Si para muchos inmigrantes completar con éxito el expediente para la regularización extraordinaria es un desafío, para los extranjeros sin techo es una epopeya.

Mohamed, argelino, veintitantos, entra en una pequeña sala de la entidad Arrels, en Barcelona. Parece un espacio polivalente: hay una camilla y un equipo de música y una pequeña mesa cuadrada, en el centro, donde le esperan dos abogadas. Toma asiento frente a ellas, la gorra gris puesta del revés, y saca una carpeta con documentos. Entre el poco español de él y el algo de francés de ellas, la conversación sale adelante.

—Llegaste a España en junio de 2025, ¿cómo lo hiciste?

—…

—¿Bateau?

—Sí.

Alexandra Rial y Anna Olesti, las abogadas, piden que les muestre dos de los papeles básicos para tramitar el expediente de regularización: el pasaporte (“estás muy cambiado… te caduca en septiembre, tendrás que renovarlo”) y el certificado del padrón. Los tiene en regla. Aunque vive en la calle, el Ayuntamiento de Barcelona le tramitó el empadronamiento sin domicilio fijo, una modalidad que abre una vía para que las personas sin hogar accedan a servicios básicos como la sanidad.

A Mohamed le falta el certificado de vulnerabilidad. Las abogadas le indican que tendrá que “pedirlo en el ayuntamiento”: Arrels ha solicitado su inscripción como entidad colaboradora en extranjería, lo que le permitirá, en el futuro, expedir esos informes.

La cosa se complica con los antecedentes penales de su país, Argelia. Los tiene, pero no han pasado los filtros para que España los dé por buenos.

—Para que valgan, tienen que estar legalizados con sellos… Stamp…

—Sí, pero no hay…

—Sí, sé que no están dando cita allí… Quizás en unas semanas. Te recomiendo que esperemos un poco. Debemos gagner du temps.

—Solo que he perdido mucho tiempo ya, tengo a mi madre sola, está enferma. Quiero trabajar para ayudarla.

Alexandra explicará más tarde, en un descanso entre cita y cita, lo que ocurre. Como la adhesión de Argelia al convenio de La Haya no entra en vigor hasta julio (con el plazo para la regularización ya concluido), los documentos han de pasar una “cadena de legalización” mucho más compleja, que precisa de “hasta cuatro sellos” distintos de administraciones. Uno lo expide la embajada española en Orán, pero “o está cerrada o no da citas”; es ahí, dice, donde se produce el embudo que afecta a todos los argelinos que están solicitando la regularización extraordinaria.

Las abogadas piden permiso para revisar los papeles que trae consigo. Descubren una noticia buena y una mala. La buena es que, en realidad, ya dispone del informe de vulnerabilidad (“una cosa menos”). La mala, que ha sido condenado en España por un delito leve (un hurto).

—No es muy grave, pero habría que borrar los antecedentes.

Surgen más problemas. Resulta que Mohamed tiene otras dos causas pendientes aquí. Y Francia, donde también vivió, dictó una orden de expulsión contra él, por lo que España “estará enterada de que tienes un problema allí”. Alexandra se sincera:

—Tu caso es très complicado, Mohamed. Puedes presentar los papeles, pero la probabilidad de que te lo den es très très très baja. No pierdes nada por intentarlo.

“Todo esto me estresa”

Mohamed se va con cara de circunstancias y al poco entra a la sala, con energía, Moussa, un hombre de mediana edad que lleva una camiseta rosa de Arizona. También es argelino. Toma asiento. Explica que vivió cinco años en Alemania. Es usuario de Arrels y también vive en la calle. Abre una carpeta amarilla rígida donde guarda, ordenados, los papeles, y se expresa en un inglés fluido.

—Todo esto me estresa. Llevo desde enero detrás de los papeles. Si sale bien, perfecto, y si no hay nada para mí en España, ya encontraré otra cosa o me iré a otro país.

Moussa explica que ha usado ChatGPT para saber qué documentos ha de traer. Posee el certificado del padrón y los antecedentes de Alemania… Pero solo en alemán.

—Te recomiendo que los traduzcas, porque hay que enviar ambos.

—Pero este es el original…

—Sí, pero no intentes pensar de forma lógica, si los papeles no están como piden, pueden rechazar la petición. ¿Has tenido algún problema con la policía o la justicia en España?

—No.

—¿Seguro? Como veo aquí un papel de la policía…

—Es que perdí mi pasaporte.

Anna y Alexandra acaban de revisar la documentación. Y comprueban que ya dispone del informe de vulnerabilidad.

—Me lo hizo mi profesora.

—¿Qué profesora?

—La de español. Estudio un día catalán y otro español en Nou Barris. Ahora mezclo los dos idiomas, jajaja.

Como Moussa demuestra una gran autonomía, las abogadas le dan cita para que él mismo presente el expediente este viernes, a las 4, en la mesa 7 de una oficina de la Seguridad Social de Barcelona. Le explican en inglés cómo hacerlo, y le recuerdan que debe facilitar una dirección para notificaciones, que es una de las dificultades añadidas que afrontan las personas sin techo.

—¿Puedo poner esta de Arrels?

Le dicen que sí. Y le desean suerte.

Las abogadas revisan la documentación de Mohamed en la sede de Arrels.Albert GarciaTransferencia, visita o factura

Los martes por la tarde, como este, Anna y Alexandra están en el centro abierto de Arrels, en el Raval de Barcelona, para dar asesoramiento jurídico a personas sin hogar, sean o no usuarias de la entidad. Otros días salen a la calle. “Buscamos a gente, asesoramos o tramitamos in situ…”, cuenta Anna. Su compañera detalla que los principales problemas que el proceso de regularización plantea a las personas sin hogar son “la falta de acceso a la información” y las dificultades para “reunir documentación”.

“Hay gente, sobre todo del África subsahariana, que no tiene pasaporte, porque lo han perdido o se lo han robado. Y las alternativas, como las cédulas de inscripción, son inaccesibles para personas sin recursos”, precisa Alexandra. La forma más sencilla de probar la estancia en España es el “padrón histórico”, del que muchos no disponen por el hecho de vivir en la calle: “Son gente que está en constante movimiento”, apunta. No tener dirección añade trabas, como se veía en el caos de Moussa, para “sostener el proceso en el tiempo”; por ejemplo, si la Administración requiere aclaraciones o más documentación.

Hay alternativas para probar la estancia en España cuando falla el padrón. La más habitual son “transferencias de dinero al país de origen”, pero también valen visitas médicas, cursos de idiomas o incluso facturas, “siempre que sean nominativas”. A la espera de conocer cómo respira la Administración ante esas solicitudes, las personas sin hogar corren mayor riesgo de quedarse fuera del proceso de regularización extraordinaria. “Pasamos de un expediente perfecto a otro que cada vez tiene más capas de complejidad, y las opciones de que el proceso salga bien van disminuyendo”.