Cuando Alberto Palatchi decidió desprenderse de Pronovias en 2017, los grandes fondos de inversión del planeta hacían cola para subirse al altar. Entonces, la compañía lucía unos ingresos que superaban los 150 millones y un ebitda que rondaba los 50 millones. Menos de una década después, la firma se ha visto obligada a caer en concurso de acreedores para encontrar un inversor que intente darle una nueva vida a un negocio que hoy factura la mitad y arrastra pérdidas desde el coronavirus. Por el camino, un reguero de números rojos, varios consejeros delegados e idas y venidas con la deuda en el que solo su fundador, Palatchi, salió vencedor.
La firma de moda nupcial presentó esta semana concurso ante los juzgados mercantiles de Barcelona de la mano de una oferta del fondo británico Cap Capital. La propuesta eso sí no tiene nada que ver con los 550 millones de euros que pagó BC Partners en su momento: la gestora inglesa se quedará con más de 550 trabajadores de las 600 personas en plantilla y mantendrá la red de tiendas propias. Se estima además que la firma requiere de una inyección de capital de entre 15 millones y 20 millones de euros para salir del atolladero.
Será el tercer inversor que intenta relanzar la compañía. Tras BC Partners llegó la alianza formada por Bain y MV Credit, que en 2022 tomó el 100% del capital a través de capitalizar la deuda del grupo de más de 350 millones contraída por la empresa con ambos fondos. Pese a los intentos, tampoco lograron revertir la tendencia. Es más, los directivos de Bain Capital que participaron de la gestión de Pronovias ya no forman parte de la gestora. Así, Francesco Lampone (especialista en M&A), Sandro Patti (del equipo de special situations) y el asesor Alon Avner han iniciado otros caminos profesionales.
El gran obstáculo de Pronovias fue el estallido del coronavirus, que impactó en un mercado ya a la baja. Según datos de la OCDE, la tasa de matrimonios ha caído de 5,1 bodas por cada 1.000 habitantes en el año 2000 a 3,8 bodas en 2025. The Wedding Report estimó que la industria perdería en total 47.000 millones de dólares en ventas entre 2020 y 2021 por causa de la pandemia.
El esperado ‘boom’ postpandemia no fue suficiente y desde entonces se sucedieron consejeros delegados uno tras otro sin que pudieran enderezar el rumbo. Amandine Ohayon salió de la firma con el cambio de accionistas en 2022. Le sustituyó Marc Calabia, procedente de Springfield, que duró hasta 2025. Su lugar lo ocupó entonces Cristina Alba, una financiera ex de Metro Bank. Duró apenas unos meses en el puesto hasta que a comienzos de 2026 los fondos se pusieron en manos del equipo de situaciones especiales de la firma Abencys.
La firma fió su expansión al mercado de Estados Unidos, un mantra repetido tanto por BC Partners como por Bain Capital sin que diera los resultados esperados.
Los errores de Pronovias
Y es que las penas de Pronovias no obedecen solo a la pandemia. Las tensiones en la organización arrancaron en el mismísimo 2017 con la venta de Alberto Palatchi. El fundador de la empresa, además de ingresar 550 millones por la transacción, se repartió hasta cinco dividendos en su último ejercicio al frente de la firma por un valor total de 136,8 millones de euros.
BC Partners golpeó también las arcas de la empresa. Estructuró la operación mediante un leveraged buyot con el que pagó la mitad de la compra endeudando a la participada, a la que sumó 275 millones de euros de pasivo. Los otros 275 millones se aportaron con capital. Ya en su momento, agencias de calificación como Moody’s alertaron del riesgo que suponía la medida para el futuro de la firma de moda.
Entre ambos movimientos, más de 400 millones de euros contra la sociedad.
La deuda superaba los 350 millones de euros en 2022 y había terminado en manos de los fondos Bain Capital y MV Credit, que llegaron a un acuerdo con BC Partners para capitalizar el pasivo y dejar la mochila en 125 millones de euros. Además, extendieron los vencimientos a largo plazo a la espera de recuperar unos ingresos que entonces todavía no habían alcanzado los niveles previos al coronavirus. Mucho menos el ebitda, que no llegaba a 10 millones de euros.
El negocio no despegó y Pronovias tuvo que presentar un ERE en 2024 para 85 trabajadores, el 25% de su plantilla de servicios centrales. La industria nupcial no se había recuperado tras el coronavirus y los ingresos ya eran solo de 135 millones de euros frente a los 149 millones de la campaña previa. De ahí, en caída libre. La compañía ahondó en 2025 en su caída de ventas y rentabilidad y cerró el año pasado con una facturación de 88 millones de euros y un ebitda negativo de 9 millones.
En este contexto, los dos fondos accionistas contrataron a Abencys para pilotar la transición y activaron la vía judicial para vender su unidad productiva con un ‘pre pack’ -una venta acelerada previa al concurso-, por lo que contrataron a FTI Consulting. Al proceso se acercaron varias firmas y fondos y finalmente Enduring Partners y Desigual hicieron sus ofertas vinculantes –su rival Rosa Clarà se quedó por el camino-. Ninguna pasó el filtro de la firma de análisis, que optó por la propuesta de Cap Capital, que intentó primero una operación de M&A convencional, pero terminó en el proceso mercantil.
Aunque Cap Capital tiene un perfil bajo, ya ha invertido en España. Fue hace casi justo un año cuando se quedó con la firma de robótica Kivnon.