Mischa Bredewold no solo corrió contra todo un pelotón que conocía sus debilidades. También lo hizo contra sus fantasmas del pasado. Y ganó. La neerlandesa … de 25 años se adjudicó la Itzulia en la etapa más emocionante de las tres en un ejercicio de supervivencia, confianza y fuerza que la corredora del SD Worx le dio muchísimo valor. Muestra de ello la emoción que mostró nada más cruzar la meta del Boulevard de Donostia y en el podio, ya con la txapela.
La polaca Wlodarczyk (UAE) repitió el triunfo de etapa en un sprint reducido en el que Usoa Ostolaza (Laboral Kutxa) soñó que podía alzar los brazos. Resulta curioso que en cinco ediciones de la Itzulia, quince etapas en total, solo cinco corredoras se reparten todas las victorias parciales: Vollering (7), Bredewold (5), Wlodarczyk (2) y Reusser (1).
Para Bredewold fue un ejercicio de supervivencia porque era líder antes de la jornada decisiva, pero nadie mejor que ella sabía que eso no era sinónimo de victoria. En las dos ediciones anteriores también encabezaba la general y no pudo rematarla porque no es una escaladora. Vollering lo aprovechó en 2024 y 2025 y todo el pelotón quiso hacer lo mismo ayer.
No hubo movimientos importantes hasta la subida final a Igeldo desde Orio y el Groupama, con tres ciclistas entre las diez primeras, apostó por exprimir esa debilidad y endureció la ascensión desde el primer metro de la subida. Berthet atacó nada más pasar la rotonda del peaje de Orio para tratar de seleccionar el grupo y Bredewold se agarraba a las mejores escaladoras dando síntomas de dificultad. La primera en ser descartada fue la alemana Lippert (Movistar), que se le atragantó la ascensión. Su compatriota Niedermaier (Canyon) estaba imponiendo una marcha muy exigente. Tanto, que Dickson (Groupama) aceleró para abrir hueco en solitario pero ni siquiera pudo llegar a su rueda.
Tras los dos primeros kilómetros Bredewold empezó a perder terreno respecto al grupo de diez corredoras en el que Usoa Ostolaza estaba cumpliendo a gran nivel. La estrategia estaba saliendo bien y en el tramo más duro, el kilómetro que hay al 7,6% de pendiente media entre las dos curvas de herradura, Bredewold perdía ya 17 segundos.
Y ahí comenzó su ejercicio de confianza. Estaba sucediendo lo mismo que en los dos años anteriores. La victoria empezaba a esfumarse, pero la neerlandesa no se desesperó y creyó en sus piernas. «Sabía que tenía que confiar en mi propio ritmo. He aprendido de los dos últimos años y he sentido la presión, que por una parte es buena porque te hace competir mejor», explicó luego en línea de meta. «La presión para dar el último paso es la que más miedo da, pero también el que más motiva».
Las ciclistas dejaron atrás las pendientes más duras pero aún quedaba mucho por pedalear hasta alcanzar el descenso hacia Donostia. En el grupo de cabeza tres de las siete ciclistas eran del Groupama, y esa superioridad la quisieron aprovechar para no detenerse y evitar que Bredewold pudiera entrar de nuevo.
No hizo falta la calculadora
La desventaja llegó hasta los 33 segundos y en esos momentos la txapela era para Yara Kastelijn (Fenix). Con menos de 10 kilómetros la película se estaba repitiendo. Afortunadamente el ciclismo no solo consiste en subir y los vatios también se pueden demostrar en terrenos irregulares como la bajada de Igeldo, que tiene tramos en la zona del camping y del núcleo urbano de Igeldo donde hay mucho que pedalear. En una exhibición de potencia, Bredewold, rodadora con su planta de 1,81 metros, se tiró hacia abajo y comenzó a limar segundos.
Parecía que las bonificaciones iban a ser cruciales a la hora de determinar la ganadora de la Itzulia, pero no hizo falta la calculadora porque la del SD Worx alcanzó al grupo principal frente al María Cristina. No tuvo fuerzas para disputar el sprint, pero la misión la había cumplido ya.
«Es una victoria muy especial», transmitió. «De hecho es mi primera victoria en una vuelta por etapas World Tour y después de quedar segunda los dos últimos años, sentía la presión por ganar».

