El gran evento internacional de la semana, y probablemente uno de los más relevantes de este 2026, haya sido la cumbre entre Trump y Xi Jinping, el presidente chino. Hay muchos asuntos internacionales que atañen a las grandes potencias, desde la situación en Ormuz a la propia relación entre los dos países. ¿Qué ideas o titulares podemos sacar de esta reunión?

Radiografía de un esperado encuentro

Como tal, no se ha acordado nada firme o relevante para cómo está la situación internacional. No es necesariamente malo, ya que siempre es positivo que las dos principales potencias se puedan ver y se sienten a hablar sobre los temas que toquen porque quizá pone la semilla de un entendimiento futuro.

El pasado mes de octubre, ya se vieron en Corea del Sur y allí se llegaron a algunos acuerdos, como una tregua en la guerra comercial y cierta apertura en la exportación china de tierras raras, el material con el que se hacen muchos componentes tecnológicos. De hecho, lo que se ha planteado es que Xi y Trump se vuelvan a ver, esta vez en Estados Unidos, en el mes de septiembre, lo que significa que hay un contacto frecuente entre ambos mandatarios, y eso es bueno.

Y también es importante destacar que Trump fue a vender, ya que al viaje acudieron empresarios como el CEO de Nvidia, Jensen Huang, que es la principal empresa de microchips del mundo, y un actor central en la disputa entre Estados Unidos y China por la primacía en ese sector. Además, Estados Unidos consiguió también colocar más de 10.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses, que para el rural del país en año electoral no es poca cosa.

La sensación que se lleva del encuentro Donald Trump

Y, ¿cuál es la sensación que se lleva Trump, cuál es el balance que ha hecho del encuentro el presidente de Estados Unidos? «Quiero darle las gracias. Ha sido una visita increíble. Creo que ha resultado en muchas cosas buenas. Hemos cerrado algunos acuerdos comerciales fantásticos, geniales para ambos países. Es un hombre al que respeto mucho. Nos conocemos desde hace once años, casi doce. Hemos arreglado problemas que otros no han sido capaces. La relación es muy fuerte, realmente hemos logrado cosas maravillosas, creo».

El Orden Mundial explica que «bailarle el agua si tiene que hacerlo es muy de Trump» porque hay que recordar que el presidente «sólo entiende las relaciones de fuerza y sólo respeta a quienes considera tanto o más fuertes que él»: «Sabe que China y Xi Jinping son rivales de primer nivel para Estados Unidos y que no puede hacerles de menos o humillarles como hizo con Zelenski o algún otro presidente europeo en la Casa Blanca».

De todas formas, explican que ha ocurrido un poco lo de siempre con Trump: dice que todo ha ido genial, que ha sido muy productivo, pero no detalla nada ni especifica en qué ha ido bien. Es todo muy efectista, pero también es cierto que traslada una imagen de cierta cercanía y espíritu cooperativo entre ambos países, no de confrontación.

Trump ha ido a vender. Tanto es así que Estados Unidos ha anunciado que China se ha comprometido a comprar 200 aviones de Boeing. China no lo ha confirmado, pero a Trump le servirá el anuncio para consumo interno cuando la empresa aeronáutica está pasando un mal momento. Su Administración también ha acordado con China limitar el poder de algunas inteligencias artificiales, sobre todo para que no las puedan usar de forma peligrosa actores no estatales.

Y también dijo que China está muy implicada en estabilizar Ormuz. Pero, de nuevo, China no ha dicho nada y de esa reunión no ha salido ningún compromiso claro por parte de Pekín.

La otra cara de la moneda: la posición de Xi

China ha hablado mucho de la importancia de las relaciones con Estados Unidos. De nuevo, vemos un espíritu de no confrontar abiertamente porque intenta seguir un camino de desarrollo y crecimiento haciendo el menor ruido posible y evitando enfangarse en crisis y problemas que les resultan ajenos.

Además, ellos también han puesto sobre la mesa los temas que les preocupan: «Eso se llama Taiwán», explican. Y la advertencia o preocupación de China ha ido por remarcar que manejar mal la situación en Taiwán puede llevar a una situación peligrosa. De forma sutil, intenta disuadir a Estados Unidos de involucrarse demasiado con la isla en caso de una crisis o de que Pekín intente atraer a Taiwán.

Y parece que las advertencias sobre Taiwán de Xi han dado resultado si escuchamos a Trump en la primera entrevista tras bajar del avión de regreso a Estados Unidos: «China es muy poderosa y Taiwán es una isla muy pequeña. Están a 59 millas de distancia de China, nosotros a 9500 millas. Taiwán se desarrolló porque tuvimos presidentes que no sabían lo que hacían. Robaron nuestra industria de chips».