Antes de sufrir los desastres de la guerra, la amrgura del exilio y la soledad de la sordera, Francisco de Goya fue el pintor del folclore madrileño y el ambiente cortesano y de la élite aristocrática más cercana al rey. La pradera de San Isidro es un pequeño cuadro que refleja a la perfección esta dolce vita madrileña, despreocupada y festiva durante las fiestas del santo partón de la ciudad, el 15 de mayo.
En ella, Goya retrató una temática alegre, con una multitud bebiendo y divirtiéndose, gente de toda condición social compartiendo una soleada tarde de primavera durante unos festejos campestres que más de doscientos años después continuan celebrándose de la misma manera. Una obra de la primera época de Goya, de trazos sencillos pero que captan la esencia de esta celebración.