El pasmo y la sorpresa trepan por la cana coleta como una enredadera, y se hacen fuertes sobre el sombrero con el que siempre se toca Revilla XII: «No me esperaba esta exposición. Es increíble. Una barbaridad», exclama pero a lo bajini, por la sotabarba, porque este artista burgalés es de los que no levantan la voz y, si puede, musita porque prefiere pasar desapercibido. Él a lo suyo, siempre. Es un río de anécdotas Revilla XII. Tiene una suculenta: cuando, en 1987, este artista burgalés obtuvo el Premio Guinnes después de pintar nada menos que 22.022 óleos durante treinta días consecutivos, hubo quienes lo compararon con Picasso.En lo que respecta a fecundidad, se entiende -y lo aclara Revilla XII sonriendo-: algunas fuentes afirman que el universal genio malagueño superó de largo las 100.000 creaciones entre pinturas, grabados, ilustraciones y esculturas. «No quedan adjetivos para definir a Picasso. Es una tarea inútil. Es el summum», recalca frente a los primeros cuadros que del genio andaluz se exhiben en la muestra ‘Picasso. Raíces Bíblicas’, que acoge hasta finales de junio la sala Valentín Palencia de la Catedral.
Esta es una exposición increíble, realmente impresionante»
Camina despacio, escrutando con delectación cada cuadro, tan silente y admirado que cuesta arrancarle alguna reflexión. Dice Revilla XII que conoce al dedillo, y desde siempre, la obra del andaluz; que lo ha visto y leído todo; que su influencia es algo intrínseco en su condición de artista. Que Picasso es uno y después los demás; todos los demás. Él incluido. Y, posiblemente, desde antes de que, siendo un niño, le gustara dibujar y dibujar como si no hubiera un mañana. «Picasso siempre ha estado ahí», murmulla calándose el sombrero, acariciándose barba, colocándose las gafas para ver aún más de cerca la pincelada concreta de este bodegón, el trazo seguro y tan genial de aquella calavera que le deja mudo y fascinado. Pasa por encima el artista burgalés de las épocas azul y rosa del genio, que no son las que más le fascinan. Le pone, y mucho, el cubismo que se inventó rompiendo con todo lo establecido, con todo lo creado, con todo lo imaginado antes por nadie. «Es que Picasso es la ruptura total. Por eso es un artista único. El más grande», apostilla hipnotizado.
Impresionante. A medida que avanza y descubre la exposición se reafirma en su primera percepción. «Es algo impresionante, increíble. Me sorprendería que algún burgalés se quedara sin verla. Si así fuera, nunca sabrán lo que se han perdido.Una exposición así cuesta mucho». Reconoce Revilla XII que en alguna ocasión ha recibido un elogio imbatible: «No que lo imite, pero que algunas obras mías recuerdan a Picasso». Frente a las ‘Vanitas’, Revilla XII se queda en silencio. «Me gustan mucho estas calaveras. Y el boceto del Guernica… ¡Bufff!». Habla de Juan Gris, de Braque, contemporáneos del malagueño; reflexiona sobre el cubismo, ese movimiento artístico que hizo tambalear todos los cánones existentes hasta la fecha. Frente a la serie de retratos de mujeres con y sin sombrero, Revilla escruta cada pincelada, destaca sus colores, la composición única y tan especial de cada cuadro. «Es un genio absoluto. No ha habido nadie como él. Ha habido grandes artistas, sí, pero ninguno a la altura de Picasso.
Su obra está vigente a todos los niveles. Artísticamente, económicamente. Nos ha influido a todos los artistas. Y tenía una enorme capacidad de trabajo. Un barbaridad: pintaba, hacía grabado, escultura, cerámica. Algo asombroso lo de Picasso. Pero sin ser obsesivo. Él creaba con naturalidad, porque lo necesitaba. Como respirar o follar. No creo que sufriera nunca haciendo arte. Era, al contrario, algo liberador».
Es muy completa. Están representadas todas sus épocas. Es una suerte tener esta muestra en Burgos»
Dice Revilla XII que le hubiera gustado tomar un vino con el gran genio del arte contemporáneo. Ya de salida, se gira de nuevo hacia la sala. «Es una de las exposiciones más completas que he visto de Picasso. Están representadas todas sus épocas. Tener esto en Burgos es una suerte», concluye tocándose el ala del sombrero en un gesto que remite a una elegante reverencia. Sólo así se dice hasta la vista a un genio.
«Resume el cubismo y lo que va a hacer después»
‘Mujer con sombrero’ (Óleo sobre lienzo). 1938.
Como hipnotizado. Así se queda Revilla XII frente al óleo Mujer con sombrero. Le gusta todo de este cuadro que Picasso pintó en 1938. «Me parece que resume el cubismo y todo lo que haría después. Me apasionan los colores elegidos.Ese morado y ese verde…». Sobre esta obra escribe Paloma Alarcó, comisaria de la muestra, en el estupendo catálogo editado sobre la misma: «Desde la llegada de Marie-Thérèse Walter a la vida de Picasso, la compañera secreta del artista adopta el papel principal en muchas de sus obras (…) A partir de finales de 1920 y en los años 1930 es cuando Picasso despliega una creciente distorsión de la fisonomía humana. Las distintas partes del rostro humano se desplazan sistemáticamente para recrearlas de frente y de perfil, desde múltiples perspectivas simultáneas». Esto se comprueba, dice Alarcó, en esta obra, que es una efigie de la rubia Marie-Thérèse «con un aire inquietante y armonioso a la vez».