Un león hambriento ha salido de caza. Jon Rahm juega este domingo por la historia en la última jornada del Campeonato de la PGA en el campo de Aronimink, en Filadelfia. El vasco es colíder con -4 y en el horizonte asoma la posibilidad de cobrar una cuenta pendiente. El PGA Championship es el único grande que no figura en el museo del golf español después de las coronas de Seve, Olazabal, Sergio García y Rahm en el Masters de Augusta, del triplete del genio cántabro en el Open Británico y del descorche de Jon en el US Open.

Rahm ya rompió en 2021 una barrera con su victoria en el Abierto estadounidense y se unió dos años después al club de la chaqueta verde. Este domingo busca otra nueva marca como pionero en el Campeonato de la PGA, el que sería su tercer grande y el primero desde que en diciembre de 2023 dio un volantazo a su genial carrera con su fichaje por LIV. Rahm ha dominado desde entonces con puño de hierro la Liga saudí, pero las dudas le han rodeado por su menor desempeño en los grandes. Imparable en un circuito menor, la sensación de que ese entorno menos competitivo le ha perjudicado en las citas de altura le ha acompañado como su sombra. Este domingo (desde las 19.00, Movistar Golf), no solo juega por el prestigioso trofeo Wanamaker, sino por espantar definitivamente esos fantasmas sobre su nivel como estrella de LIV, reivindicarse como una figura mundial ahora que la Liga saudí languidece por la pérdida de la financiación del PIF, y completar el Grand Slam del golf español. Hay mucho un juego.

Un putt de apenas un metro fallado en el hoyo 18, su primer tripateo de la semana, rebajó una gran vuelta de golf de Jon Rahm. La abrió el vasco con un emboque desde siete metros en el 1 y el inicio de una secuencia de juego muy ordenado. Desde nueve metros cantó bingo en el 5 y un misil de salida de 368 yardas en el 9 le servía en bandeja otro golpe descontado para cerrar los primeros nueve hoyos ya como colíder. La primera mancha le cayó en el 11, un bogey después de un paseo por el rough. Un accidente que limpió con birdies en el par tres del 14 y en el par cinco en el 16. De manual hasta ese pequeño patinazo en el 18 que sin embargo le mantenía en la cima.

También el alemán Matti Schmid, el canadiense Nick Taylor, el sueco Ludvig Aberg y el inglés Aaron Rai, un golfista que juega con dos guantes negros, firmaron una tarjeta de -4. Un golpe por detrás remontó posiciones Rory McIlroy (-3), lastrado todavía por los cuatro bogeys seguidos con los que cerró la vuelta del jueves, su peor final en 990 rondas oficiales en el PGA Tour. Le acompañan con ese registro, entre otros, Xander Schauffele y Patrick Reed. Y con -1 se tuvo que conformar Scottie Scheffler después de vivir un calvario de putts fallados.

Scheffler, en el hoyo 18.Frank Franklin II (AP Photo/Frank Franklin II)

El número uno del mundo jugó como compañero de ronda con David Puig, el golfista catalán de 24 años que sigue abriéndose hueco entre los mejores a fuerza de pico y pala. Puig no tiembla al sumar miles de kilómetros para compaginar las citas de LIV con los torneos del circuito europeo, al menos los ocho que debe disputar este curso tras su acuerdo con el DP World Tour. Esa exigencia física y mental (esta última la combate viajando con su novia y con su caniche Blaster, una de las atracciones fuera de las cuerdas en Aronimink), le pasó factura en el tramo final. Puig se había repuesto con tres birdies para dejar atrás los dos bogeys con los que amaneció muy pronto, pero flojeó a la vuelta de la esquina. Como es un gran competidor, se apuntó un eagle en el 16 y cerró la jornada con -1.

Clasificación del Campeonato de la PGA.