Damson Idris posa en exclusiva para ICON con joyas DIDRIS.Quentin de Briey

Damson Idris (Londres, 34 años) nunca olvidará la primera que vez que acudió como invitado a un desfile de moda. Fue en Milán y nada salió según lo previsto. “Llegué tarde, los asientos ya estaban ocupados y tuve que quedarme de pie”, recuerda. “No me parecía para tanto, porque nunca había ido a un desfile. Pero todos empezaron a tirarse de los pelos. Mi equipo enloqueció, porque yo estaba allí en calidad de actor, como invitado especial o algo así. Pero yo estaba muy verde, era muy inocente. No me importaba. No sabía que no sentarme fuese algo malo. Estaba metido en el desfile, fascinado por lo que me rodeaba. Fue entonces cuando pensé que quería trabajar en esta industria”.

Las imágenes de este reportaje dan fe de que este actor inglés ha encontrado en la moda un lenguaje en el que se siente tan cómodo como en el cine. Es embajador de Prada, lo que implica que, además de buena planta, tiene criterio. Y en cierto modo esta máxima se puede aplicar a su carrera. Desde su debut como Franklin Saint en Snowfall (2017), donde interpretaba a un chaval que trapichea con drogas en Los Ángeles durante la epidemia del crack de los ochenta, el actor londinense ha sabido hacerse desear. Frente a otros colegas que apuestan por ser ubicuos, él prefiere dosificar proyectos, colaboraciones y apariciones públicas. Tras coprotagonizar Outside the Wires (2021) y aparecer en F1 (2025), se prepara para convertirse en Miles Davis —en Miles & Juliette, todavía en preproducción— y el año que viene estrenará Hijos de sangre y hueso, la adaptación de una célebre novela de ciencia ficción inspirada en la cultura de África Occidental.

Damson Idris, con total look de Prada.Quentin de Briey

Pero, en una industria dominada por la hiperactividad, Idris se ha hecho famoso por su afición a decir que no. “Es gracioso, porque sigue pasándome”, cuenta. “Cada vez que me ofrecen un papel, grande o pequeño, me digo que no voy a poder hacerlo. Que se están equivocando. Que deberían dárselo a otra persona, porque soy lo peor. Y, en parte, por eso no hago muchas películas. He rechazado muchos papeles. Si lo piensas, es demencial. Hay actores que han construido carreras a partir de papeles que he rechazado”.

El motivo, cuenta, no es solo falta de seguridad, sino coherencia. Y un talento nada común para pensar a largo plazo. “Simplemente me hice una pregunta: ¿por qué hago lo que hago? Sé que quiero trabajar en esto toda la vida. Pero el dinero no me obsesiona, ni la fama. Tampoco los trofeos. No veo a nadie como rival. Esto no es una competición. Así que, ¿por qué me dedico a la interpretación? Creo que se debe a una sensación. Quiero conectarme con ciertos mundos. No siempre es así, pero cuando se cumple doy el 100%. Y en eso consiste mi filmografía. Llevo bastante tiempo trabajando, pero no he hecho tantas cosas. Mi trabajo tiene un impacto en la cultura y en los jóvenes, porque lo doy todo. Y es imposible darlo todo en todo. Acabas agotándote”.

Damson Idris viste un suéter de cuello vuelto azul Prada.Quentin de Briey

Esa misma coherencia se aplica a su relación con la moda. En los últimos tiempos Idris se ha convertido en el niño mimado de los comentaristas de la alfombra roja, gracias a un estilo propio que no huye del riesgo, pero tampoco abraza el disfraz. No le duelen prendas en reconocer que, como muchos otros, su curiosidad comenzó tras ver ese fenómeno generacional que fue El diablo viste de Prada. “Fue la primera vez que me asomé a ese mundo y me pareció una locura. Recuerdo el personaje de Meryl Streep, y el modo en que retrataron esta industria como un mundo de villanos, sin dejar de suscitar empatía por él. Mostraron a un grupo de gente con una visión alterada de la realidad, pero al mismo tiempo apasionados por su trabajo”.

De hecho, uno de sus proyectos más recientes ha sido lanzar su propia marca de joyería, Didris. De nuevo, la coherencia está en la base de todo. “He colaborado con otras marcas, que es una experiencia compartida por muchos compañeros de profesión”, reflexiona. “Te subes en un avión, vas a eventos, sacas fotos, haces campañas, pero las cosas que promocionas no son realmente tuyas. Cuando empecé a trabajar como actor, supe que me interesaba la idea de controlar algo, de poseerlo. Las personas con quienes colaboré me inspiraron, por su forma de gestionar sus empresas y por su posición en el mercado. Con Didris lo tuve claro desde el principio. Había trabajado con marcas de joyería alucinantes, como Cartier, Bulgari y Chopard, y soy una esponja. Aprendí cómo toman decisiones, a quién eligen como rostro de la marca, y cómo se incrustan en la cultura”.

Dansom Idris viste Prada.Quentin de BrieyEl actor londinense Dansom Idris viste Prada.Quentin de Briey

Didris vio la luz el año pasado. Es una marca de joyería para hombre y mujer; él mismo suele lucir sus propias piezas. “Mi primera idea fue dedicarme al ron, porque me encanta el ron, la playa y todo eso, pero necesitaba algo más personal, más ligado a mi historia. Mi madre me dio la pista. Estaba obsesionada por el lujo. Se dedicaba a comprar y vender oro en Nigeria, lo traía a Europa, lo vendía y con las ganancias mejoraba la vida de la familia. Tuvo que renunciar a su sueño cuando vino a Europa, como madre soltera. Ahí fue donde se unieron los puntos. Quise rendirle homenaje”.

Nuevamente, la clave vuelve a ser la coherencia. Los orígenes. La odisea de alcanzar el éxito sin renunciar a uno mismo. Por eso no sorprende su respuesta cuando le preguntamos por su plan ideal para un día libre. “Suena un poco cursi, pero llamo a toda mi familia por FaceTime y hablo con ellos todo el tiempo que puedo. Porque no los veo tanto. Y creo que por eso muchos de mis proyectos actuales son un homenaje a mi madre. Si hago una peli de niños es porque mis sobrinos van a verla, o porque pienso que a mi hermano le va a gustar. Creo que me paso la vida intentando compensar a mi familia por no verlos tanto como querría. Nunca tenemos tiempo para hablar demasiado. Así que mi trabajo es un intento patético de llamar su atención”.