La ultraderecha italiana ha tardado poco en utilizar políticamente el atropello múltiple registrado el sábado en Módena, que dejó ocho heridos, cuatro de ellos graves. La investigación aún no ha determinado si el responsable del suceso (que fue detenido), Salim El Koudri, de 31 años y nacido en Italia de padres marroquíes, se había radicalizado en el fanatismo yihadista, pero sí ha establecido precedentes de inestabilidad mental: entre 2022 y 2024, El Koudri estuvo en tratamiento por trastornos de esquizofrenia.
De hecho, el ministro de Interior, Matteo Piantedosi, ha declarado a primera hora de la tarde de este domingo que, por el momento, “el hecho parece atribuible sobre todo a una situación de malestar psiquiátrico”, y ha añadido: “No hay nada que se nos haya escapado desde el punto de vista de la prevención antiterrorista”.
En todo caso, el líder de la Liga y vicepresidente del Gobierno italiano, el ultraderechista Matteo Salvini, cargó ya el sábado contra el conductor, al que llamó “criminal de segunda generación”, y llamó a expulsar a los inmigrantes que cometan delitos. Apeló así al concepto de “remigración”, la deportación de extranjeros que se considere que no se adaptan a las costumbres de un país. Una consigna introducida por el partido de ultraderecha alemán AFD y que en España promueve Vox.
A Salvini le ha contestado Antonio Tajani, también vicepresidente del Gobierno y líder de Forza Italia, la parte moderada del Ejecutivo de derechas, para recordarle que el detenido “es un ciudadano italiano”.
En medio de este debate de la derecha, donde se van tomando posiciones ante las elecciones que deben celebrarse de aquí a un año, la primera ministra, Giorgia Meloni, guarda silencio. Este domingo ha visitado a los heridos junto al presidente de la República, Sergio Mattarella, y de momento mantiene un perfil institucional.
El alcalde de Módena, Massimo Mezzetti, independiente de una coalición de izquierda, ha terciado en la discusión política para señalar que entre los vecinos que redujeron y neutralizaron al responsable del atropello había dos egipcios. También lo ha hecho ante los comentarios en redes sociales que “alimentan la rabia y el rencor”. “Los jóvenes extranjeros que han intervenido son la demostración más plástica de las falsedades de este linchamiento. Ante estos hechos hacen falta lucidez y solidaridad, no soplar sobre un resentimiento infundado”, ha declarado.
La discusión política se avivó desde el primer minuto sin que aún estuviese claro el móvil del atropello, si bien este recordó inicialmente a graves atentados de los últimos años como los registrados en Niza y Berlín en 2016 (cuyo autor fue abatido días después en Milán) o en Barcelona en 2017. Si finalmente se tratara de un atentado yihadista —algo que Interior casi parece descartar—, sería el primero en Italia, y desde luego ya es el primer atropello múltiple intencionado en los últimos tiempos.
La policía no ha encontrado de momento conexiones de El Koudri, licenciado en Economía, sin antecedentes y residente en un pueblo cercano a Módena, con círculos yihadistas. El detenido tampoco ha respondido a las preguntas de los fiscales. Los investigadores sí han comprobado que Meta cerró sus redes sociales hace un tiempo, algo que sucede cuando el usuario viola las reglas de uso de la compañía en sus opiniones y comentarios. No obstante, la empresa debe comunicarlo a las autoridades si se debe a indicios de radicalización violenta, y no consta que lo hiciera.
No es difícil descifrar lo que está ocurriendo en la derecha, nerviosa por los sondeos, que por primera vez advierten de un posible triunfo de la oposición. Hay una competición por el espacio más extremo, que hasta ahora era entre Meloni y Salvini, pero donde ha emergido la nueva estrella ultra, el exgeneral Roberto Vanacci, con su nuevo partido, Futuro Nacional.
Por eso Salvini tardó pocos minutos en salir a escena apenas se supo el nombre del autor del suceso. “En demasiadas ciudades italianas la integración de las llamadas segundas generaciones ha fracasado”, dijo, para proponer a continuación un permiso de residencia por puntos, revocable en caso de delitos graves. Sobre lo ocurrido en Módena, Vanacci, que acusa al Gobierno de debilidad y de haber defraudado a sus votantes, afirma: “Estas son las culturas incompatibles con la del país que les acoge, y deben ser sometidas a la remigración, (…) es la única solución”.
La coalición de Gobierno, sin embargo, también percibe un coste electoral de la deriva populista: ocho de cada diez italianos no soportan al estadounidense Donald Trump, según las encuestas; y, sobre todo, en Italia pesa mucho el choque del Papa con la Casa Blanca y sus severas críticas a la demonización de los inmigrantes.
Forza Italia ya se desmarca en busca del votante conservador tradicional y de centro. Una de sus propuestas en este asunto es establecer el ius scholae, es decir, conceder la nacionalidad a hijos de extranjeros o que hayan llegado a Italia muy pequeños y que completen los dos ciclos escolares obligatorios, que duran 10 años. Además, el que era el partido de Berlusconi se está situando ante un posible empate electoral, donde podría negociar posibles alianzas también con la actual oposición.