Obsesionado por el detalle hasta el punto de que sus pinturas, a simple vista, parecen más bien fotografías. El asturiano Daniel Cuervo (Pravia, 1972), maestro de la pintura hiperrealista, inaugura exposición en Barcelona, la ciudad a la que se trasladó para estudiar Bellas Artes a los 18 años y en la que se quedó para siempre a vivir. Es la Ciudad Condal, entre otras, protagonista de muchas de sus obras, minuciosos retratos urbanos que captan el ajetreo diario de personas, coches, comercios, edificios…

Daniel Cuervo, trabajando en su estudio barcelonés. / lne
En Barcelona acaba de inaugurar una nueva exposición, «El instante eterno» (Galería Jordi Barnadas, hasta el 21 de junio), dedicada a su ciudad de adopción y también a Nueva York. Sus óleos no son una «simple representación del entorno, sino un triunfo de la paciencia y la veracidad. (…) miles de pinceladas se funden en una superficie tersa donde el rastro del pincel cede el protagonismo a la pureza de la imagen», se describe en el catálogo de la muestra.

Plaça Francesc Macià, óleo sobre tabla / Reproducción DC
El praviano comenzó de niño a interesarse por la pintura. Su interés por el hiperrealismo le llegaría con 20 años, en una visita al Museo Reina Sofía, donde descubrió a Antonio López, considerado uno de los maestros del género, tal y como contó en un reportaje con LA NUEVA ESPAÑA. Los estadounidenses Richard Estes y Davis Cone son otros de sus referentes. La crítica ha resaltado su «locura» por el detalle y su valentía a huir de escenarios simples, ya que la mayoría de sus cuadros son rincones urbanos llenos de espejos, mobiliario, paredes de distintas tonalidades…
Máxima fidelidad a la realidad
Su objetivo, tan simple pero tan complejo a la vez, es reproducir con sus pinceles con máxima fidelidad la realidad cotidiana. Y eso es lo que se puede ver en «El instante eterno», en la que se exhiben en torno a una docena de minuciosos retratos que suponen una «admiración honesta por lo cotidiano». Entre tres o cuatro meses le puede llevar un lienzo en los que, como él explica, «pinta la realidad con papel y óleo».
La exposición es la duodécima individual del artista, que ha participado en unas cuentas colectivas en ciudades como Nueva York, Ginebra o Londres. «Mientras que el ojo humano suele conformarse con el destello de un segundo, la obra de Cuervo nos regala aquello que solo se revela tras una contemplación profunda y demorada», describen de un artista en la «madurez plena» creativa con la «que convierte lo ordinario en algo extraordinario».
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