Florentino Pérez entró en la sala de prensa de Valdebebas, se quedó de pie tres segundos mirando a los periodistas, se sentó, saludó y lo primero que dijo es que él no iba a dejar la presidencia. Al contrario. “Lamento decirles, porque me cuentan por ahí, que no voy a dimitir. Convoco elecciones y nos vamos a presentar”, lanzó para empezar. Entre la crisis actual del Real Madrid y la implosión galáctica de hace 20 años puede haber muchos parecidos, pero, al menos de momento, hay una diferencia sustancial: la respuesta del máximo dirigente.
Él nunca ha frecuentado las salas de prensa -la última vez había sido hacía 11 años-, pero en una de esas escasas ocasiones -la noche del 27 de febrero de 2006- lo hizo para anunciar su adiós con un tono que dista mucho del actual: “Es un ejercicio de responsabilidad y coherencia. Siempre he defendido que hay momentos en que un club como el Real Madrid precisa de impulso y renovación, y este principio debo aplicármelo a mí mismo”, explicó entonces en su despedida. El pasado martes, su discurso fue otro: “Me tendrán que echar a tiros”, advirtió en el fragor de su destemplada comparecencia.
La posición de Florentino Pérez marca un punto de ruptura con las muchas semejanzas que pueden establecerse entre la situación actual del equipo y la de 2006, cuando se marchó a mitad de campaña en medio de los malos resultados. Entonces, iba camino de la tercera temporada sin títulos importantes (dimitió entre la ida y la vuelta de los octavos de Champions con el Arsenal, tras perder 0-1), y ahora ya ha completado dos sin caza mayor. Entonces, la estructura del conjunto merengue también colgaba en exceso de las estrellas, aunque aquellos Zidanes (Zinedine, Figo, Ronaldo o Beckham) eran mayores que las figuras actuales.
Entonces, como hoy, el centro del campo se había debilitado, desde que en 2003 el club vendió a Makelele y compró a Beckham (la medular de la derrota en Mallorca, que precipita la dimisión, la componían Gravesen, Baptista y el ex del United). “Nuestro único límite es la imaginación”, había proclamado Florentino Pérez el día de la presentación de Beckham, que supuso el paso definitivo hacia la galactización y el adelgazamiento de la llamada clase media. Entonces, la entidad consumió cinco entrenadores en esos tres cursos (Queiroz, Camacho, García Remón, Luxemburgo y López Caro), y ahora ya va para el cuarto tras Ancelotti, Alonso y Arbeloa.
Entonces, Camacho se había marchado en 2004 tras apenas seis encuentros y a los años contó que era “posible que los jugadores” hubieran sentido que “les tocaba las narices al entrenar”, un diagnóstico que recuerda al reciente periodo de Xabi. Entonces, las recaudatorias giras veraniegas en Asia también suponían un obstáculo para la puesta a punto y el miércoles el presidente admitió que el Mundial de Clubes, torneo oficial al que el Madrid acudió gustoso, había supuesto un problema para esta campaña.
A la espera de Enrique Riquelme
Tres meses antes de que el presidente se marchara con aquella frase lapidaria de que quizá había “maleducado a los jugadores”, Míchel Salgado lamentaba en la previa de un 0-3 del Barça que “se había dejado a un lado la humildad”. En los dos últimos cursos, desde el primer día hasta hoy, las quejas de los sucesivos técnicos sobre la falta de compromiso, actitud y kilómetros han resultado constantes. Arbeloa empezó negando la mayor y ha terminado con las frases más duras.
Los parecidos o puntos en común entre 2006 y 2026 son muchos, salvo en un asunto determinante hasta ahora en toda la trama: Florentino Pérez ha avisado de que no tiene intención de dimitir. Hace 20 años dejó la presidencia del Real Madrid en un momento de la temporada que hoy sorprende, en mitad del cruce de octavos de la Liga de Campeones, y sin que el Santiago Bernabéu le hubiera enseñado la puerta de salida. Este jueves, las únicas muestras de crítica desde las gradas a su figura fueron dos pancartas que apenas pudieron ser desplegadas por la acción inmediata de los miembros de seguridad del estadio, pese a que los mensajes no contenían insultos (“Florentino dimisión” y “Florentino vete ya”).
Salvo sorpresa en unas hipotéticas elecciones (el empresario Enrique Riquelme todavía no ha comunicado si se presenta), el objetivo del nuevo envido del presidente blanco será evitar un tercer curso seguido sin trofeos importantes, algo que solo ha ocurrido una vez desde la llegada de Alfredo Di Stéfano, y eso pasó hace 20 años, en ese trienio que desembocó en la salida del actual mandatario. Entonces, la solución, ya bajo el mandato de Ramón Calderón, vino tras la salida de Figo, Zidane y Ronaldo, que también tenían más edad que las estrellas de hoy (32, 34 y 30 años, respectivamente). Con el desmontaje de aquel proyecto galáctico que implosionó cuando alcanzó su máxima expresión, el Madrid enlazó dos Ligas, algo que no ha vuelto a hacer desde entonces. Ahora, no se intuye a corto plazo la venta de ninguna estrella.