Pocas veces el fútbol ofrece una paradoja tan extrema: terminar una liga invicto y, aun así, no ganar el título ni clasificarse para la Champions League. Eso es exactamente lo que le ha ocurrido al Benfica de José Mourinho.

El conjunto lisboeta cerró el campeonato con 23 victorias y 11 empates, una trayectoria impecable en lo numérico que, sin embargo, no fue suficiente. La derrota no llegó nunca, pero sí la condena de los empates acumulados y, sobre todo, el pinchazo clave de la jornada anterior frente al Braga, que dejó al equipo dependiendo de terceros.

En la última fecha, las ‘Águilas’ cumplieron su parte. Goleada estéril al Estoril (1-3) en el Estadio António Coimbra da Mota, pero el destino ya no estaba en sus manos. La victoria del Sporting CP selló la clasificación a la Champions y dejó a los de Mourinho fuera de los puestos de Champions. Se tendrán que conformar con la Europa League.

El partido apenas tardó seis minutos en inclinarse. Un centro venenoso de Schjelderup fue aprovechado por Richard Ríos, que culminó una acción iniciada tras una recuperación en el centro del campo. Era el 0-1 y el aviso de lo que vendría después. En el minuto 13, un nuevo centro de Schjelderup encontró a Bah en el segundo palo para ampliar la ventaja. Y apenas un minuto después, Rafa Silva firmó el tercero con un disparo potente y ajustado que no dejó opción a Joel Robles. El partido, en lo futbolístico, quedó sentenciado a las primeras de cambio. La batalla real estaba en el banquillo del Benfica.

Y mientras los goles iban subiendo al marcador… Mourinho ni se inmutaba en el banquillo. La primera vez que apareció por el área técnica fue pasado el minuto 20 y, la segunda para protestar a su manera una decisión arbitral. En la segunda, acudió el primero al pasillo improvisado en el adiós de Pizzi en el minuto 60. El Benfica cumplió, ganó y cerró el curso con una goleada… pero sin premio. Una despedida dolorosa para Mourinho: invicto, competitivo… y aun así fuera de la pelea por los grandes objetivos