Sevilla-Real Madrid y en el medio, de rigurosísima actualidad, un mito merengue que salió de Nervión camino del Bernabéu con apenas 19 años para luego regresar dos veces, cerca ahora de convertirse en uno de sus propietarios. Sergio Ramos esperó casi al minuto 93 de la LOI (Declaración de Intenciones), que expira el 31 de mayo, para marcar uno de los goles empresariales de su vida, la adquisición de la mayoría accionarial del Sevilla junto a sus socios de Five Eleven Capital. Todo, claro, a falta de poner el dinero y firmar los papeles en la notaría.
Ramos, que cumplió 40 años en marzo, volvió a vestir la camiseta blanquirroja durante la campaña 2023-24. Su fichaje parecía no iba a producirse, con el mercado veraniego ya cumplido, pero acabó concretándose en Los Polancos. Luego quedó libre y en febrero de 2025 se marchó a México. Esta misma temporada, cuando comenzaba aún el proceso de adquirir el club, se ofreció para hacer un último baile como central, pero la negativa expresa del presidente José María del Nido Carrasco impidió otro regreso al césped del Sánchez-Pizjuán. Si se proclama dueño de la entidad, la conocida como Ley Anti-Piqué evitará que pueda despedirse en el terreno de juego y tenga que ceñirse a los despachos.
Quién iba a decir hace pocos años, cuando todavía militaba en el Real Madrid, que Ramos se convertiría en el proyecto de salvador de este Sevilla que se consume. Entonces, no fueron pocos los encontronazos con la grada de Nervión, sobre todo con la parte más ultra, los Biris Norte. El grupo radical, por cierto, protestó por haberlo repescado hace dos campañas, pero ahora no se ha pronunciado sobre la compra.
De todos los problemas con la afición del Sevilla, el más sonado para Sergio fue posiblemente el que vivió durante la Copa del Rey de la 2016-17 cuando Competición y Antiviolencia denunciaron que se le había cantado cinco veces “Sergio Ramos, hijo de puta” y una “Ramos, muérete”. El camero se había echado las manos a las orejas de manera desafiante tras anotar el penalti que confirmaba que el Real Madrid pasaba a la siguiente ronda.
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El gesto de Ramos llegaba tras más de una década de recibir insultos de todo tipo por la grada del Sánchez-Pizjuán. El propio jugador, en más de una ocasión, ha explicado esta animadversión por el hecho de que su fichaje se narró de manera equivocada. Aquel último día de agosto de 2005 en el que se concretó su marcha al Madrid, el entonces presidente José María del Nido Benavente filtró que se trataba del pago de la cláusula de rescisión, cuando en realidad había sido un traspaso por casi 30 millones de euros. Lo demás, en Chamartín, es historia con mayúsculas: 4 Champions, 4 Mundiales de Clubes, 3 Supercopas de Europa, 5 Ligas, 2 Copas del Rey y 4 Supercopas de España.
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