La ambición es un motor peligroso que hay que saber manejar. Lo supo Ícaro cuando voló cerca del sol y sintió el calor de la … cera deshaciéndose en sus hombros, y lo ha sabido el Surne Bilbao durante 16 jornadas de persecución. 16 semanas anclado en la novena posición, ese ‘casi’ que no terminaba de avanzar hacia la tierra prometida, viendo la frontera del play-off como un horizonte lejano. Pero el miércoles, en una de esas conjunciones astrales que solo el deporte es capaz de diseñar, Miribilla, por fin, agitó las alas con fuerza y voló más alto que nadie. Los hombres de negro pueden decir por fin que duermen en la zona noble de la tabla. Con su victoria ante el Real Madrid se acomodaron en el Top-8 que compone la élite de la segunda mejor liga del mundo. Se alcanzó la octava posición. Y el equipo lo logró en una jornada mágica en la que todo salió de cara.
La noche fue maravillosa. En un guion que ni el más optimista habría firmado al amanecer, el Surne Bilbao tumbó al gigante, un Real Madrid de Final Four (88-82), mientras el destino se encargaba de desbrozar el camino. El Unicaja sucumbió en Burgos (97-90) y Tenerife salió trasquilado del derbi canario (102-83). Fue la carambola perfecta. El equipo que parecía condenado a la inercia de la zona media rompió por fin el techo de cristal, ascendiendo a una octava plaza que ahora toca defender en tres jornadas durísimas.
La situación no era tan favorable hace una semana. La escuadra de Ponsarnau perdió en Lleida y vio cómo su sueño se alejaba de manera casi definitiva, pero en el baloncesto, y menos con este equipo, no se puede dar nada por hecho hasta que suene el silbato en la última jornada. Como decía Rocky Balboa a su hijo en una de las películas de su saga, la vida –y el baloncesto– no va de cuánto golpeas, sino de cuánto puedes resistir y seguir avanzando. Y este Surne ha sido golpeado. La derrota en el Barris Nord hizo daño y parecía que las alas de cera se quebraban definitivamente. Sin embargo, en lugar de caer al vacío, la franquicia de Miribilla se levantó para noquear al líder.
La estadística, siempre fría, hoy es un poema épico. La cuenta de equis ‘SuperManager’, que otorgaba a los bilbaínos un escaso 15% de probabilidades de alcanzar el play-off hace apenas unas semanas, ha elevado la apuesta tras la gesta ante el Madrid: un 84% de posibilidades de entrar en el Top-8, según una simulación de 50.000 combinaciones.
El laberinto final
Con 17 victorias y 14 derrotas, el Surne se ha asegurado terminar la liga regular sin balance negativo. La situación en la clasificación es un tablero de ajedrez de alta tensión: el Tenerife (7º), 17 victorias, 13 derrotas y un partido menos; el Surne Bilbao (8º) presenta un 17-14; y el Unicaja (9º), 16 victorias y 13 derrotas a la espera de resolver su duelo ante el Joventut, que perdía de 20 cuando se suspendió por fallos técnicos.
Lo que queda por delante es apasionante. El calendario no concede tregua a quienes aspiran a la pelea por el título. La próxima parada es Valencia, un rival que mira de reojo a la Final Four pero que necesita asegurar su estatus en ACB, sobre todo para asegurar el cruce más asequible posible en las eliminatorias. Después, el calor de Miribilla recibirá al Básquet Girona, el décimo clasificado, un espejo estadístico del propio Surne Bilbao que no regalará ni un centímetro de parqué.
El equipo visitará al Tenerife de Txus Vidorreta en la última jornada, con el basket average (+17 para el Surne en la ida) en el aire
Y, finalmente, el clímax: La Laguna. La última jornada en Tenerife contra el equipo de Txus Vidorreta se perfila como la batalla final. Allí se pondrá en juego no solo la posición, sino un basket average de 17 puntos que podría decidir quién se sienta a la mesa de los elegidos y quién se queda fuera del banquete. El camino de los rivales directos tampoco estará exento de dificultad; Unicaja se las verá con Murcia (fuera), Breogán (casa) y Baskonia (fuera), mientras que los canarios deberán enfrentar a Barcelona (casa), Joventut (casa), Granada (fuera) y el propio Surne (casa).
Tras conquistar su segundo título europeo y asaltar los puestos de privilegio, la pregunta flota en el ambiente de Bilbao: ¿Dónde termina este vuelo? Ícaro cayó por ignorar los límites, pero los de Jaume Ponsarnau parecen haber aprendido que para llegar al sol no basta con desearlo, hay que saber protegerse del calor. La ilusión una marea incontenible. No solo por los resultados, sino por la forma en la que este equipo ha practicado la resistencia. Con tres partidos para el final, el Surne ya no persigue el play-off; ahora, por fin, lo habita. El vuelo continúa y, por primera vez en mucho tiempo, las alas parecen hechas de un material mucho más resistente que la cera: la fe.