Ahora que el Surne Bilbao ha puesto los dos pies en territorio de play-off y ha asegurado, al menos, la novena plaza en la Liga Endesa tras la victoria ante el Real Madrid, el club se enfrenta a una decisión importante mirando a la próxima temporada y al futuro a corto plazo. Como campeones, tienen sitio en la FIBA Europe Cup de nuevo, pero Jaume Ponsarnau recordó que aspiran a “la mejor competición europea posible” y eso supone disputar la Basketball Champions League o la Eurocup, dos torneos de nivel similar que esta temporada han tenido campeones inesperados. El Rytas Vilnius y el Bourg-en-Bresse, respectivamente, han superado a rivales que, en teoría, tenían más recursos y provenían de ligas más poderosas.
En principio, el reparto de plazas va a mantenerse igual por lo que los responsables del Surne Bilbao deben poner en la balanza los pros y contras deportivos y económicos de ambas competiciones, que tienen un calendario y un formato diferentes. La BCL la componen 32 equipos y la Liga Endesa tiene derecho a cuatro representantes directos en la fase de grupos y a otro en la fase previa. En diez ediciones son varios los clubes de la ACB que quedaron fuera ante rivales de distinto pelaje en esa eliminatoria, que no es sencilla porque se juega en verano con poco rodaje: Joventut, Estudiantes, Obradoiro, Andorra y el más reciente, el UCAM Murcia, que acabó en la FIBA Europe Cup. Eso es lo que quiere evitar el Surne Bilbao y para ello debe acabar entre los ocho primeros en la Liga Endesa.
La BCL tiene a su favor un calendario más llevadero, con pausas entre jornadas y un desenlace en Final Four. El Rytas ha disputado esta temporada dieciséis partidos, que son dos menos de los que han necesitado los hombres de negro para ganar la FIBA Europe Cup. Como mucho, un equipo de la BCL alcanza los diecinueve partidos. Además, uno de las ventajas del torneo son las recompensas económicas, que llegan a todos en función de su clasificación y suman el millón de euros para el campeón. El Surne Bilbao la ha disputado en dos ocasiones, en una cayó en la primera fase y en la otra, en la segunda.
El Manresa, décimo clasificado en la ACB el curso pasado, optó por jugar la Eurocup tras varias presencias, final incluida, en la BCL. El segundo torneo de la Euroliga, al que los hombres de negro fueron habituales hasta 2018, tiene ahora veinte equipos que entran directamente, repartidos en dos grupos de diez y en formato de todos contra todos. Eso lleva a un calendario mínimo de dieciocho partidos, que apenas da más tregua que las pausas de selecciones y obliga a jugar incluso en las fechas navideñas. En ese sentido, la exigencia es mayor y puede afectar más a los duelos de la Liga Endesa. En lo económico tiene escaso premio, por eso muchos clubes importantes han renunciado a ella en las últimas temporadas, y su mayor aliciente es que concede plaza en la Euroliga al ganador, si es que lo puede asumir.
Otra de las diferencias entre la BCL y la Eurocup, no banal en estos tiempos, es el de los cupos de formación. La FIBA exige cinco para sus competiciones, como es sabido, pero la Euroliga no pone trabas en las suyas, lo que supone una ventaja ya que se puede afrontar la doble competición con una plantilla estable sin tener que hacer descartes ni convocatorias distintas de un partido a otro. Con los cuatro cupos que exige la ACB sería suficiente. Con todos estos datos, el Surne Bilbao deberá elegir lo que más le convenga, algo que estará en su mano en cualquier caso. Nada es seguro ahora mismo porque quizás en caso de caer en la previa de la BCL se decante por la Eurocup para no arriesgar.