La paz en Ucrania no está cerca. Desde hace casi tres meses no hay negociaciones, no hay contactos directos, y la línea que había iniciado Washington se ha quedado congelada mientras los ataques siguen. La ofensiva parecía frenarse por una tregua de tres días por el 9 de mayo, pero Kiev y Moscú cruzaron acusaciones incluso en esas fechas. Ahora, conviene preguntarse quién, cuando llegue el momento, puede ejercer de verdadero mediador para poner fin a una guerra que sobrepasa ya con creces los cuatro años.
Putin ya ha puesto un nombre sobre la mesa: Gerhard Schröder. Pero ni Ucrania ni la UE quieren al excanciller alemán, amigo cercano del presidente ruso y dirigente clave en empresas estatales, como nexo de unión en las conversaciones; «Es un lobista ruso», llegó a decir la Alta Representante, Kaja Kallas, en respuesta a la idea del Kremlin. «Si le concedemos a Rusia el derecho a nombrar a un negociador en nuestro nombre, eso no sería muy sensato», avisó también la dirigente estonia, en la misma línea que el Gobierno ucraniano. «No sería un negociador imparcial», coinciden en Europa, que ven en la propuesta de Putin una meta de «dividir» a los aliados de Ucrania.
De momento, el ‘árbitro’ de unas negociaciones estancadas es Estados Unidos. Ni Trump ni Marco Rubio han asumido ese papel, ni tampoco el vicepresidente JD Vance, que ha asegurado que una de las cosas «de las que más orgulloso» se siente es de haber cortado la ayuda a Ucrania. Las rondas de conversaciones en Suiza dieron pocos resultados, si acaso intercambios de prisioneros y tímidos altos el fuego que ni siquiera se han cumplido del todo. Mientras, Washington ha querido poner más presión sobre Ucrania que sobre Rusia y eso ha llevado a importantes choques de Zelenski con el propio Trump. EEUU quería resolver el conflicto rápido pero Moscú no tiene prisa y Ucrania no quiere ceder territorios, que sigue siendo la cuestión clave.
Kiev, por su parte, busca un rol más activo de Europa en las conversaciones de paz, pero queda casi descartado -por no decir que es imposible- que la mediación la lleve a cabo un líder de algún país de la UE. Los Acuerdos de Minsk II se alcanzaron tras la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia en 2014 y ese pacto se firmó con la mediación de Francia y Alemania, con Macron y Merkel entonces en el poder. Pero ahora Putin no ve a los europeos -y miembros de la OTAN- como interlocutores válidos en una negociación. La UE, y la Alianza, quieren estar en la mesa y en la última ronda en Suiza ya hubo presencia diplomática, pero no de alto nivel. Nombres como el propio Macron, el canciller Merz, Kallas o la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quedan descartados.
Tony Blair puede estar en las quinielas. Hay cuatro elementos importantes en su figura: defiende la causa ucraniana pero al mismo tiempo tiene buena relación con Putin, también con Trump -sonó para liderar el organismo de transición en Gaza- y al mismo tiempo y no ostenta un cargo político. Es británico, por lo que no forma parte del círculo de poder de la UE; eso sí, es un atlantista convencido y, por ejemplo, su Gobierno apoyó activamente la guerra en Irak. Blair no es una posibilidad que se haya puesto sobre la mesa, pero para muchos expertos tiene la misma lógica que se puede encontrar en la mediación de Naciones Unidas de la mano de su todavía secretario general, Antonio Guterres.
No obstante, lo lógico puede acabar siendo, por tanto, que esa intermediación se lleve a cabo en Ginebra o en un país árabe. Neutralidad y distancia geográfica son dos elementos importantes para el arbitraje en este caso y Suiza ya ha albergado reuniones, igual que Turquía, que es otra de las opciones aunque resta posibilidades el hecho de que sea miembro de la OTAN. En este sentido, su presidente, Recep Tayyip Erdogan, ya se ha ofrecido como nexo en varias ocasiones y el país acogió de hecho una de las pocas negociaciones de alto nivel después del inicio de la invasión; se dio en marzo de 2022 con la presencia de los ministros de Exteriores Sergei Lavrov y Dmitro Kuleba.
Existe también la vía de Abdel Fattah El-Sisi. El presidente de Egipto ya auspició la cumbre de paz para Gaza de la mano de Donald Trump, por lo que está en la recámara de Estados Unidos para repetir, si llega el caso, la fórmula con Ucrania y Rusia. Otros nombres que pueden surgir en este sentido son el del presidente brasileño Lula da Silva, el presidente indio Narendra Modi o incluso Xi Jinping, aunque Kiev ve con muchísimo recelo el papel de China en la guerra como apoyo de Moscú. Al mismo tiempo, el presidente kazajo Kassym-Jomart Tokayev podría encajar porque el país ha intentado mantener equilibrio entre Moscú y Occidente y comparte canales políticos con Rusia.
Es importante quién sea el mediador para la paz, porque eso influirá en la credibilidad que tenga la negociación. Pero es complicado que Rusia y Ucrania encuentren un nombre que les satisfaga a las dos: Estados Unidos quiso asumir ese rol porque Trump creía que podría resolver la guerra pronto. «En 24 horas», dijo incluso antes de empezar su segundo mandato. Lo cierto es que en Washington hay hartazgo y en sus órdagos a los europeos el inquilino de la Casa Blanca avisó, junto a su circulo cercano, de que la de Ucrania no es una guerra que les interese demasiado. «No es nuestra guerra», sentenció. Pero el conflicto sigue, y no hay nadie que, de momento, medie con efectividad en él.