Ochenta estampas son. Ochenta heridas goyescas junto a ‘Iberia’ (1958). La inmensa obra de Robert Motherwell se levanta sobre la pared de la sala junto … a la primera y la última imagen de la serie que el pintor aragonés nunca se atrevió a hacer pública en vida. Son ochenta pequeñas obras que contienen una inmensidad feroz y respiran sobre un campo negro extendido como una noche sin final. En Museo San Telmo, Francisco de Goya y Robert Motherwell mantienen una conversación silenciosa, grave, extraña sobre los conflictos pasados que interpelan a un mundo convulso, desgraciadamente contemporáneo.

La exposición ‘Negro Goya, negro Motherwell. Ochenta desastres y un abismo’, presentada este viernes por la concejala delegada de Gobernanza Abierta y Cultura, Ana López Loiarte; la directora del Museo San Telmo, Susana Soto; y la comisaria María Bolaños, podrá visitarse desde hoy y hasta el 27 de septiembre. Más que un diálogo entre dos épocas, la muestra propone dos maneras de mirar la devastación humana.

El museo adquirió la serie completa de ‘Los desastres de la guerra’ en 2022, aunque hasta ahora solo se habían mostrado estampas aisladas. Ver las ochenta juntas produce algo parecido a una inmersión. Goya deja de ser el gran nombre inmóvil de la historia del arte para convertirse en un hombre que mira el espanto de frente y obliga también al espectador a sostener esa mirada. «Sus estampas podrían ser retratos de la actualidad», señaló Bolaños durante la presentación. Y quizá esa sea la perturbación más profunda de la exposición: poder comprobar que Goya pertenece menos al pasado que al presente. Porque aquellos grabados nacidos entre la invasión napoleónica (1808-1814) y los años oscuros del absolutismo contienen ya el eco de nuestros propios desastres.

    • Título:
      ‘Negro Goya, negro Motherwell. Ochenta desastres y un abismo’.

    • Fecha y lugar.
      Desde hoy hasta el 27 de septiembre en el Museo San Telmo.

    • Comisaria.
      María Bolaños.

    • Actividades paralelas:
      Charla de Bolaños el 16 de junio. Visitas guiadas semanales a partir del 23 de mayo, los martes y sábados.

La comisaria ha articulado el recorrido en nueve secciones que avanzan desde la violencia explícita hacia una oscuridad casi metafísica. Hay cuerpos mutilados, hambre, fosas, delirios, superstición y una humanidad degradada hasta convertirse en caricatura monstruosa de sí misma, pero también se suma una reflexión constante sobre el acto de mirar. Goya no pinta héroes ni victorias. Pinta a los anónimos, a los «sin nombre», a quienes la historia suele dejar fuera del cuadro. Su célebre «yo lo vi» atraviesa toda la exposición como una advertencia moral. Las escenas obligan a permanecer frente al horror cuando el impulso natural sería apartar los ojos.

La oscuridad continúa

Y entonces aparece Motherwell. Su ‘Iberia’ ocupa el espacio desde una oscuridad imponente. El óleo pertenece a la serie que el pintor estadounidense dedicó a la España de la posguerra, las célebres ‘Elegías a la República Española’, y nació tras su viaje a España en 1958. Motherwell quedó profundamente impresionado por las Pinturas Negras de Goya, por la memoria latente de la guerra y por la atmósfera opresiva del franquismo que obligó al pintor a cambiar de titulo su obra si quería exponer aquí. Dos autores que, pese a las diferencias de época y lenguaje, la convergencia entre ambos resulta natural. Tanto Goya como Motherwell entendieron la pintura como una forma de compromiso, una resistencia moral frente a la barbarie y el silencio.

El negro, en ambos, no es un color, sino una posición ética. La exposición avanza así desde el estruendo hasta el vacío. Del grito al silencio. Del negro de la tinta al negro del óleo. Y en medio de ese tránsito el visitante descubre que la belleza también puede surgir de lo insoportable. Incluso los trazos goyescos lo muestran. Porque las guerras cambian de siglo, de uniforme y de idioma, pero conservan intacta su maquinaria de crueldad. Y porque tampoco la paz trae siempre aquello que promete. Tras la contienda llegaron para Goya el absolutismo, la persecución y el exilio; Motherwell encontró siglo y medio después un país todavía cubierto por el silencio espeso del franquismo. Ambos comprendieron que la violencia no termina cuando callan las armas. A veces continúa en la oscuridad, el miedo o el olvido. Goya lo vio. Motherwell lo comprendió. Y ambos dejaron en el arte una sombra que todavía nos alcanza. Alguna vez quizá la verdad resucite.