“Está gagá”, “chochea”, “se le ha ido la cabeza”, “patético”, “lamentable”, “está mayor”. La rueda de prensa convocada el pasado martes por el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, tras la reunión de la Junta Directiva no dejó indiferente a nadie. En especial a los detractores, enemigos, animadversarios y otras variedades de la fauna futbolística, política y mediática de este país que con tanta alegría se atreve a escribir sobre fútbol, opinar sobre clubes privados y dar lecciones de gestión, incluso para criticar las capacidades de un empresario del más alto nivel, sólo porque además de ser un ejecutivo de primera es el presidente del Real Madrid.

 

Como no soy periodista deportiva no esperen que escriba en estas líneas acerca de lo que pienso acerca de un desastroso año deportivo y de las razones técnicas y de plantilla que han llevado a dar combustible a quienes más se alegran de ello. Y son muchos. Tampoco esperen que aquí me sumerja en esas complejas cuestiones de luchas internas por el poder merengue, nada nuevo, por cierto, viendo quiénes han asomado la patita antes, durante y después de la convocatoria de Florentino a los medios. Pero sí voy a hablar como aficionada y abonada, de las que siempre va al campo para ver a su equipo, que sufre, se alegra y despotrica cuando toca, sentada en la grada y que viaja, siempre que puede, para verlo jugar por Europa.

 

Y, sí, tengo más derecho que muchos de los que en las últimas horas han venido a mis redes a insultarme por defender que en el discurso de Florentino Pérez, al que sólo he visto en persona una vez en la vida y al que no le debo nada, no hubo machismo -por mucho que lo digan las indignaditas habituales que, además, han venido a afearme mis reflexiones al respecto, bajo el muy respetuoso calificativo de “lamebotas”- ni vejez, ni naderías. Florentino se dirigió a sus aficionados, seguidores y simpatizantes y el mensaje no pudo ser más claro: frente a los que le daban por amortizado, no dimite.

 

 “Lamento decirles que no voy a dimitir. He pedido a la Junta Electoral que inicie el proceso electoral a las elecciones a la Junta Directiva, a las que nos vamos a presentar”, sentenciaba con la misma firmeza con la que ha liderado sus casi tres décadas al frente del club blanco. E iba más allá denunciando una “situación absurda” creada contra los intereses del Real Madrid, por una doble vía, desde dentro y desde fuera que aspira a adueñarse de las siglas y a convertirlo en un club-estado. Los dueños, recordaba Florentino, son los socios. No los tertulianos, ni los lobbies ni los que, agitando el escudo, quieren derrocarle con malas artes. De eso nada. Urnas y democracia. Que el pueblo, soberano, hable. Dicho sea de paso, y a modo de titular, ha convocado elecciones antes Florentino que Pedro Sánchez. Abran paso.

 

Porque el Real Madrid con la actual Junta Directiva, con sus Champions bajo el brazo, el Bernabéu reformado y su apuesta por el fútbol global, sin hipotecas económicas, ni palancas extrañas, se ha invocado la esencia misma del madridismo con una decisión que, sin duda, a quienes más ha molestado ha sido a los que esperaban una salida inmediata del único obstáculo al que se enfrentan para destrozarlo.

 

Primero, la defensa de la democracia interna. El Real Madrid no es una sociedad privada al uso; es una entidad con 100.000 socios que eligen a su presidente por lo que convocar elecciones no es una muestra de debilidad, sino de fortaleza. Es devolver la voz a quienes pagan y sufren. Frente a los detractores internos –esos que filtran, que murmuran y que han alimentado la narrativa del “caos”–, Florentino planta cara: “Aquí mandan los socios”. Un bofetón con la mano abierta a quienes creían que una mala temporada, después de diez años de gloria, bastaba para tumbarle. En un club donde la oposición ha sido testimonial en las últimas convocatorias, una llamada a las urnas es un seguro para la legitimidad de quienes concurran. Si Florentino gana, saldrá reforzado. Si pierde será por voluntad popular, no por un golpe de mano en las sombras.

 

Segundo, la denuncia de la campaña mediática orquestada. Florentino no se mordió la lengua: hay una “confabulación de periodistas” que se creen dueños del club. Los datos le dan la razón. En los últimos meses, ciertos medios –especialmente aquellos con vinculaciones históricas al entorno culé o simplemente anti madridistas por definición– han venido amplificando cada derrota, cada rumor de vestuario y cada filtración interesada y, como comprenderán, no ha sido casualidad. Mientras el Real Madrid competía en Europa y en el mercado, la prensa crítica construía un relato de decadencia desde el que se han ignorado los logros estructurales, las victorias deportivas inapelables, la deuda cero, el estadio más moderno del mundo y los éxitos de una cantera que sigue produciendo talento. El “voy a acabar con los malos periodistas” de Florentino levantaba ampollas entre quienes, precisamente, pedían su cabeza ante semejante afrenta mientras aplaudían, hasta con las orejas, que el Gobierno vetase a dos periodistas en el Congreso. La prensa todopoderosa e intocable creía poder machacar al presidente del Madrid, pero esperaba que éste se quedase callado frente a quienes le critican.

 

Tercero, el núcleo gordiano de la comparecencia. Las acusaciones contra el Barcelona y los árbitros “comprados”. Facto. El caso Negreira no es un mero rumor, ni puede serlo cuando hay una investigación judicial sobre los presuntos pagos del Fútbol Club blaugrana a José María Enríquez Negreira, exvicepresidente del Comité Técnico, por más de 7,4 millones de euros (según la Agencia Tributaria y la Fiscalía) entre 2001 y 2018. Pagos orquestados a través de sociedades por “informes arbitrales” que, según las propias declaraciones de algunos entrenadores azulgranas, nunca llegaron a sus manos. “El mayor caso de corrupción de la historia del fútbol” que ha costado al Real Madrid hasta siete Ligas durante las dos décadas en las que el Barça se benefició, supuesta y “sistemáticamente”, parafraseando al instructor, de decisiones arbitrales controvertidas en partidos clave.

 

Florentino anunciaba, entonces, un dossier de 500 páginas que presentará de inmediato a la UEFA. “La relación está rota”, sentenciaba en un ejercicio que poco tiene que ver con la revancha y mucho con la Justicia en la que, más allá del Real Madrid, está en juego la integridad y la credibilidad del deporte rey. Puede que las anomalías hayan prescrito en lo deportivo, pero el escándalo moral y ético persiste. La afición blanca no olvida. Y Florentino, tampoco.

 

Así las cosas, la rueda de prensa que ha monopolizado la atención mediática esta semana no ha sido un cierre de ciclo; sino un nuevo comienzo. En tiempos de tibieza, Florentino Pérez ha demostrado, una vez más, que el madridismo es coraje, épica y que el club está muy por encima de los jugadores, los técnicos y las directivas. Los socios tendrán la última palabra y el Real Madrid –como siempre– saldrá indemne. “Si el Madrid es lo más grande, lo defenderemos hasta el final”, decía Florentino con hechos, con datos y apelando a la dignidad que merece la camiseta blanca y su grada en tribuna, fondo o anfiteatros. Florentino está, más que nunca, en su prime. Y eso lo saben los socios, sus partidarios y, sobre todo, los detractores que han querido enterrarle para sentarse en su silla, sin medirse con él. Si Don Santiago Bernabeu levantase la cabeza, le bastaría ver quiénes están del otro lado, en la ‘alternativa’, para elegir bando y fumarse un puro. Florentino está en su prime.