellas se colocaron en el corazón de los greenes, que además tienen mucho movimiento. El resto no superaban los tres metros de margen con los antegreenes. Era necesaria la valentía o casi la inconsciencia. Gotterup tiró 65 y Aberg 66. Luego, MciIlroy, que jugaba el partido con Rahm y Jordan Spieth, se fue a 67. Como por la tarde cayó el viento, los resultados fueron mejores. Fue sintomático que los líderes no pasaran del -4, algo que no sucedía en el PGA Championship desde Kiawah en 2012. Hay 15 hombres separados por dos golpes, récord histórico en este grande.

Después de haber barrido en México con el juego A, Jon encontró alguna duda en la jornada final de Virginia la semana pasada. Y los mismos interrogantes dejó tras la segunda jornada. Se le ve facultado para volver a pelear por un grande en condiciones, no a tiro de milagro. Pero necesita drivear y coger calles, porque el campo de Newston Square, donde Gary Player ganó en 1962 y que su diseñador Donald Ross -400 proyectos- lo consideraba su obra maestra, castiga con severidad ese aspecto.