Imaginemos a un paciente, Carlos, de 52 años, sedentario por su profesión de administrativo, con sobrepeso y fumador ocasional, que acude a la revisión médica anual de su empresa. Al tomarle la tensión, da 140 de máxima y 90 de mínima, por lo que su médico le encarga repetir este …


Imaginemos a un paciente, Carlos, de 52 años, sedentario por su profesión de administrativo, con sobrepeso y fumador ocasional, que acude a la revisión médica anual de su empresa. Al tomarle la tensión, da 140 de máxima y 90 de mínima, por lo que su médico le encarga repetir este control en casa durante una semana, además de realizarse análisis de sangre y de orina. El resultado: Carlos es hipertenso, presenta prediabetes y daño renal incipiente. «Si nos hubiéramos quedado solo en el valor 140/90, no habríamos tenido un diagnóstico. La primera consulta con el médico de familia es fundamental, porque de ella depende descubrir –o no– un riesgo cardiovascular».

Con este ejemplo tan gráfico comenzó su exposición la doctora Llum Olmedo, médica de Atención Primaria especialista en hipertensión arterial (HTA), en el ABS Manresa 3 (Barcelona), durante la presentación del curso ‘Riesgo vascular 360. La visión completa desde Atención Primaria’, celebrado el pasado miércoles, 13 de mayo, en el hotel H10 Casa Mimosa, en Barcelona, y organizado por Laboratorios Adamed.

Según los últimos datos, de 2024, casi la mitad de los pacientes atendidos en las consultas de Atención Primaria en España padecen hipertensión arterial. Así lo recoge el Estudio IBERICAN, de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), que calcula que unos 10 millones de españoles padecen esta enfermedad y que tan solo 3,5 millones están tratados y controlados. La HTA es el principal factor de riesgo de las enfermedades cardiovasculares tanto en España como en el mundo, y la segunda causa de muerte después del cáncer.

«Aunque haya pasado a un segundo lugar en las estadísticas de defunción después de años liderando la clasificación, nos queda un amplio margen de mejora», señaló el doctor Daniel Escribano, presidente de la SAHA-RV (Sociedad Aragonesa de Hipertensión Arterial y Riesgo Vascular). Según el mismo estudio, los principales factores de riesgo cardiovascular en la población adulta española atendida en Atención Primaria son la obesidad abdominal (55,6%), la dislipemia –cuando los niveles de lípidos en sangre, como el colesterol o los triglicéridos, no están en un rango normal– (50,3%) y la hipertensión arterial (48%).


Vencer la inercia terapéutica para adelantarse al riesgo cardiovascular

«A pesar de que tenemos la sensación de que la HTA es de lo más sencillo en la Atención Primaria, cuando te actualizas y te preguntas: ‘¿Estamos tratando bien la hipertensión arterial de nuestros pacientes?’, la respuesta es no», aseveró Olmedo. Y prosiguió: «No podemos permitir que presiones arteriales no óptimas pasen desapercibidas, porque entonces vamos a ver cómo nuestros pacientes envejecen con un riesgo cardiovascular aumentado y acaban padeciendo infartos, embolias, trombosis venosas, etc.».

Sobre esta evolución, Marisa Solís, del Departamento Médico de Adamed, señala que nos encontramos ante un cambio de paradigma necesario: «El verdadero reto hoy es vencer la inercia terapéutica. Ya no hay excusas para no iniciar el tratamiento con una combinación de fármacos en una sola pastilla para la mayoría de los perfiles, tal como marcan las nuevas guías ESC 2024. No se trata solo de intensificar dosis, sino de simplificar la estrategia para que el tratamiento sea mucho más efectivo que una terapia escalonada tradicional».

Las guías ESC 2024 de la European Society of Cardiology para el manejo de la presión arterial elevada y la hipertensión refuerzan este mensaje al desarrollar el concepto de ‘presión arterial elevada’ para personas que aún no llegan a hipertensión, pero que ya presentan cifras que aumentan el riesgo cardiovascular. Según estas directrices europeas, la presión no elevada es inferior a 120/70 milímetros de mercurio (o 12 y 7 en lenguaje coloquial); la elevada se sitúa entre 120-139 mmHg sistólica o 70-89 mmHg diastólica, y 140/90 mmHg ya se considera hipertensión.

Este salto cualitativo implica que ya no basta con mirar si el paciente es hipertenso o no: valores ligeramente altos, aunque no alcancen el umbral de 140/90, ya son motivo de intervención si van acompañados de otros factores de riesgo, como la edad, el colesterol, el tabaquismo, el peso o la diabetes. Por otro lado, el diagnóstico no se hace con una sola toma en consulta, sino que se recomienda repetir mediciones y, muchas veces, usar monitorización en casa o mediciones de 24 horas.

Proactividad de los médicos y una sola pastilla al día

Además del importantísimo cribado inicial y de la mejora de hábitos del paciente (alimentación, deporte o tomarse la tensión a partir de los 40 años), como destacó la doctora Llum Olmedo, «las nuevas guías hacen hincapié, sobre todo, en que los médicos seamos más proactivos que reactivos ante la falta de consecución de objetivos e implementemos las medidas terapéuticas oportunas de la forma más precoz». «Se trata de favorecer en la medida de lo posible el cumplimiento terapéutico por parte del paciente, ponérselo fácil para que se tome la medicación que necesita», añadió Escribano.

Una forma de conseguir esa adherencia, muchas veces tan complicada –es decir, el cumplimiento correcto de las indicaciones del tratamiento en dosis, horarios y duración–, es, según el especialista, emplear desde el inicio combinaciones terapéuticas de distintas moléculas en una única pastilla. Esto garantiza su toma y minimiza en lo posible los efectos secundarios, al usar dosis menores de varios principios activos que consiguen sinergias mediante distintos mecanismos y aumentan así su efectividad. «Uno de los mayores obstáculos es que la HTA es un ‘asesino silencioso’: al no causar malestar físico inmediato, la constancia en la medicación flaquea. La carga de pastillas y los regímenes complejos derivan en fatiga cognitiva e incumplimiento. Sin embargo, sabemos que simplificar el tratamiento en una única toma diaria mejora la adherencia en un 30%», corroboró Solís.

Frente a las alternativas tradicionales, la doctora Olmedo destacó que hoy existen soluciones que actúan de forma más inteligente, como la combinación de ramipril e indapamida LP. De hecho, «las nuevas evidencias sitúan este tipo de combinaciones como la primera opción de tratamiento para la mayoría de los pacientes con hipertensión». En concreto, sobre esta nueva opción terapéutica, destacó que «esta opción es idónea porque la indapamida de liberación prolongada no altera el metabolismo de glúcidos y lípidos, algo vital para pacientes con otros factores de riesgo asociados, como la diabetes o el colesterol. Además, ofrece una ventaja de bienestar, como podría ser reducir la necesidad de micción frecuente que tanto molesta a los pacientes con otros diuréticos, garantizando al mismo tiempo una protección constante durante las 24 horas con una sola toma al día».

Para acabar con el ejemplo de Carlos, si antes se hubiera optado por una terapia escalonada de medicación lenta y progresiva, ahora, gracias a soluciones como esta novedosa combinación, el abordaje es mucho más ambicioso desde el inicio. Al emplear combinaciones como primera elección, se consigue una mayor reducción inicial de la presión arterial, una protección superior de órganos clave como el corazón y los riñones, y una mayor adherencia al tratamiento. En definitiva, se logra reducir drásticamente su riesgo cardiovascular a largo plazo.

En resumen, para abordar una patología de alta prevalencia y graves consecuencias como es la hipertensión arterial, los dos facultativos propusieron la formación continuada de los médicos, evitar la inercia en los diagnósticos y tratamientos, aumentar el seguimiento de los pacientes, ser proactivos y no reactivos ante la solución del problema, informar, revisar el cumplimiento de las terapias en cada consulta y ponérselo fácil al paciente. «No se trata de tratar más, sino de tratar mejor desde el inicio», concluyó Olmedo.